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SÁBADO – SEMANA VI DEL TIEMPO ORDINARIO

(Heb 11, 1-7 / Sal 144 / Mc 9, 2-13)

Escuchamos en el Evangelio de este día el momento de la transfiguración del Señor, Jesús sube al monte acompañado Pedro, Santiago y Juan, y allí se transfigura en su presencia, de pronto aparecen Elías (los profetas) y Moisés (la ley) hablando con él, según Lucas en su Evangelio, de su muerte que sufriría en Jerusalén.

Los discípulos tuvieron frente a ellos al Señor transfigurado, a Moisés y Elías, y sin embargo no pueden disipar su miedo, por el mismo proponen construir chozas para quedarse en la comodidad o tranquilidad que estaban sintiendo.

Ante el miedo, se escucha la voz del Padre que dice: “éste es mi Hijo amado; escúchenlo”; la misma recomendación se nos hace a nosotros hoy ¿tienes miedo, tristeza, sufrimiento, ansiedad, dolor, inseguridad, etc… algo que te robe la paz? ¡Escuchemos a Cristo! En él encontraremos todo lo que necesitamos.

Cabe recordar las palabras de la carta a los Hebreos: “La fe es la forma de poseer, ya desde ahora, lo que se espera y de conocer las realidades que no se ven”. Nuestra fe esta puesta en alguien al que ni matándolo vencieron, no dejemos que nada ni nadie nos intimide, esforcémonos por acrecentar nuestra fe, para que cuando vengan los momentos difíciles no queramos encerrarnos en cualquier choza.

(P. JLSS)

VIERNES – SEMANA VI DEL TIEMPO ORDINARIO

Fiesta de la Cátedra de san Pedro, Apóstol
(1Pe 5, 1-4 / Sal 22 / Mt 16, 13-19)

Una cátedra es una silla elevada desde donde el maestro explica la ciencia a sus discípulos, desde donde el obispo preside en su catedral. Hablar de la cátedra de san Pedro es reconocer la autoridad que Cristo le confirió de confirmar a los hermanos, de apacentar a las ovejas, a él y sus sucesores.

Cuando leemos el Evangelio descubrimos que, si bien es cierto, Pedro era impulsivo y llegó a negar al Señor, también es cierto que era quien más se dejaba mover dócilmente por el Espíritu Santo y sus mociones; y una vez que el Señor hubo resucitado experimentó la misericordia y el perdón cuando se le preguntó tres veces ¿me amas?.

Pedro no echó en saco roto la misericordia de Dios, supo reconocer que aun cuando sus limitaciones fueran muchas, el poder de la gracia es más grande que cualquier limitación, y la confianza que Cristo le daba le hacía reconocerse capaz de lograr cualquier misión que él le diera.

Por ello, al celebrar la Cátedra de san Pedro, debemos pedir por su sucesor el Papa Francisco! que nos hace saber que tenemos un pastor que tiene la misión de velar por nuestra fe; y del ejemplo de Pedro, aprendemos que nuestra serenidad depende más de nuestra docilidad a la acción de Dios y no tanto de nuestras acciones o actividades. Dejémonos conducir…

(P. JLSS)

JUEVES – SEMANA VI DEL TIEMPO ORDINARIO

(Gn 9, 1-13 / Sal 101 / Mc 8, 27-33)

Las palabras que el autor sagrado pone en boca de Dios en la bendición que hace a Noé: “Crezcan y multiplíquense y llenen la tierra. Todos los animales los temerán y los respetarán a ustedes; las aves del cielo, los reptiles de la tierra, los peces del mar están sujetos a ustedes”, nos remonta al capítulo 1 (vv. 28-30), manifestándonos que considera este castigo como un nuevo inicio para la humanidad.

Dios manifiesta su alianza con los hombres y como en toda alianza se da un signo que aquí va a ser el arcoíris; En Cristo, se ha realizado una alianza nueva y eterna con todos nosotros, y en nuestro Señor crucificado podemos reconocer el signo indeleble de la misma, y su inmenso amor.

