JUEVES – SEMANA III DEL TIEMPO ORDINARIO

Diocesis de Mexicali https://diocesisdemexicali.org


(Hb 10, 19-25 / Sal 23 / Mc 4, 21-25)

Ayer pedíamos a Dios la capacidad de ser «terreno bueno» para su palabra, hoy la palabra nos invita a revisar cómo está nuestro corazón, si lo tenemos puesto en el Señor o en qué, si le dejamos que ilumine nuestro caminar. “Tus palabras, Señor, son una antorcha para mis pasos y una luz en mi sendero”.

¿Qué tanta atención pones en la vida del otro? Responder a esta pregunta es importante porque la intensidad, o el tiempo, que se ponga en la vida de otro, es proporcional a la cantidad de esfuerzo que no se está poniendo en uno mismo para que la Palabra dé frutos. Por ello «La misma medida que utilicen para tratar a los demás, esa misma se usará para tratarlos a ustedes, y con creces…»

Somos llamados a vivir como hijos de Dios, revisemos nuestro día a día y reconozcamos aquello que debamos cambiar, aquello que nos limita y nos resta libertad, dejemos que el amor y la gracia de Dios nos invadan… “Acerquémonos, pues, con sinceridad de corazón, con una fe total, limpia la conciencia de toda mancha y purificado el cuerpo por el agua saludable.”

“Mantengámonos inconmovibles en la profesión de nuestra esperanza, porque el que nos hizo las promesas es fiel a su palabra. Estimulémonos mutuamente con el ejemplo al ejercicio de la caridad y las buenas obras.” Procuremos amar más, dejarnos amar más por Dios, las prácticas piadosas que surjan del amor, no de la obligación. Para ser libres nos ha liberado Cristo. (Gal 5, 1)

(P. JLSS)

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