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DOMINGO XXX DEL TIEMPO ORDINARIO

(Ex 22, 20-26 / Sal 17 / 1 Tes 1, 5-10 / Mt 22, 34-40)

 

De la Primera Lectura podemos deducir de forma lógica que la mejor manera para manifestar nuestra fe en Dios es buscando el bien de los demás: no haciéndolos sufrir, ni oprimiéndolos, explotándolos o siendo usurero con ellos. ¿Quién podría dañar algo cuando no solamente se conoce al dueño sino que además se sabe también amado por éste?

Todo Israelita conocía muy bien la Torá, mucho más un doctor de la ley, en ella se encuentra la ley que debe ser cumplida todos, Jesús se basa en ella: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. (Cf. Dt, 6, 4-5)… Y el otro es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. (Cf. Lv 19, 18)

Jesús asemeja el amor a Dios sobre todas las cosas y amor al prójimo, demostrando que Él no ha venido a abolir la ley, sino a darles plenitud. Porque “la fe cristiana no es una «religión del Libro»: el cristianismo es la «religión de la Palabra de Dios», no de «una palabra escrita y muda, sino del Verbo encarnado y vivo»” (VD 7)

Eso precisamente es lo que Pablo le reconoce a la comunidad de Tesalónica, que aun “en medio de muchas tribulaciones y con la alegría que da el Espíritu Santo, han aceptado la palabra de Dios en tal forma, que han llegado a ser ejemplo para todos los creyentes”.

Pidámosle al Espíritu Santo que nos conceda demostrarle al Padre que creemos, y amamos a Jesucristo, por medio del cumplimiento de su palabra y la aceptacion de su voluntad. Que nunca nos mueva el miedo, sino el deseo de acrecentar en nuestro interior la certeza del amor de Dios.

(P. JLSS)

JUEVES DE LA SEMANA XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO

(Rom 3, 21-30 / Sal 129 / Lc 11, 47-5)

“A esta generación se le pedirán cuentas…” es como Jesús nos quiere prevenir acerca de lo importante que es que le reconozcamos como el camino, la verdad y la vida para cambiar de rumbo y dirigirnos al Padre. De esta manera quiere hacernos entender sobre la importancia de no desperdiciar su cercanía.

¿En qué pones mayor interés: en lo exterior (el qué dirán o en lo que quieres aparentar) o en lo interior (en qué partes hace falta permitirle a Dios actuar)? Hoy la Palabra nos invita a respondernos esto y a dejar que nuestra fe influya en todos los aspectos de nuestra vida.

A aquellos que se preocupan por lo exterior solamente, o principalmente, San Pablo les dice claramente: “Por medio de la fe en Jesucristo, la actividad salvadora de Dios llega, sin distinción alguna, a todos los que creen en él”. Si uno se sabe salvado y confía plenamente en todo lo que esto implica, necesariamente comenzará a cumplir la voluntad de Dios, no por obligación sino por mera correspondencia.

“Así nos enseña Dios lo que es su actividad salvadora: perdona los pecados cometidos anteriormente, que soportó con tanta paciencia, y nos da a conocer, en el tiempo actual, que Él es el justo que salva a todos los que creen en Cristo Jesús”. Dios nos conceda mayor fe en la acción de Jesucristo.

(P. JLSS)

Lunes XXVIII del tiempo ordinario HOMILIA

 

Llegar a endurecer nuestro corazón a la acción de Dios debe ser algo que nos preocupe en serio, Jesús en el Evangelio cataloga de perversa a la gente que pide una señal de Dios ignorando al mismo tiempo el poder del Hijo.

¿Le has pedido algo a Dios bajo condición? Quien se sabe protegido por la gracia no anda confundiéndose, sabe encontrar el sentido profundo de los acontecimientos y darle el valor real a las cosas, por ende, no anda pidiendo cualquier cosa “para poder creer”

“La gente de este tiempo es una gente perversa. Pide una señal, pero no se le dará más señal que la de Jonás.” ¿Te basta el Sacrificio de nuestro Señor para tener paz? En éste encontraremos todo lo que necesitamos para lograr una paz y una serenidad verdadera.

Pidámosle a Dios contemplarle y que de nuestro reconocimiento de que Él es más que Jonás y más que Salomón, convertirnos y buscar siempre escuchar siempre su Palabra antes que a cualquier otra cosa. Él se manifestó con todo su poder como Hijo de Dios, a partir de su resurrección de entre los muertos.

(P. JLSS)

SÁBADO DE LA SEMANA XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO

(Jl 4, 12-21 / Sal 96 / Lc 11, 27-28)

 

La aclamación antes del Evangelio fue “Dichosos todavía más los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica”, es esta la frase con la que Jesús responde a quien, como era la costumbre, lanza un halago a su madre por haberlo parido.

Jesús siempre nunca deja que nos distraigamos en su seguimiento siempre que corremos el riesgo de poner atención en detalles secundarios y nos conduce al Padre. Si es digno de alabanza el fruto de una concepción cuánta mayor dignidad tiene el fruto que trae escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica.

