(1Jn 2, 12-17 / Sal 95 / Lc 2, 36-40)
¿Cuál es la manera en que recibimos al Señor? ¿Lo hacemos desde el sabernos amados por Dios o como quien no le conoce? Si es como quien se sabe amado, nunca se le debe limitar, si es como quien no le conoce le debemos pedir conocerle más, tener una experiencia viva y personal.
Ana le esperaba la llegada del Señor, por esa razón pudo reconocerle cuando llegó… quizá muchas veces el Señor se nos ha acercado y no le hemos reconocido por estar atentos a otras cosas, distraídos con cuestiones meramente secundarias. Nuestro interés debe estar puesto en Dios, solamente en él.
Por eso San Juan va a pedir a los destinatarios de su carta a que amen a Dios y no al mundo, amar más su amor y gracia que a lo que nos aleje de esto. Todos sabemos qué es aquello que nos aleja de Dios, lo que nos resta libertad y paz. Amemos más a Aquel que nos la ofrece y que ha querido aproximarse a nosotros.
Padre, en Navidad hemos reconocido el amor y la luz que tú nos ofrecer para traernos paz, libertad y quitarnos oscuridad. Erradica de nosotros aquello que nos impida reconocer tu cercanía, conscientes de que quien hace tu voluntad, tiene la vida eterna. Ayúdanos a amar siempre más lo que nos hace bien que aquello que nos limita.
(P. JLSS)
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