MARTES – SEMANA III DE ADVIENTO

Diocesis de Mexicali https://diocesisdemexicali.org

(Sof 3, 1-2. 9-13 / Sal 33 / Mt 21, 28-32)

Ayer meditamos acerca de la necesidad de hacer silencio para tener claridad en qué es aquello que Dios nos pide; hoy se nos recuerda que para dar testimonio de nuestra fe no es necesario cumplir con un manual, lo que sí es necesario es vivir de acuerdo con nuestra fe, en la que nos reconocemos hijos de Dios.

Estar conscientes de nuestra fe, es reconocer la misericordia que Dios ha tenido con nosotros, aceptarla y no dejarnos impresionar del amor que nos tiene, no hay nada peor que acostumbrarse a ser amados. Reconocer el amor de Dios, nos hará abandonar miedos y actuar movidos por su amor. “Aquel día no sentirás ya vergüenza de haberme sido infiel, porque entonces yo quitaré de en medio de ti a los orgullosos y engreídos, y tú no volverás a ensoberbecerte en mi monte santo.”

En el Evangelio se nos habla de dos clases de actitudes frente a la fe; por un lado están aquellos que buscan aparentar más que vivir; por el otro, aquellos que aún siendo conscientes de sus miserias aceptan el amor de Dios y dejan que éste les transforme. ¿A cuál de los dos hermanos te pareces más?

“El Señor no está lejos de sus fieles y levanta a las almas abatidas. Salva el Señor la vida de sus siervos; no morirán quienes en él esperan.” Padre amoroso, te pedimos que acrecientes en nosotros la experiencia de tu amor, para vivir conscientes de lo amados que somos, para actuar y vivir nuestra fe como enamorados, no permitas que nos acostumbremos a tu amor.

(P. JLSS)

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