(Hb 1, 1-6 / Sal 96 / Mc 1, 14-20)
Comenzamos hoy el Tiempo Ordinario, etapa en la que, aunque litúrgicamente no hay ninguna fiesta o solemnidad fuerte hacía la cual prepararnos, la Iglesia nos acompaña en nuestra vida diaria para dejar que el Evangelio nos ilumine y haga que asumamos nuestras actividades diarias desde la fe.
Hoy escuchamos como Jesús llama a Simón y a su hermano Andrés, también a los hijos de Zebedeo Santiago y su hermano Juan, todos ellos pescadores a los que Jesús invita a ser no solo pescadores sino pescadores de hombres. A jalar hacia a Dios a los demás con su esfuerzo.
A ti y a mi Dios nos llama a hacerle presente, primero en nuestro interior y en nuestras vidas, a vivir como quien le conoce y se sabe amado por Él y así manifestarle a los demás por nuestras acciones y manera de vivir porque perciban en nosotros su presencia y acción.
Sabemos que “En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios en el pasado a nuestros padres, por boca de los profetas. Ahora, en estos tiempos, nos ha hablado por medio de su Hijo…” ¿Qué fue lo que nos quiso decir? Que nos ama infinitamente (Cf. Jn 3, 16-17) y quiere te todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (cf. 1 Tim 2, 4) podámosle que siendo dóciles al Espíritu Santo se nos note cada vez más esta verdad.
(P. JLSS)
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