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MIERCOLES DE CENIZA

MIÉRCOLES DE CENIZA
(Jl 12, 12-18 / Sal 50 / 2Cor 5, 20 – 6, 2 / Mt 6, 1-6. 16-18)

Con el Miércoles de Ceniza comenzamos la Cuaresma, los cuarenta días de preparación para la celebración de la Pascua, sería bueno que nos detuviéramos a hacer un momento de silencio para cuestionarnos sobre aquello a lo que le estamos cediendo la libertad que nos ha dado Cristo.

En la primera lectura se nos decía, “todavía es tiempo. Vuélvanse a mí de todo corazón, con ayunos, con lágrimas y llanto; enluten su corazón y no sus vestidos”; para ello hay que ser responsables y reconocer nuestra necesidad de que Dios cree en nosotros un corazón puro.

“Al que nunca cometió pecado, Dios lo hizo “pecado” por nosotros, para que, unidos a él, recibamos la salvación de Dios y nos volvamos justos y santos”. Debemos reconocer lo que ya pagó y venció Cristo en la Cruz, para no seguir viviendo creyendo que somos esclavos y no podemos dejar eso. El vencido es el pecado, no tú ni yo, es el pecado.

Para recuperar la libertad la Iglesia nos invita a vivir la cuaresma con tres acciones concretas: limosna, oración y ayuno; teniendo cuidado de no practicarlo para que nos mire la gente sino para estar despiertos acerca de nuestra libertad y cuando la ponemos en riesgo por nuestra voluntad. Que en la ceniza que se nos pondrá en estos momentos seamos capaces de reconocer aquello que nos aleja de Dios y trabajemos para que por el poder de la Pascua podamos sacudirnos lo que ésta representó.

(P. JLSS)

LUNES – SEMANA VIII DEL TIEMPO ORDINARIO

(Sir 17, 20-28 / Sal 31 / Mc 10, 17-27)

A toda abundancia de bienes y cosas preciosas, de cualidades o atributos excelentes, le llamamos riqueza; ¿nos sentimos afortunados por contar en abundancia con nuestro Padre Dios? ¿es Dios tu mayor riqueza? Él debe ser nuestra única fuente de seguridad, porque estar enraizados en el Señor nos dará serenidad y paz verdaderas.

Cada uno de nosotros estamos llamados a reconocer que la gracia y el amor de Dios superan toda limitación humana, que si se lo permitimos el hará obras maravillosas en nosotros, lo único que necesitamos es volver a él y apegarnos sólo a él.

El personaje del Evangelio quería alcanzar la vida eterna “cumpliendo los solamente mandamientos” pero siguiendo apegado a sus riquezas, no se trata aquí solo de millonarios, se trata de todos aquellos que se sienten más seguros teniendo ciertas cosas y olvidándose de Dios casi.

Jesús dijo en el Evangelio, “Hijitos, ¡qué difícil es para los que confían en las riquezas, entrar en el Reino de Dios!” porque, quien ha conocido a Jesús debe esforzarse por reflejar todo lo que ha recibido de su parte: la misericordia y un amor inmenso. No olvidemos que “Jesucristo, siendo rico, se hizo pobre, para enriquecernos con su pobreza”.

(P. JLSS)

SÁBADO – SEMANA VII DEL TIEMPO ORDINARIO

(Sir [Eclo] 17, 1-13 / Sal 102 / Mc 10, 13-16)

Cuando meditamos sobre el amor de Dios debemos recordar las palabras del salmo: “Como un padre es compasivo con sus hijos, así es compasivo el Señor con quien lo ama: pues bien sabe él de lo que estamos hechos y de que somos barro, no se olvida.” Como un padre… de que somos barro no se olvida…

En la primera lectura se nos narró cómo, a pesar de ser creados de la tierra, Dios nos ha concedido a todos los seres humanos muchos dones: “Los colmó de ciencia y sabiduría y les mostró el bien y el mal. Con la luz de su mirada iluminó sus corazones, para hacerles ver la grandeza de sus obras y así alabaran su santo nombre y proclamaran sus maravillas. Mayor sabiduría les concedió al darles en herencia la ley de la vida. Estableció con ellos una alianza eterna y les dio a conocer sus mandamientos”.