No añoremos cosas secundarias, Jesús le pide a esta señora que su meta sea la vida eterna, obedecer la Palabra, dejarla germinar; todo lo demás se da por añadidura. Quien se deja amar por Dios no teme su juicio, ya que se esforzará por vivir como un enamorado de Él.

Pidámosle a Dios perseverar en su amor y en su presencia, así nunca nos dejaremos invadir por el temor por nada, ni por problemas económicos o de salud, ni al fin del mundo, ni al juicio final a nada, ya que seremos conscientes de contar con su gracia y misericordia. Ya que, como dijera san Pablo: “los magistrados no son de temer para los que obran bien, sino para los que obran mal” (Rom 13, 3).

(P. JLSS)

VIERNES DE LA SEMANA XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO

(Jl 1, 13-15. 2, 1-12 / Sal 9 / Lc 11, 15-26)

 

De acuerdo al valor que uno le da a algo es el tiempo que le dedicará, la atención que le ponga, el deseo que tendrá por estar allí, nos ha dado su gracia para que vivamos en libertad, ¿Qué tan valioso consideras el hecho de que Cristo haya dado su vida por tu salvación?

El profeta Joel invitaba al arrepentimiento y a la penitencia al pueblo “porque ya está cerca el día del Señor, y llegará como el azote del Dios todopoderoso”; en el Salmo se nos recordaba que él “juzga al mundo con justicia”, es decir, nos va a dar sólo aquello que nos corresponda.

¿Qué tanto te dejas atraer por el amor de Cristo? Con su muerte, él glorificó al Padre, en ella se realizan tres cosas: Primero, “El juicio de este mundo.” el juicio (condenación) y el “mundo (los hombres malos, hostiles a Cristo y a la Luz); Segundo: “El príncipe de este mundo será arrojado fuera” (Jn 14:30; 16:11); y tercero, es levantado de la tierra y atrae a todos hacia él.

“Todo reino dividido por luchas internas va a la ruina y se derrumba casa por casa”, pidámosle a Dios dejarnos iluminar por él y experimentar libremente su amor para ser capaces de desechar todo lo que no sea conforme a éste; así nos será más fácil dejar de titubear a la hora de tener que optar por Dios.

(P. JLSS)

JUEVES DE LA SEMANA XXV DEL TIEMPO ORDINARIO

(Ag 1, 1-8 / Sal 149 / Lc 9, 7-9)

¿Qué tanto valoramos la amistad que Dios ha querido tener con nosotros? En la respuesta que hemos dado hoy a la Palabra decíamos: “el Señor es amigo de su pueblo” de allí que surja nuestra necesidad de cuestionarnos qué tanto nos comportamos como sus amigos los que confesamos sabernos de él.

El diccionario define amistad como «afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato»; Cristo es el camino, la verdad y la vida, es nuestro único medio para llegar al Padre (Cf. 1Tim 2, 5), esto no lo podemos olvidar jamás porque nuestra serenidad dependerá mucho de esta certeza.

Su mensaje nunca puede pasar indiferente, hemos escuchado en el Evangelio como el rey Herodes se interesa por Jesús “¿Quién será, pues, éste del que oigo semejantes cosas?”, el Señor despertó en el curiosidad por sentirlo amenaza ¿Qué despierta Jesús en ti?

Ageo lo que reclama al pueblo es algo similar, por malos entendidos los persas se enemistaron con los judíos y éstos en lugar de buscar la manera de seguir rápidamente con la construcción del templo ponen mayor interés en sus casas y los lujos que en cumplir con lo aquello que Dios les pidió.

Pidámosle a Dios tener docilidad a su Espíritu para que nuestro mayor empeño sea acercarnos más a Él, así se nos facilitará mucho más evitar distraernos en cosas secundarias y cumplir su voluntad.

(P. JLSS)

JUEVES SANTO – MISA VESPERTINA DE LA CENA DEL SEÑOR

(Ex 12, 1-8. 11-14 / Sal 115 / 1 Cor 11, 23-26 / Jn 13, 1-15)

En la Primera Lectura se nos narra los elementos del rito de la Pascua Judía y las prescripciones para esta cena: un cordero o cabrito, macho y sin defecto, para el sacrificio, pan sin levadura, hierbas amargas. Así como también, el mandato de celebrarlo en honor del Señor como institución perfecta.

También se les hizo la indicación de marcar sus dinteles con la sangre del cordero sacrificado para que el ángel exterminador pasara de largo; fue en una cena como esta en la que el Señor Jesús quiso hacer tres cosas: el mandamiento del amor, la instituir el Sacerdocio y la Eucaristía.

El mandamiento del amor, esto que queda más que aclarado con el lavatorio de los pies, Jesús no sólo se lo hace con algunos, sino a todos los discípulos incluido aquel que lo iba a traicionar. Y es que Jesús nos ama hasta el extremo por eso quiso darnos este ejemplo.

Dentro también de este amar hasta el extremo es que comprendemos la Eucaristía, no sólo quiso dejarnos un recuerdo, sino un alimento para que siendo alimentados profundamente por su presencia, tengamos vida eterna.

