(Sant 5, 9-12 / Sal 102 / Mc 10, 1-12)
En Jesucristo, el Padre nos ha manifestado su inmenso amor y quiere que correspondamos a este inmenso don: “Como desde la tierra hasta el cielo, así es de grande su misericordia; como un padre es compasivo con sus hijos, así es compasivo el Señor con quien lo ama.” ¿Mi vida manifiesta el amor que he recibido de parte de Dios?
Valdría la pena que respondiéramos qué es el amor para nosotros… Jesucristo nos ha enseñado que el amor más que un sentimiento, es una convicción, una firme determinación por el bien del otro. En la Cruz ha quedado patente este hermoso misterio.
Por ello para Jesús, el divorcio es una idea que no le cuadra, porque el amar es cuestión de una decisión no de una mera exigencia de derechos adquiridos. En el fondo, estos tiempos más que buscar las «causas» o justificaciones de los divorcios, valdría la pena cuestionarnos sobre lo que es el amor.
Espíritu Santo, ven a nuestro interior y crea en nosotros una experiencia profunda del amor de Dios que ha quedado de manifiesto en el misterio de nuestra redención, en la donación de Jesús por nosotros para que nosotros tengamos vida y la tengamos en abundancia. Aceptemos este misterio y correspondamos al mismo.
(P. JLSS)
0 Comments