En el Evangelio reprende a los discípulos por querer alejar a los niños de él, se los alejaban para que no le quitaran el tiempo o entretuvieran, pero Jesús asegura que debemos recibir el Reino de Dios como niños para poder entrar en él ¿Qué significa esto? Sin prejuicios, en libertad y con confianza.

Pidamosle a Dios sencillez y humildad necesaria para reconocer la grandeza de su misericordia y de su amor, para gozarnos sintiendo cumplidas en nosotros las palabras del Señor: “Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del Reino a la gente sencilla”.

(P. JLSS)

VIERNES – SEMANA VII DEL TIEMPO ORDINARIO

(Sir [Eclo] 6, 5-17 / Sal 118 / Mc 10, 1-12)

«El Señor es amigo de su pueblo» dice el salmo 149, que difícil entender este misterio cuando la palabra amigo ha sido tan devaluada, ahora a todo conocido se le llama amigo, se corre el riesgo de considerar a Dios como un “amigo” más.

La amistad es, según el diccionario, el “afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato”; no es necesario detenerse mucho en los elementos que están ausentes en muchas de nuestras “amistades”; Hay amigos que te acompañan a comer, pero nunca se aparecen en la hora de las penas: cuando te va bien, están contigo, cuando te va mal, huyen de ti… Dios no es así.

En el Evangelio, se nos habla de la indisolubilidad del matrimonio, si en la relación de amistad la infidelidad y la traición no deben existir, cuanto más en la relación matrimonial tampoco deberían existir; pero hay error en el significado de los términos «amor» y «amistad».

Pidamos a Dios que nos ilumine para reconocer que su amistad es eterna, él lo ofrece todo, pero ¿Qué tan dispuestos estamos en recibir lo que ofrece?, que el sabernos protegidos y amados por Dios nos lleve a reconocer que lo más valioso ya lo tenemos en nosotros y no depende tanto de quienes nos rodean sino de nuestra fidelidad al amor encontrado.

(P. JLSS)

MARTES – SEMANA VII DEL TIEMPO ORDINARIO

(Sir [Eclo] 2, 1-13 / Sal 36 / Mc 9, 30-37)

¿Tengo mi confianza totalmente puesta en Dios? ¿permito que los problemas o dificultades de mi día a día me desesperen? Debemos responder con claridad estas preguntas para poder pedir desde el fondo de nuestro corazón a Dios que nos fortalezca y reafirme nuestra esperanza cuando lo necesitemos.

En el Evangelio, Jesús viene anunciando a sus discípulos el misterio de su pasión, muerte y resurrección, éstos por dejarse impresionar por lo escandaloso de esto «no entendían las palabras de Jesús y tenían miedo de pedir explicaciones», el miedo les hace permanecer en su duda y no recurrir a Dios.

La persecución y los problemas (nuestras cruces) no significan abandono divino, sino consecuencias del pecado (nuestro o ajeno) pero que iluminados u asociados a la cruz de Jesucristo se pueden convertir en fuente de salvación para quienes nos rodean. “No permita Dios que yo me gloríe en algo que no sea la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por el cual el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo”.

Ya lo escuchamos en la primera lectura “Hijo mío, si te propones servir al Señor, prepárate para la prueba; mantén firme el corazón y sé valiente; no te asustes en el momento de la adversidad. Pégate al Señor y nunca te desprendas de él, para que seas recompensado al fin de tus días… Miren a sus antepasados y comprenderán. ¿Quién confió en el Señor y quedó defraudado? ¿Quién perseveró en su santo temor y fue abandonado? ¿Quién lo invocó y fue desatendido? El Señor es clemente y misericordioso; él perdona los pecados y salva en el tiempo de la tribulación.”

