24 de Diciembre (Misa Matutina)
(2Sm 7, 1-5. 8-12. 14. 16. / Sal 68 / Lc 1, 67-79)
Hoy es un día de preparación especial para la celebración de Navidad, el nacimiento de nuestro Señor debe movernos a exclamar: “Sol refulgente de justicia y esplendor de la luz eterna, ven a iluminar a los que yacen en las tinieblas y en las sombras de la muerte…”
¿Cuáles son esas oscuridades en las que necesitamos que Cristo nazca? ¿En qué situaciones de nuestras vidas debemos dejar que sean iluminadas por su llegada? Todo el adviento se nos ha invitado a prepararle un lugar al Señor para que habite en nuestro corazón.
A David se le increpó preocuparse por un lugar para el Señor solo por apariencias externas. “¿Piensas que vas a ser tú el que me construya una casa, para que yo habite en ella? Yo te saqué de los apriscos y de andar tras las ovejas, para que fueras el jefe de mi pueblo, Israel. Yo estaré contigo en todo lo que emprendas, acabaré con tus enemigos y te haré tan famoso como los hombres más famosos de la tierra.” ¿nos habrá pasado igual este adviento?
Es buen momento para decidirnos a ofrecerle al Señor nuestra vida para que comience a transformarla con su amor y gracias. El cumplimiento y aceptación de la voluntad de Dios siempre nos hará alabarle como le pasó a Zacarías: “Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, y ha hecho surgir en favor nuestro un poderoso salvador en la casa de David, su siervo. Así lo había anunciado desde antiguo, por boca de sus santos profetas…” no temamos abrirle nuestro corazón.
(P. JLSS)
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