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VIERNES DE LA SEMANA XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO

(Sab 13, 1-9 / Sal 18 / Lc 17, 26-37)

 

Las lecturas que este día se nos han ofrecido en la liturgia deben hacernos reflexionar y preguntarnos ¿Qué tanto somos aún capaces de reconocer la presencia de Dios en todo lo que nos rodea? “Los cielos proclaman la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos” ¿Valoro esto?

Una persona con fe madura y sensata, aún cuando pudiera llegar a conocer muchas cosas, no debería permitir jamás el cerrarse a Dios, “pues si llegaron a ser tan sabios para investigar el universo, ¿cómo no llegaron a descubrir fácilmente a su creador?”

Nosotros no solo creemos en la creación de Dios, sino también creemos que tras nuestra redención estamos llamados a ser un testimonio vivo del inmenso amor que Dios nos ha tenido; esto lo lograremos correspondiendo a lo recibido.

En el Evangelio escuchamos cómo el Señor advierte a los discípulos a tener siempre presente que volverá, esto no es una amenaza es algo alentador. Quien teme el día de retorno de nuestro Señor ha de ser porque no se ha permitido gozar totalmente su amor. Pidámosle a Dios experimentar su amor profundamente, de tal manera que lo único que nos inquiete sea un día estar para siempre disfrutando de ese amor.

(P. JLSS)

VIERNES DE LA SEMANA XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO

(2 Jn 4-9 / Sal 118 / Lc 17, 26-37)

Ayer meditábamos acerca de la justicia como repartición de tanto amor que se me ha dado, hoy la palabra continúa exhortándonos a esto recordándonos en el Salmo que es (y será) “dichoso el hombre de conducta intachable, que cumple la ley del Señor, que es fiel a sus enseñanzas y lo busca de todo corazón”.

En la Primera Lectura se nos decía cómo hacer realidad ese verso, siendo recíprocos. “El amor consiste en vivir de acuerdo con los mandamientos de Dios. Y el mandamiento consiste en vivir de acuerdo con el amor”, en otras palabras debo vivir sabiéndome plenamente amado por Dios y que todas mis acciones sean de acuerdo a esta realidad: cada uno de nosotros somos plenamente amados.

Cuando experimentamos el amor, de quien provenga, éste trae una seguridad muy interesante a nuestras vidas ¿Por qué sentirse inseguros cuando en nuestro interior habita el Espíritu Santo? El Padre nos lo envía para experimentar su amor en nuestro interior, es esta la verdad revelada en Jesucristo.

Jesucristo que nos ha demostrado su amor inmenso dando su vida por nosotros, obteniéndonos así la Vida Eterna y la gracia un día volverá lleno de gloria, en la Parusía donde nos reuniremos con la Fuente del Amor: por el que fuimos creados, por el que fuimos redimidos y con el que somos sostenidos.

Pensar en la segunda venida de Jesucristo debe ser para nosotros una emoción inmensa ya que experimentaremos plenamente lo que es el amor; ¿Cuándo o dónde sucederá? No es lo importante, lo importante es no olvidar que sucederá, sabiéndonos amados y sabiendo que seremos amados sin límite viviremos el presente lleno de serenidad.

(P. JLSS)

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