(P. JLSS)

SÁBADO – SEMANA VI DEL TIEMPO ORDINARIO

(Heb 11, 1-7 / Sal 144 / Mc 9, 2-13)

Escuchamos en el Evangelio de este día el momento de la transfiguración del Señor, Jesús sube al monte acompañado Pedro, Santiago y Juan, y allí se transfigura en su presencia, de pronto aparecen Elías (los profetas) y Moisés (la ley) hablando con él, según Lucas en su Evangelio, de su muerte que sufriría en Jerusalén.

Los discípulos tuvieron frente a ellos al Señor transfigurado, a Moisés y Elías, y sin embargo no pueden disipar su miedo, por el mismo proponen construir chozas para quedarse en la comodidad o tranquilidad que estaban sintiendo.

Ante el miedo, se escucha la voz del Padre que dice: “éste es mi Hijo amado; escúchenlo”; la misma recomendación se nos hace a nosotros hoy ¿tienes miedo, tristeza, sufrimiento, ansiedad, dolor, inseguridad, etc… algo que te robe la paz? ¡Escuchemos a Cristo! En él encontraremos todo lo que necesitamos.

Cabe recordar las palabras de la carta a los Hebreos: “La fe es la forma de poseer, ya desde ahora, lo que se espera y de conocer las realidades que no se ven”. Nuestra fe esta puesta en alguien al que ni matándolo vencieron, no dejemos que nada ni nadie nos intimide, esforcémonos por acrecentar nuestra fe, para que cuando vengan los momentos difíciles no queramos encerrarnos en cualquier choza.

(P. JLSS)

VIERNES – SEMANA VI DEL TIEMPO ORDINARIO

Fiesta de la Cátedra de san Pedro, Apóstol
(1Pe 5, 1-4 / Sal 22 / Mt 16, 13-19)

Una cátedra es una silla elevada desde donde el maestro explica la ciencia a sus discípulos, desde donde el obispo preside en su catedral. Hablar de la cátedra de san Pedro es reconocer la autoridad que Cristo le confirió de confirmar a los hermanos, de apacentar a las ovejas, a él y sus sucesores.

Cuando leemos el Evangelio descubrimos que, si bien es cierto, Pedro era impulsivo y llegó a negar al Señor, también es cierto que era quien más se dejaba mover dócilmente por el Espíritu Santo y sus mociones; y una vez que el Señor hubo resucitado experimentó la misericordia y el perdón cuando se le preguntó tres veces ¿me amas?.

Pedro no echó en saco roto la misericordia de Dios, supo reconocer que aun cuando sus limitaciones fueran muchas, el poder de la gracia es más grande que cualquier limitación, y la confianza que Cristo le daba le hacía reconocerse capaz de lograr cualquier misión que él le diera.

Por ello, al celebrar la Cátedra de san Pedro, debemos pedir por su sucesor el Papa Francisco! que nos hace saber que tenemos un pastor que tiene la misión de velar por nuestra fe; y del ejemplo de Pedro, aprendemos que nuestra serenidad depende más de nuestra docilidad a la acción de Dios y no tanto de nuestras acciones o actividades. Dejémonos conducir…

(P. JLSS)

JUEVES – SEMANA VI DEL TIEMPO ORDINARIO

(Gn 9, 1-13 / Sal 101 / Mc 8, 27-33)

Las palabras que el autor sagrado pone en boca de Dios en la bendición que hace a Noé: “Crezcan y multiplíquense y llenen la tierra. Todos los animales los temerán y los respetarán a ustedes; las aves del cielo, los reptiles de la tierra, los peces del mar están sujetos a ustedes”, nos remonta al capítulo 1 (vv. 28-30), manifestándonos que considera este castigo como un nuevo inicio para la humanidad.

