(Ap 14, 14-19 / Sal 95 / Lc 21, 5-11)
Cualquier tipo de espera se vivirá diferente de acuerdo a dos cosas: lo que se recibirá y a quien se espera, me explico: si uno no sabe lo que espera puede pasar de la sorpresa al desencanto, de una manera más sencilla pasará esto si se desconoce a quien lo porta. Nosotros decimos aguardar la vida eterna y la llegada de nuestro Señor Jesucristo ¿cómo esta siendo nuestra espera?
Ayer escuchamos como esta multitud no se echó para atrás en ningún momento y permaneció fiel al Señor aun en medio de persecuciones y situaciones difíciles, nosotros debemos imitarles. Jesucristo es amor, es fiel y quiere lo mejor para nosotros, por ello no deberíamos desanimarnos tan fácilmente.
Hay que tener nuestra mente bien puesta en el Señor, en sus promesa y en nuestra esperanza, para no caer en la depresión y vivir tranquilos y serenos por saber que a quien siempre cumple su palabra: «Cuídense de que nadie los engañe, porque muchos vendrán usurpando mi nombre y dirán: ‘Yo soy el Mesías. El tiempo ha llegado’. Pero no les hagan caso. Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones, que no los domine el pánico, porque eso tiene que acontecer, pero todavía no es el fin.”
Que nunca se nos olvide que quien tiene la hoz es Jesucristo, usando el lenguaje del libro del Apocalipsis, él es quien tiene el poder, a él le ha sido dada toda autoridad y nada le puede vencer ni a él ni a quienes son de él. Que el Espíritu Santo nos ayude para a lo único que le demos poder en nuestro interior sea al amor y a la gracia que provienen del Señor.
(P. JLSS)
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