Ante el sacrificio redentor de Jesús y su entrega por cada uno de nosotros sería adecuado que respondiéramos a su preguntas: ¿Quién dice la gente que soy yo?… y ustedes ¿quién dicen que soy yo?… se trata de responder qué significa en nuestra vida que el Señor sea tan grandioso con nosotros.

La misericordia de Dios se debe aceptar para alcanzar el perdón que ella da, debemos acercarnos al crucificado y reconocer que la salvación de cada uno de nosotros fue la causa de su entrega y así, cada que caigamos en algún pecado, imaginar que nos dice: ¡Ya pagué eso…párate inmediatamente! Y buscar su gracia.

(P. JLSS)

LUNES – SEMANA VI DEL TIEMPO ORDINARIO

(Gn 4, 1-5. 25 / Sal 49 / Mc 8, 11–13)

¿Cuál es tu reacción ante la bondad o la felicidad ajena? ¿Qué tanta importancia das al qué dirán? En la narración del libro del génesis se nos narra que al Señor le agrado un sacrificio y otro no ¿por qué razón? Porque uno lo hacía por convicción y el otro por “obligación”, por cumplir nada más.

¿Tú forma de dar culto a Dios nace de tu interior (por el amor recibido) o del exterior (porque mero deber ser)? Que duro sería que Dios nos reprochara las palabras del Salmo: “¿Por qué citas mis preceptos y hablas a toda hora de mi pacto, tú que detestas la obediencia y echas en saco roto mis mandatos?…”

Evitemos tener frente a Jesús una actitud farisaica, poniéndole condiciones para creerle, ellos le pedían una “señal del cielo”, muchas veces surgen entre nuestras oraciones frases como “si no me cumples esto… si me permites tal cosa te prometo esto…”, Jesús no es un banquero con el que se pueda negociar, Él lo da todo y pide todo.

¿Qué tanto lo aceptas como el camino, la verdad y la vida? Si queremos llegar al Padre tenemos que hacerlo por medio de Jesús, pidámosle al Espíritu Santo que nos libre de la tentación de creer que sólo por cumplir ciertas conductas llegaremos con él, con él se llega abandonándose a Jesús y amando a los hermanos.

(P. JLSS)

JUEVES – SEMANA V DEL TIEMPO ORDINARIO

(Gn 2, 18-25 / Sal 127 / Mc 7, 24-30)

Dios siempre busca la manera de hacernos reconocer lo amados que somos por Él, valiéndose de la naturaleza, de nuestra conciencia y hasta de cosas materiales. El relato de la creación de la mujer, nos cuenta cómo Dios le dio un complemento al hombre y éste pudo descubrir a alguien “hueso de sus huesos y carne de su carne”.

Aceptemos dócilmente la palabra de Dios que ha sido sembrada en cada uno de nosotros y es capaz de salvarnos; Dios nuestro Padre ha querido salvarnos porque nos ama, debemos atrevernos a reconocer este don de su liberalidad y acercarnos humildemente aceptando este misterio.

En el relato del libro del génesis se nos muestra cómo Dios está al pendiente y soluciona todo lo qué no es bueno para nosotros, y nos da una solución para ello, va a depender de nosotros que tanto nos mantenemos cerca o lejos de lo que Dios nos ofrece para auxiliarnos.

Acerquémonos a Dios confiando en su providencia amorosa, no dejemos que nada haga que nos sintamos incapaces de recurrir a él, él es quien nos ha hecho dignos de serviré en su presencia… quizás puedas sentir muchas tristezas o indignidades, aún en medio de ellas acércate a Jesús, recordando que “también los perritos, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños”, no temamos ser amados.

