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SÁBADO – SEMANA XV DEL TIEMPO ORDINARIO

(Miq 2,1-5 / Sal 9 / Mt 12, 14-21)

“Dios reconcilió al mundo consigo por medio de Cristo, y a nosotros nos confió el mensaje de la reconciliación”. La iniciativa en el procedimiento de reconciliación parte de Dios, es llevada a cabo por Cristo y nosotros debemos darla a conocer al mundo.

¿Qué mensaje envías con tus acciones a los que te rodean? ¿De reconciliación o de qué? quien se ha encontrado con Jesús y le ha dejado entrar a formar parte de su existencia, necesariamente se sentirá apremiado a que todos experimenten tanto amor y misericordia.

Los fariseos estaban cerca de Jesús pero no le seguían, le vigilaban desconfiados, nos dice el Evangelio que “confabularon contra Jesús para acabar con él. Al saberlo, Jesús se retiró de ahí”. Jesús no les reprocha nada, se aleja para continuar con lo importante, el anuncio del Reino.

Si se pone demasiada atención en chismes, intrigas, conflictos mentales, etc., uno corre riesgo de olvidarse de que no está sólo, sino que Dios está con Él. ¡Fuimos reconciliados con Dios! eso es lo importante, si hoy nos pudiera estar yendo mal debemos recordar en quién tenemos nuestra esperanza.

(P. JLSS)

VIERNES – SEMANA XV DEL TIEMPO ORDINARIO

(Is 38, 1-6. 21-22. 7-8 / Is 38 / Mt 12, 1-8)

Dentro de los 39 Melajot (trabajos prohibidos en Sábado) enumerados por la Mishná, el tercero es cosechar y el cuarto juntar la cosecha. El Evangelio nos narra una escena curiosa “Un sábado, atravesaba Jesús por los sembrados. Los discípulos, que iban con él, tenían hambre y se pusieron a arrancar espigas y a comerse los granos”. La ley únicamente prohibía arar y recolectar (Cf. Ex 34, 21), lo demás es mera casuística.

Incluso, lo que hacían los discípulos la ley lo permitía: «Si entras en la mies de tu prójimo, podrás coger algunas espigas con la mano, pero no meter la hoz en la mies de tu prójimo» (Dt 23,25). Lo que es de sorprender es que los fariseos no fueron capaces de mirar el hambre en sus hermanos, por sólo estar buscando en que fallaban los demás.

¿Eres capaz de reconocer la misericordia de Dios en tu vida o te juzgas sólo por tus fallas? Al rey Ezequías le pasó como a muchos, desgraciadamente, le abre completamente las puertas de su corazón a Dios hasta que está enfermo de muerte. “Acuérdate, Señor, de que te he servido con fidelidad y rectitud de corazón y de que he hecho siempre lo que a ti te agrada”. Y lloró con abundantes lágrimas.”

No perdamos el tiempo, como los fariseos, en sólo buscar descubrir en que falla el otro; ni esperemos hasta que nos venga algo complicado para buscar a Dios. Permitámosle actuar en nuestras vidas, seamos sus ovejas, escuchemos su voz, aceptemos que nos conoce y sigámosle.

(P. JLSS)

JUEVES – SEMANA XV DEL TIEMPO ORDINARIO

(Is 26, 7-9. 12. 16. 19 / Sal 93 / Mt 11, 28-30)

Una de las frases que nunca podemos dejar que salgan de nuestra mente es «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Flp 4, 13), porque en ella reconocemos como ciertas las palabras del profeta Isaías “La senda del justo es recta porque tú, Señor, le allanas el sendero”.

“Tú nos darás, Señor, la paz, porque todo lo que hemos hecho eres tú quien lo ha hecho por nosotros”. Dios siempre está al pendiente de nosotros y no debemos dejarlo al margen, debemos permitirle entrar y formar parte de todas las dimensiones de nuestra vida.

Cuando no se deja actuar a Dios en la vida permanece ese sentimiento de vacío e incertidumbre, como el de la imagen que nos da Isaías: “Como una mujer que va a dar a luz, que se retuerce y grita angustiada, así éramos, Señor, en tu presencia: concebimos y nos retorcimos, ¡pero lo único que hemos dado a luz ha sido viento!”

Hagámosle caso al Señor que nos invita a acercarnos a él todos los que estemos fatigados y agobiados por la carga ¡él nos dará alivio! Porque andar como si no tuviéramos con quien contar, tomemos su yugo y encontraremos descanso. Su yugo es suave y su carga ligera ¿Por qué andar cargando solos?

(P. JLSS)

MIÉRCOLES – SEMANA XV DEL TIEMPO ORDINARIO

(Is 10, 5-7. 13-16 / Sal 93 / Mt 11, 25-27)

La voluntad de Dios se cumple siempre, aunque nosotros por nuestras malas decisiones hagamos que se retarde su cumplimiento. En el Evangelio de Mateo (10, 29-30) se nos cuenta que ni siquiera un pajarito cae por tierra sin que nuestro Padre lo permita y que los cabellos de nuestra cabeza están contados.

