(Ap 15, 1-4 / Sal 97 / Lc 21, 12-19)
Ayer reflexionamos acerca de la necesidad de fortalecer nuestra esperanza en el Señor que vendrá, ese debe ser nuestro principal interés, sobre todo cuando la realidad parece no entenderse o no compaginar con nuestra fe. Habrá un momento en el que todo nuestro esfuerzo se vera recompensado.
Alegrémonos con el Señor que venció la muerte y nos ofrece la vida eterna, “Cantemos al Señor un canto nuevo, pues ha hecho maravillas. Su diestra y su santo brazo le han dado la victoria…” No pongamos tanta atención en lo negativo sino en quien nos hará vencer al final.
Todos debemos tener en cuenta que el Señor esta de nuestro lado y la docilidad a su amor y a su gracia nos sostendrá en los momentos de dificultad, en medio de las estas circunstancias debemos saber que “ni un cabello de su cabeza perecerá. Si se mantienen firmes, conseguirán la vida”.
Espíritu Santo, fortalece nuestra fe para no vivir atemorizados por nada, que la serenidad que proviene de tu cercanía aliente nuestra esperanza y así andar por el mundo dando testimonio de nuestra fe, no por aparentar falta de dificultades sino por nuestra manera de afrontarlas.
(P. JLSS)
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