(P. JLSS)

LUNES – SEMANA V DEL TIEMPO ORDINARIO

(Gn 1, 1-19 / Sal 103 / Mc 6, 53-56)

San Ignacio de Loyola al comienzo de sus Ejercicios Espirituales recomienda la meditación “Principio y Fundamento” donde afirma: “El hombre ha sido creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios Nuestro Señor, y mediante esto, salvar su alma. Las otras cosas sobre la faz de la tierra han sido creadas para el hombre, para que le ayuden a conseguir el fin para el que ha sido creado” (EE 23). ¿Reconoces el amor de Dios en lo creado, en la naturaleza, en todo lo que te rodea?

Cada que uno escucha el relato de la creación, debería emocionarse porque es parte del mismo, porque al crear las cosas tan maravillosas Dios nos puso como algo particularmente especial, debemos decir con el Salmista: “¡Qué numerosas son tus obras, Señor, y todas las hiciste con maestría! La tierra está llena de tus creaturas. Bendice al Señor, alma mía”.

Por eso debemos alegrarnos con el don de la vida, compartir las maravillas que el Señor ha hecho, también llenarnos de gozo por lo que la encarnación de Jesús nos ha alcanzado. ¿Qué tanto aprovechamos esta cercanía de la gracia divina?

Pidámosle a Dios, no poner tanta atención en nuestras debilidades, antes bien, recurrir a Jesús siempre que lo necesitemos, nunca olvidar sus grandes prodigios y si bien “de modo admirable nos creó a su imagen y semejanza, de modo más admirable nos elevó con el nacimiento de su Hijo” (cf. Misa de navidad)

(P. JLSS)

SÁBADO- SEMANA IV DEL TIEMPO ORDINARIO

(Hb, 13, 15-17. 20-21 / Sal 22 / Mc 6, 30-34)

Hoy en la palabra se nos invita a alabar a Jesucristo nuestro buen pastor, a reconocer su cuidado y a bendecir su nombre; a practicar la generosidad y a compartir con los demás nuestros bienes como sacrificio agradable a Dios.

Y si aceptamos que Jesús es nuestro buen pastor, sabemos que “por ser un Dios fiel a sus promesas, me guía por el sendero recto; así, aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú estás conmigo. Tu vara y tu cayado me dan seguridad.” Nos guía a lugares tranquilos y si nos desviamos, nos rescata o corrige.

En el Evangelio se nos enseña como el Señor no se desatiende jamás de sus ovejas, no sólo manda a trabajar a los discípulos, sino que también procura su descanso; y al mismo tiempo, se nos cuenta como el descanso no le evita estar atento, “vio una numerosa multitud que lo estaba esperando y se compadeció de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas”.

Pidámosle al Espíritu Santo claridad, para ser capaces de reconocer la voz de Dios en cada dificultad, saber cuándo el Señor nos manda hacer algo y cuando descansar; alabémosle y démosle gracias porque nunca se desatiende de nosotros. Grabemos en nuestras mentes y corazón la frase del salmo: “tu bondad y tu misericordia me acompañarán todos los días de mi vida, y viviré en la casa del Señor por años sin término”. Traigámosla a nuestra mente cuando la inseguridad quiera surgir.

(P. JLSS)

VIERNES – SEMANA IV DEL TIEMPO ORDINARIO

(Hb 13, 1-8 / Sal 26 / Mc 6, 14-29)

La muerte de Juan Bautista es el claro ejemplo de lo qué pasa cuando uno deja de reconocer la misericordia de Dios en su vida, se acostumbra y se deja de sorprender por este misterio. Terminará haciéndose egoísta y soberbio como Herodes. ¿Te dejas impresionar aún porque Dios te ama?

En el Evangelio se nos dice que “Herodes miraba con respeto a Juan, pues sabía que era un hombre recto y santo, y lo tenía custodiado”; y añade que “cuando lo oía hablar, quedaba desconcertado, pero le gustaba escucharlo”. Sin embargo, esto no le detuvo de asesinarle, aunque se puso muy triste, prefirió su imagen personal que la justicia.