El profeta Isaías enseña que, aun en medio de la invasión de Asiria, la voluntad de Dios se hacía estaba cumpliendo. Eso es importante que lo tengamos claro, aún cuando no entendamos lo que estamos viviendo, la voluntad de Dios se cumple.

También, se nos enseña que cuando todo vaya bien, no tenemos porqué sentirnos superiores a nadie, “¿Acaso presume el hacha frente al que corta con ella? ¿O la sierra se tiene por más grande que aquel que la maneja?”; si nos va bien debemos reconocer la oportunidad que se nos presenta para ayudar a los demás.

Pidámosle al Espíritu Santo que nos auxilie para lograr en momentos intranquilos, permanecer firmes en la esperanza; y en momentos prosperidad, reconocer la oportunidad para ayudar a los demás. Agradezcámosle al Padre, por haber revelado los misterios del Reino a la gente sencilla, porque así le ha parecido bien… y seamos sencillos.

(P. JLSS)

¿Cuál es la voluntad de Dios? “Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la Verdad” (1Tim 2,4)

MARTES – SEMANA XV DEL TIEMPO ORDINARIO

(Is 7, 1-9 / Sal 47 / Mt 11, 20-24)

Ajaz, fue rey de Judá, su manera de proceder y sus criterios fueron meramente políticos. Mientras que Isaías le ofrece la ayuda de Dios, el permanece obcecado, totalmente endurecido al mensaje que le llegaba por medio del profeta. Estaba confiando más en sus habilidades políticas que en la Omnipotencia Divina.

Es de resaltar que, ni siquiera teniendo «estremecido él su corazón, junto con todo su pueblo, como se estremecen los árboles del bosque, agitados por el viento», fue capaz de reconocer que el único que lo podía librar era Dios, se olvidó de quién era su protector. Y quiso mantenerlo al margen.

¿En qué zonas de tu vida mantienes a Dios al margen? “Hagámosle caso al Señor, que nos dice: «No endurezcan su corazón»”, eso es lo peor que nos puede pasar. No debemos olvidar jamás lo que Dios ha hecho por nosotros, de su amor, de su misericordia.

Que fuertes las palabras del Señor: “¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran realizado los milagros que se han hecho en ustedes, hace tiempo que hubieran hecho penitencia, cubiertas de sayal y de ceniza”. ¿Qué esperamos para dejarle actuar? Que Dios, de quien procede todo bien, nos conceda, por su inspiración, comprender lo que es recto y, bajo su guía, hacerlo realidad.

(P. JLSS)

LUNES – SEMANA XV DEL TIEMPO ORDINARIO

(Is 1, 10-17 / Sal 49 / Mt 10, 34 – 11, 1)

¿Qué tan grande es tu amor por Cristo? El pasaje que hemos escuchado del Evangelio de Mateo trata sobre la exigencia de tener un supremo amor por Cristo, amarle a Él sobre todas las cosas, incluso en medio de intranquilidad, tristeza y/o situaciones difíciles de comprender.

Ante la posible duda de a quién hay que obedecer primero si a familiares o él, es muy claro el Señor, “el que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí”.

Tomar la Cruz y seguirle significa que ni siquiera en los momentos difíciles abandonaremos nuestra perseverancia; cargar la cruz, también implica el reconocimiento de que no cargamos solos, sino que el va con nosotros, es tener la certeza que ya nada nos puede vencer porque contamos con Él.

Hagamos caso a lo que se nos pide, por medio del profeta Isaías, poner nuestro máximo empeño en dejar de hacer el mal, en aprender a hacer el bien, en buscar la justicia, auxiliar al oprimido, defender los derechos del huérfano y la causa de la viuda. Vivamos amando a Jesús por lo mucho que él nos ha amado también.

(P. JLSS)

DOMINGO XV DEL TIEMPO ORDINARIO

(Am 7, 12-15 / Sal 84 / Ef 1, 3-14 / Mc 6, 7-13)

Desde la Oración Colecta hemos pedido a Dios, que muestra la luz de su verdad a los que andan extraviados para que puedan volver al buen camino, que nos concede a quienes nos profesamos cristianos rechazar lo que sea contrario a ese nombre y cumplir lo que éste significa. En pocas palabras, dar testimonio y ser coherentes.

En la Primera Lectura se nos contó la respuesta que da Amós cuando le quieren correr o mantener lejos su actividad profética, “Yo no soy profeta ni hijo de profeta, sino pastor y cultivador de higos. El Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo: ‘Ve y profetiza a mi pueblo, Israel’”; Amós confió más en Dios que en aquellos que le amenazaban, tenía la certeza que quien lo enviaba, también lo cuidaba.

!Somos cristianos! ¿Qué significa esta afirmación? Él reconocimiento de que Dios “ha prodigado sobre nosotros el tesoro de su gracia, con toda sabiduría e inteligencia, dándonos a conocer el misterio de su voluntad”. No debemos buscar respuestas en nosotros, sino en Dios, “padre de nuestro Señor Jesucristo, nos ha bendecido en él con toda clase de bienes espirituales y celestiales”.

