(Is 42, 1-4. 6-7 / Sal 28 / Hch 10, 34-38 / Mt 3, 13-17)
Hoy celebramos el bautismo del Señor, el Papa Benedicto enseñaba en la homilía de esta solemnidad, el año 2011: “Este acto de anonadamiento, con el que Jesús quiere uniformarse totalmente al designio de amor del Padre y asemejarse a nosotros, manifiesta la plena sintonía de voluntad y de fines que existe entre las personas de la santísima Trinidad.”
Por ello ante este acto de humildad, el Padre manifiesta abiertamente a los hombres su comunión con el Hijo: “Tú eres mi Hijo, el predilecto; en ti me complazco…” de donde debemos sacar la conclusión de que para complacer al Padre debemos unirnos e imitar completamente a su Hijo.
El ya se sumergió en la humanidad para que nosotros podamos sumergirnos en su amor y gracia sin prejuicios, dejándole actuar con libertad, siendo conscientes de que “Dios no hace distinción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que fuere.” Lo único que puede limitar su acción en nosotros es nuestra apertura.
Aceptar nuestro bautismo es reconocer que Cristo se hizo uno con nosotros para que seamos uno con Él. Sumerjámonos en su gracia, dejemos que el Espíritu Santo nos conduzca para manifestar al Hijo en nuestras vidas y que el mundo conozca por nuestras vidas que el Padre nos ama. No tengamos miedo, Él estará con nosotros todos los días hasta el fin del mundo.
(P. JLSS)
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