Cosa contraria totalmente se nos pide en la carta a los hebreos en la que se nos invita a practicar las obras de misericordia, nos dice: no se olviden del amor fraterno (todos somos hermanos); ni de la hospitalidad; ni de los presos; ni de los maltratados; de respetar el matrimonio; evitar la codicia o avidez por las riquezas, para no poner en ellas nuestra confianza; y de orar por aquellos pastores que como a ovejas nos condujeron a Dios.

Vamos a pedirle a Dios Padre, que por la acción del Espíritu Santo, nos libre del afán de riquezas, de la vanidad y la soberbia. Estas tres son el camino a la corrupción, pues hacen que uno se encierre en sí mismo, primero quieres tener más y más (de lo que sea que consideres valioso), después te la empiezas a creer y, por último, harás y permitirás que hagan lo que sean, siempre y cuando no se ponga en riesgo aquello que terminaste creyéndote. Dios nos libre de la codicia, de la vanidad y de la soberbia… todos somos valiosos para él.

(P. JLSS)

JUEVES – SEMANA IV DEL TIEMPO ORDINARIO

JUEVES – SEMANA IV DEL TIEMPO ORDINARIO
(Hb 12, 18-19. 21-24 / Sal 47 / Mc 6, 7-13)

El autor de la carta a los hebreos nos recuerda la cercanía de Dios, la gratuidad de su amor y lo sencillo que es para nosotros acércanos a Él por medio de nuestro Señor Jesucristo. ¿Qué tanto disfrutas de esta cercanía?

Sigamos el ejemplo del Salmista, pidámosle al Señor jamás olvidarnos de lo que ha realizado en nosotros por medio de Jesucristo, el autor decía: “Recordamos, Señor, tu gran amor en medio de tu templo. Tu renombre, Señor, y tu alabanza llenan el mundo entero”.

Hagamos una acto de agradecimiento a Dios por todo lo que en su providencia nos ha concedido. El Señor Jesús nos invita a confiar en el Padre, como lo hizo con sus discípulos al enviarlos con el mandato de no llevaran nada para el camino. “Ni pan, ni mochila, ni dinero en el cinto, sino únicamente un bastón, sandalias y una sola túnica”.

Pidámosle al Espíritu Santo que acreciente nuestra confianza en el cuidado de nuestro Padre para no temer ante nada y no poner nuestra confianza en nada material, sino sólo en Él y su amor.

(P. JLSS)

MIÉRCOLES – SEMANA IV DEL TIEMPO

(Hb 12, 4-7. 11-15 / Sal 102 / Mc 6, 1-6)

Quiero comenzar esta reflexión invitándoles a escuchar nuevamente esta frase del salmo: “Como un padre es compasivo con sus hijos, así es compasivo el Señor con quien lo ama, pues bien sabe él de lo que estamos hechos y de que somos barro, no se olvida”. ¡Cómo perdemos tiempo en nuestro barro!

Dios nos conoce, es compasivo con nosotros porque así lo ha decidido, porque sabe lo que somos capaces de lograr si nos abandonamos a su amor y a su gracia. Por ello cuando nos equivocamos el Señor permite que nos lleguen las consecuencias de nuestros actos para hacernos responsables. Por ello, “hijo mío, no desprecies la corrección del Señor, ni te desanimes cuando te reprenda”.

Los personajes del Evangelio no permitieron que Jesús actuara en ellos porque creían conocerlo, o bien, porque ya creían imposible que se diera en ellos el cambio. ¿Te estará pasando igual? Repito lo del principio, nuestro Padre nos conoce… él confía y cree en nosotros.

Pidamos a Dios nuestro Padre, la humildad necesaria para permitirle actuar libremente en nuestro interior; sin limitarle por nuestro miedo al cambio o por creer conocerle. Permitámosle al Espíritu Santo que renueve todo nuestro ser, para ser cada vez más conscientes de la dignidad que nos ha otorgado Cristo.

(P. JLSS)

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