DOMINGO XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO

Diocesis de Mexicali https://diocesisdemexicali.org


(Gn 2, 18-24 / Sal 127 / Hb 2, 9-11 / Mc 10, 2-16)

La semana pasada reflexionábamos acerca del tema de la unidad como manifestación de nuestra fe, ese deseo por no dividir y generar la paz. Esa debe ser la actitud del cristiano: la búsqueda de la paz antes que solo andar buscando evitar la guerra. Hoy en la palabra nos pondrá como ejemplo el amor como firme determinación por el bien del otro.

Como ejemplo de esta firme determinación por el bien del otro se nos presenta el ejemplo del matrimonio que en teoría es la entrega total que se hace de uno mismo a quien se está consciente de que sería capaz de dar su vida por uno, pero ¿cómo entender este ejemplo cuando la palabra amor carece de significado?

Antes quien aspiraba al matrimonio era consciente de las indisolubilidad del mismo, por ello no se tomaba tan a la ligera, Jesús les reclama a los judíos el hecho de querer fundamentar en la ley hasta el abandono de las responsabilidades. Ese es el asunto, el que ama no puede ser irresponsable. Muchos divorciados vueltos a casar viven mejor el amor aunque se encuentren en una situación canónica irregular.

Pidamos a Dios que nos ayude para ser constructores del amor, que no perdamos tanto tiempo en situaciones secundarias y nos esforcémonos más por vivir el amor que Dios nos da y así poder compartir el mismo con todos los que nos rodean. “Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios es de los que son como ellos. Les aseguro que el que no reciba el Reino de Dios como un niño, no entrará en él.”

(P. JLSS)

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