DOMINGO XIV DEL TIEMPO ORDINARIO(Zac 9, 9-10 / Sal 144 / Rm 8, 9. 11-13 / Mt 11, 25-30)

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La semana pasada reflexionábamos acerca de cómo vivíamos el amor que Dios nos da, hoy la palabra nos invita a dejar que el amor de Dios sea en nosotros, se nos recuerda que no se trata de hacer mucho sino de dejar que Dios haga mucho en nosotros. ¿Qué tanto dejas que el amor actúe en libertad en ti?

En Jesucristo nos ha quedado demostrado de una manera definitiva que “El Señor es compasivo y misericordioso, lento para enojarse y generoso para perdonar. Bueno es el Señor para con todos y su amor se extiende a todas sus creaturas.” no tenemos pretexto para no dejarnos amar, él ha traído la paz.

El mismo Señor se deja sorprender por la misericordia del Padre cuando le alaba “¡Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien.” muchas veces su misericordia nos rebasará pero en esos momentos es cuando debemos repetir las palabras de Jesús: gracias porque así te ha parecido bien.

Pidámosle al Espíritu Santo que nos ayude a destruir nuestras malas acciones, que haga que nos estorben cada vez más y que resuenen en nuestro interior las palabras de Jesús: “Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga y yo les daré alivio. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga, ligera.” Porque para ser libres nos ha liberado Cristo (cf. Gal 5, 1)

(P. JLSS)

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