(1Jn 2, 18-21 / Sal 95 / Jn 1, 1-18)
Hemos escuchado como aclamación dos frases del prólogo del Evangelio de San Juan: “Aquel que es la Palabra se hizo hombre y habitó entre nosotros. A todos los que lo recibieron les concedió poder llegar a ser hijos de Dios.” En las que valdría la pena detenernos, la encarnación del Verbo como regeneración de nuestra naturaleza que nos lleva a poder ser hijos de Dios si le aceptamos.
Al término del año civil podríamos cuestionarnos acerca del valor que hemos dado a la cercanía de nuestro Señor y el don que nos ofrece. Muchas oportunidades hemos tenido de acercarnos más a Él seguramente ¿las hemos aprovechado o las hemos reducido a meros eventos emotivos?
Quien reduce la fe a momentos emotivos o mero sentimentalismo corre el riesgo de abandonarla o justificar las faltas de fe por falta de emoción, quien tiene su fe cimentada en el Espíritu Santo, no se dejará distraer o autoengañar, sino que buscará la voluntad de Dios en todo momento.
Pidámosle a nuestro Padre celestial que nos dé la fortaleza para permanecer aferrados a nuestro Señor Jesucristo, a su amor, a su gracia y a todo lo que él ofrece, antes que a cualquier cosa, que su ejemplo nos impulse para esforzarnos por vivir como lo que somos, hijos de Dios. Agradezcámosle a Dios todos los momentos vividos en este año.
(P. JLSS)
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