Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María
(Gn 3, 9-15 / Sal 97 / Ef 1, 3-6 / Lc 1, 26-38)
Cuando una solemnidad cae en domingo de cuaresma o de adviento, se traslada al lunes siguiente para no interrumpir el esquema propio del tiempo litúrgico, es por eso que hoy lunes estamos celebrando esta solemnidad en la que celebramos solemnemente que la Santísima Virgen María fue preservada de toda mancha de pecado original desde el primer instante de su concepción.
Textualmente la constitución dogmática Ineffabilis Deus del 8 de Diciembre de 1954x el Papa Pío IX declaraba que la Santísima Virgen María: «en el primer instante de su concepción, por singular privilegio y gracia concedidos por Dios, en vista de los méritos de Jesucristo, el Salvador del linaje humano, fue preservada de toda mancha de pecado original». Era necesario que en María no hubiera pecado alguno ya que en ella se encarnaría nuestro Señor.
Al celebrar esta solemnidad vale la pena detenernos en el saludo del Ángel Gabriel a la Santísima Virgen: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” (χαῖρε, κεχαριτωμένη, ὁ κύριος μετὰ σοῦ). «κεχαριτωμένη», es una palabra compuesta κε – χαριτω – μένηm. χαριτω indica un estado de Gracia pleno. Es decir: sin pecado. κε al principio de la palabra indica que χαριτω está gramaticalmente en tiempo perfecto. Esto significa que el estado de Gracia siempre ha estado presente en María: desde siempre y para siempre. μένη al final de la palabra la convierte en participio pasivo. María es llena de gracia no por sí misma, sino porque alguien le dio esa condición, el Padre Celestial, para que todos nosotros alcancemos la salvación.
Pidamos al espíritu santo que suscite en nosotros total abandono al amor y a la gracia de Dios para llevarle a todo lugar en los que desarrollemos nuestras actividades cotidianas. “Con Cristo somos herederos también nosotros. Para esto estábamos destinados, por decisión del que lo hace todo según su voluntad: para que fuéramos una alabanza continua de su gloria.”
(P. JLSS)
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