Por esa misma razón el Señor pide a sus discípulos que vayan a predicar, ligeros de equipaje, no necesitan más que confiar en el que los ha enviado, a ti y a mí se nos pide lo mismo, confiar. En aquel que quiso que fuéramos sus hijos y “que nos eligió en Cristo, antes de crear el mundo, para que fuéramos santos e irreprochables a sus ojos, por el amor.” ¿Quieres ser santo? Deja que el amor invada tu vida.

(P. JLSS)

SÁBADO – SEMANA XIV DEL TIEMPO ORDINARIO

(Is, 6, 1-8 / Sal 92/ Mt 26, 24-33)

“El discípulo no es más que el maestro, ni el criado más que su señor. Le basta al discípulo ser como su maestro y al criado ser como su señor”. ¿Qué tanto nos estamos esforzando por ser como nuestro Divino Maestro? Esto significa poner toda nuestra atención en el amor de Dios y no centrarnos en los problemas.

Isaías, en la visión que nos cuenta, nos describe a muy bien detalles secundarios, la orla del manto de Dios hasta el templo, los cánticos de los ángeles, sus alas, incluso comparte lo que pensaba: “¡Ay de mí!, estoy perdido, porque soy un hombre de labios impuros, que habito en medio de un pueblo de labios impuros, porque he visto con mis ojos al rey y Señor de los ejércitos”. Su atención estaba centrada en él mismo.

Fue hasta que reconoció la acción de Dios en su vida (brasa con la que se le purifica) que fue capaz de reconocer la voz del Señor que le decía: “¿A quién enviaré? ¿Quién irá de parte mía?” Y de responderle: “Aquí estoy, Señor, envíame”. Ya no sé miraba tanto a él singularmente, era consciente de aquello con lo que contaba.

Reconozcamos la accion de Dios en nuestras vidas, no nos distraigamos, aceptemos su amor y misericordia, recordemos las palabras del Señor “En cuanto a ustedes, hasta los cabellos de su cabeza están contados. Por lo tanto, no tengan miedo, porque ustedes valen mucho más que todos los pájaros del mundo”. Si él nos protege ¿qué puede hacernos temblar?

(P. JLSS)

VIERNES – SEMANA XIV DEL TIEMPO ORDINARIO

(Os 14, 2-10 / Sal 50 / Mt 10, 16-23)

“Cuando venga el Espíritu de verdad, él les enseñará toda la verdad y les recordará todo cuanto yo les he dicho” fue la promesa que nos hizo el Señor, ¿Qué tanto prestamos atención a lo que el Espíritu Santo nos dice en nuestras inquietudes?

Quien está abierto a lo que el Espíritu le indica, en ninguna incertidumbre, injusticia o acontecimiento negativo se olvidará de las palabras del Señor: “Yo los envío como ovejas entre lobos. Sean, pues, precavidos como las serpientes y sencillos como las palomas”.

Pidámosle a Dios, estar dispuestos siempre a aceptar y cumplir su voluntad, pues, cómo dice la Primer Lectura “quien sea sabio, que comprenda estas cosas y quien sea prudente, que las conozca. Los mandamientos del Señor son rectos y los justos los cumplen; los pecadores, en cambio, tropiezan en ellos y caen”.

Pidamos a Dios, junto con el Salmista, “Enséñame, Señor, la rectitud de corazón que quieres. Lávame tú, Señor, y purifícame y quedaré más blanco que la nieve. Crea en mí, Señor, un corazón puro, un espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos…” Que nunca nos estorbe vivir conforme a la voluntad de Dios.

(P. JLSS)

JUEVES – SEMANA XIV DEL TIEMPO ORDINARIO

(Os 11, 1-4. 8-9 / Sal 79 / Mt 10, 7-15)

El envío que hace Jesús a los apóstoles nos deja en claro, una vez más, como el Señor no se desatiende de nuestras necesidades; pone los medios necesarios para que nos encontremos con Él, y nos pide también a nosotros ser sus colaboradores para hacer a los demás conscientes de esa cercanía.

El mensaje es claro: “Vayan y proclamen por el camino que ya se acerca el Reino de los cielos”, la tardanza de su llegada a nosotros dependerá de la disposición que demos a la acción del Espíritu Santo en nuestro interior.

Dios siempre se ha mostrado atento y misericordioso, no es cosa del Nuevo Testamento solamente cómo podemos ver en la descripción hecha por Oseas “Yo los atraía hacia mí con los lazos del cariño, con las cadenas del amor. Yo fui para ellos como un padre, que estrecha a su criatura y se inclina hacia ella para darle de comer”.

Por cada uno de nosotros Dios siente lo mismo, “Mi corazón se conmueve dentro de mí y se inflama toda mi compasión”; no escuchemos tanto a nuestros prejuicios personales, dejemos actuar a Dios en nosotros que lo que quiere es que siempre nos mantengamos de pie. No nos postremos ante nada, mucho menos por algo que ya está vencido.

(P. JLSS)

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