Dios manifiesta su alianza con los hombres y como en toda alianza se da un signo que aquí va a ser el arcoíris; En Cristo, se ha realizado una alianza nueva y eterna con todos nosotros, y en nuestro Señor crucificado podemos reconocer el signo indeleble de la misma, y su inmenso amor.

Ante el sacrificio redentor de Jesús y su entrega por cada uno de nosotros sería adecuado que respondiéramos a su preguntas: ¿Quién dice la gente que soy yo?… y ustedes ¿quién dicen que soy yo?… se trata de responder qué significa en nuestra vida que el Señor sea tan grandioso con nosotros.

La misericordia de Dios se debe aceptar para alcanzar el perdón que ella da, debemos acercarnos al crucificado y reconocer que la salvación de cada uno de nosotros fue la causa de su entrega y así, cada que caigamos en algún pecado, imaginar que nos dice: ¡Ya pagué eso…párate inmediatamente! Y buscar su gracia.

(P. JLSS)

LUNES – SEMANA VI DEL TIEMPO ORDINARIO

(Gn 4, 1-5. 25 / Sal 49 / Mc 8, 11–13)

¿Cuál es tu reacción ante la bondad o la felicidad ajena? ¿Qué tanta importancia das al qué dirán? En la narración del libro del génesis se nos narra que al Señor le agrado un sacrificio y otro no ¿por qué razón? Porque uno lo hacía por convicción y el otro por “obligación”, por cumplir nada más.

¿Tú forma de dar culto a Dios nace de tu interior (por el amor recibido) o del exterior (porque mero deber ser)? Que duro sería que Dios nos reprochara las palabras del Salmo: “¿Por qué citas mis preceptos y hablas a toda hora de mi pacto, tú que detestas la obediencia y echas en saco roto mis mandatos?…”

Evitemos tener frente a Jesús una actitud farisaica, poniéndole condiciones para creerle, ellos le pedían una “señal del cielo”, muchas veces surgen entre nuestras oraciones frases como “si no me cumples esto… si me permites tal cosa te prometo esto…”, Jesús no es un banquero con el que se pueda negociar, Él lo da todo y pide todo.

¿Qué tanto lo aceptas como el camino, la verdad y la vida? Si queremos llegar al Padre tenemos que hacerlo por medio de Jesús, pidámosle al Espíritu Santo que nos libre de la tentación de creer que sólo por cumplir ciertas conductas llegaremos con él, con él se llega abandonándose a Jesús y amando a los hermanos.

(P. JLSS)

JUEVES – SEMANA V DEL TIEMPO ORDINARIO

(Gn 2, 18-25 / Sal 127 / Mc 7, 24-30)

Dios siempre busca la manera de hacernos reconocer lo amados que somos por Él, valiéndose de la naturaleza, de nuestra conciencia y hasta de cosas materiales. El relato de la creación de la mujer, nos cuenta cómo Dios le dio un complemento al hombre y éste pudo descubrir a alguien “hueso de sus huesos y carne de su carne”.

Aceptemos dócilmente la palabra de Dios que ha sido sembrada en cada uno de nosotros y es capaz de salvarnos; Dios nuestro Padre ha querido salvarnos porque nos ama, debemos atrevernos a reconocer este don de su liberalidad y acercarnos humildemente aceptando este misterio.

En el relato del libro del génesis se nos muestra cómo Dios está al pendiente y soluciona todo lo qué no es bueno para nosotros, y nos da una solución para ello, va a depender de nosotros que tanto nos mantenemos cerca o lejos de lo que Dios nos ofrece para auxiliarnos.

Acerquémonos a Dios confiando en su providencia amorosa, no dejemos que nada haga que nos sintamos incapaces de recurrir a él, él es quien nos ha hecho dignos de serviré en su presencia… quizás puedas sentir muchas tristezas o indignidades, aún en medio de ellas acércate a Jesús, recordando que “también los perritos, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños”, no temamos ser amados.

(P. JLSS)

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