(Hb 2, 5-12 / Sal 8 / Mc 1, 21-28)
EL evangelio de San Marcos busca suscitar en el lector el interés que surgía en quienes miraban actuar a Jesús, «¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta? Este hombre tiene autoridad para mandar hasta a los espíritus inmundos y lo obedecen». Y muy pronto se extendió su fama por toda Galilea.” ¿Tenemos interés genuino por conocer más a Jesús?
Al contemplar el misterio de la Encarnación debería surgir en nosotros la misma interrogante que en el Salmista y el autor de la carta a los Hebreos: “¡Qué admirable es, Señor y Dios nuestro, tu poder en toda la tierra! ¿Qué es el hombre, para que de él te acuerdes; ese pobre ser humano, para que de él te preocupes?.” Y dejar que esto nos impresione de tal manera que vivamos una experiencia de su misericordia.
Y para que nuestra humanidad no nos haga generarnos ningún escrúpulo exagerado, se encarnó, para que reconozcamos que nos comprende y que “el creador y Señor de todas las cosas, quiere que todos sus hijos tengan parte en su gloria. Por eso convenía que Dios consumara en la perfección, mediante el sufrimiento, a Jesucristo, autor y guía de nuestra salvación.”
Pidámosle al Espíritu Santo que genere en nosotros un deseo cada vez mayor por conocer y gozar del amor y la gracia de Jesucristo. Que nunca nos sintamos satisfechos de lo mucho o poco que le conocemos y siempre aspiremos a conocerle más. “El santificador y los santificados tienen la misma condición humana…”
(P. JLSS)
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