(Hb 4, 12-16 / Sal 18 / Mc 2, 13-17)
¿Qué tanta atención le prestas a la palabra de Dios? ¿Aceptas que este mensaje es para ti? Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad y «la voluntad de Dios es santa y para siempre estable; los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos.”
Dejemonos interpelar por la palabra de Dios, que su poder nos impulse para ser capaces de soltar todo aquello que esté limitando su acción en nuestro interior, tanto externa como internamente, a veces son solo nuestros prejuicios lo que no dejan que ésta nos transforme.
Seamos dóciles “la palabra de Dios es viva, eficaz y más penetrante que una espada de dos filos. Llega hasta lo más íntimo del alma, hasta la médula de los huesos y descubre los pensamientos e intenciones del corazón.” Si le dejamos, Dios nunca violentará nuestra libertad. “No tenemos un sumo sacerdote que no sea capaz de compadecerse de nuestros sufrimientos, puesto que él mismo ha pasado por las mismas pruebas que nosotros, excepto el pecado.”
Imitemos a Leví (Mateo) que tras escuchar el llamado de Jesús es capaz de poner mayor atención en la oportunidad que se le presenta que en su prejuicios y los de los demás, se abandona a la misericordia de Dios y encuentra la paz. No temamos a acercarnos a Jesús. «Él no vino a llamar a los justos, sino a los pecadores.»
(P. JLSS)
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