Está segunda semana de Adviento estaremos reflexionando acerca de la necesidad de conversión que tenemos para aceptar el amor y la misericordia de Dios. Entiendo la conversión como cambio de pensamiento: Dios no nos mira como nosotros lo hacemos, él nos conoce y capacita para ser mejores.
Escuchar las palabras del profeta Isaías desde esta clave será muy diferente: “Preparen el camino del Señor en el desierto, construyan en el páramo una calzada para nuestro Dios. Que todo valle se eleve, que todo monte y colina se rebajen; que lo torcido se enderece y lo escabroso se allane.” Prepararle el camino implica una aceptación y no tanto acción. Él quiere amarnos.
Buscar el porqué del amor de Dios por nosotros siempre ha sido algo que llame la atención, el salmista dirá «¿qué es el hombre para que te acuerdes de Él?» (Sal 8, 4) desde la sorpresa y admiración, por la grandeza de Dios, no limitándole por las limitaciones personales, sino abandonados en esta admiración.
Pidámosle al Espíritu Santo que nos ilumine para abrir nuestros corazones de par en par a la acción de Dios para experimentarnos como esa oveja que es buscada por su dueño, no por ser la mejor o la peor, sino por ser de su propiedad. Aceptemos la misericordia de Dios como nos enseñó Jesús, que dijo que el Padre celestial no quiere que nos perdamos ninguno solo de nosotros.
(P. JLSS)
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