Pidámosle a Dios por los Sacerdotes, administradores de los misterios de amor que Cristo quiso dejar a su Iglesia, para que seamos humildes a ejemplo de nuestro Señor que no sólo nos amó, sino que lo hizo hasta el extremo, para que nunca se cansen de hacer la voluntad del Padre y llevar a Él a sus hermanos.

(P. JLSS)

JUEVES V DE CUARESMA

(Gn 17, 3-9 / Sal 104 / Jn 8, 51-59)

Hagámosle caso al Señor, que nos dice: “No endurezcan su corazón”, fue la aclamación con la que nos preparamos para la escucha del Evangelio de este día, y es lo que necesitaremos siempre estar revisando qué tanto le estoy permitiendo a mi corazón endurecerse a la acción de Dios.

No endurecer el corazón, también será de gran ayuda pues no permitirá que pase por nuestra cabeza la idea de que el Señor se ha olvidado de nosotros, ya que Él nunca lo hace, escuchemos las recomendaciones que nos hace el salmo: “Recurran al Señor y a su poder, búsquenlo sin descanso. Recuerden los prodigios que él ha hecho”.

Cuando Dios se le aparece a Abram, le promete una alianza perpetua para ser su Dios y de todos sus descendientes (donde nos encontramos también nosotros) sólo pide una cosa: “Cumple, pues, mi alianza, tú y tu posteridad, de generación en generación”.

Lo mismo hará Jesús en el Evangelio, sólo que ahora prometiendo una nueva “tierra prometida”, una que él nos consiguió: la Vida Eterna. (“Yo les aseguro: el que es fiel a mis palabras no morirá para siempre”). Pidamosle a Dios no endurecer nuestro corazón y anhelar cada vez con mayor intensidad lo que Jesucristo ha ganado ya para cada uno de nosotros.

¡No le temamos a nada por más grande que parezca, mayor es la promesa y lo que ya se nos ha dado!

(P. JLSS)

MARTES DE LA SEMANA V DE CUARESMA

(Nm 21, 4-9 / Sal 101 / Jn 8,21-30)

¿Qué tanto le hemos permitido a la Palabra de Dios, que Cristo ha sembrado en nuestros corazones, germine en cada uno de nosotros? Esto se puede resolver teniendo en cuenta la serenidad o tranquilidad que permita en mi vida.

Los Israelitas en el desierto se olvidan de la acción del Señor en sus vidas, se inconforman con el don del alimento que Dios les daba y hasta añoran sus tiempos de esclavos; cuando llega a ellos la consecuencia de sus acciones reconocen su falta, vuelven a buscar a Dios y creen en el remedio que se les presenta.

A nosotros Jesús nos ha salvado ya del pecado, qué tan libre nos sentimos dependerá de cada uno de nosotros, de la acción que permitamos que realice en nuestro interior su amor y su gracia. Porque si estamos contemplando a nuestro derredor puras cosas tristes o incomprensibles, algo nos está haciendo falta: levantar la vista.

Voltear a ver a nuestro Señor que por medio de la Cruz quiso ser nuestro remedio: “Cuando hayan levantado al Hijo del hombre, entonces conocerán que Yo Soy y que no hago nada por mi cuenta” Si hemos recibido tanto amor ¿Por qué nos aferramos a ver sólo lo que nos falta?

¡Gocemos su amor y dejémonos invadir por su gracia! Todo será diferente…

(P. JLSS)

LUNES DE LA SEMANA V DE CUARESMA

(Dn 13, 1-9. 15-17. 19-30. 33-62 / Sal 22 / Jn 8, 1-11)

¿Cuál es mi manera de actuar frente a la tentación? Si caigo en ella ¿Cómo actúo después? Una de las reacciones más comunes ante esto es echarle buscar culpables, esto aligera la conciencia y nos permite seguir viviendo de manera irresponsable, es una “salida fácil”.

Lo triste de esto es que toda “salida fácil” nos va a llevar también a ignorar el amor y la misericordia de Dios, porque si de nada me responsabilizo o siempre busco a quien culpar, no seré capaz de reconocer mi necesidad personal de Dios y de esto surgirá el temor y el miedo.

Dios no quiere la muerte del pecador sino que se arrepienta, su bondad y su misericordia nos acompañaran todos los días de nuestras vidas. El único que tiene derecho a juzgar es aquel que tiene poder de salvar, eso todos nosotros lo hemos descubierto en Cristo.

Susana, en la primera lectura, prefirió ser fiel a Dios que prestarse a cosas malas, no temió aun cuando la muerte era inminente y confió en que Dios la escucharía y salvaría; en el Evangelio aparece otra una mujer que también será juzgada por adulterio, sólo que está sí lo hizo, el cambio está en que aquí quien juzga es Jesús.

Jesús nos enseña a cada uno de nosotros que él siempre está con nosotros, siempre nos escuchará: en los momentos difíciles, los alegres, inciertos; y aún más, hoy nos recuerda que su justicia no es como la nuestra: «Aquel que esté libre de pecado que tire la primera piedra».

Volvamos a sus brazos y reconozcamos que nos dice: tampoco yo te condeno. Vete y ya no vuelvas a pecar.

(P. JLSS)