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LUNES- SEMANA XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO

(Gal 4, 22-24. 26-27. 31 – 5, 1 / Sal 112 / Lc 11, 29-32)

Para responderle al Señor con libertad y prontitud debemos evitar que cualquier sentimiento o cuestión negativa anide en nosotros y endurezca nuestros corazones. Un corazón endurecido ya no permite la entrada de nada, ni siquiera de la gracia. ¿Permitimos que Dios actúe en nosotros o ya estamos ensimismados?

Las palabras de Jesús en el Evangelio son muy fuertes: “La gente de este tiempo es una gente perversa. Pide una señal, pero no se le dará más señal que la de Jonás…”, en ocasiones nos pasa igual, andamos pide y pide “señales”, pero desaprovechamos el don que tenemos y supera toda señal, el amor y la gracia de Dios.

Por su parte, los Gálatas, son exhortados por el apóstol a reconocer la grandeza de la libertad que Cristo nos trajo, la fuerza de su gracia, lo bello de ser hijos de la promesa. Dios no nos quiere esclavizados por nada ni por nadie, “Cristo nos ha liberado para que seamos libres”.

Pidamos a Dios que derrame su Espíritu Santo en cada uno de nosotros para luchar diariamente por conservar la libertad que Cristo nos ha otorgado, siendo conscientes de la grandeza de Jesús y así no someternos de nuevo al yugo de la esclavitud del cuál ya hemos sido sacados por amor.

(P. JLSS)

DOMINGO XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO

DOMINGO XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO
(Sb 7, 7-11 / Sal 89 / Hb 4, 12-13 / Mc 10, 17-30)

Este día escuchamos en el Evangelio un escena en la que bien nos podríamos identificar todos nosotros, el hombre se acerca corriendo a Jesús para preguntarle qué debía hacer para ganar la vida eterna, desgraciadamente este hombre no estaba dispuesto a responder la las exigencias que podría traer la respuesta del Señor.

“La palabra de Dios es viva, eficaz y más penetrante que una espada de dos filos… descubre los pensamientos e intenciones del corazón.” ¿Quieres saber que necesitas hacer para obtener la vida eterna? Escucha al Señor y se obediente a aquello que te pida, confiando sólo en él.

Otra cosa triste que vimos en el Evangelio es lo que impide la respuesta libre a Dios, tener el corazón en las riquezas más que en Él, “Hijitos, ¡qué difícil es para los que confían en las riquezas, entrar en el reino de Dios!. Porque si les va bien, terminaran por olvidarse de Dios por creer que todo lo pueden alcanzar con dinero; para los que les fue mal, porque terminaran culpando de todo Dios de su desgracia.

Pidamos a Dios ser capaces de reconocer el verdadero valor de su presencia en medio de nosotros, valorar más su misericordia; que venga a nosotros el espíritu de sabiduría para dar su justo valor a todo. Siendo conscientes de esto, no temeremos ninguna pobreza, porque seremos conscientes de que nada nos arrebatará nuestra mayor riqueza: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

(P. JLSS)

SABADO – SEMANA XVII DEL TIEMPO ORDINARIO

(Gal 3, 21-29 / Sal 104 / Lc 11, 27-28)

Después de la manera tan clara en que Jesús contesta a quienes dudaban de él y querían ponerle a prueba, a los que decían que expulsaba a los demonios por el poder de Belzebú, se le acerca esta mujer que le elogia diciéndole “¡Dichosa la mujer que llevó en su seno y cuyos pechos te amamantaron”. Pero Jesús no se deja distraer de su misión ni quiere que nos distraigamos nosotros.

Nuestra fe y confianza deben estar centradas totalmente en Él, por ello cuando la mujer le dice aquella frase, Jesús le responde: “Dichosos todavía más los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica”. Con esto no desprecia a María, lo que se busca es que no nos distraigamos, María cumplió su misión ¿y nosotros la estamos cumpliendo?

Pablo continuando con su enseñanza a los Gálatas les dice: “la ley se hizo cargo de nosotros, como si fuéramos niños, para conducirnos a Cristo, a fin de que fuéramos justificados por la fe. Pero una vez que la fe ha llegado, ya no estamos sujetos a la ley”. Nosotros debernos movernos siempre en correspondencia al amor y misión que se nos ha dado siempre.

Los que hemos sido incorporados a Cristo por el bautismo, hemos sido revestidos de él. “Ya no existe diferencia entre judíos y no judíos, entre esclavos y libres, entre varón y mujer, porque todos ustedes son uno en Cristo Jesús”. Escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica nos traerá la dicha de sabernos protegidos, de contar con el amor del Padre y la fuerza del Espíritu Santo. No nos distraigamos con la misión del otro, hagamos lo que nos toca confiando en lo que somos y poseemos.

(P. JLSS)

VIERNES – SEMANA XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO

(Gal 3, 7-14 / Sal 110 / Lc 11, 15-26)

¿En qué debemos centrar nuestra atención para actuar conforme a la voluntad de Dios? ¿En un listado de preceptos o en la obra de Jesús? La respuesta es obvia, pero desgraciadamente a muchos de nosotros se nos educó de tal manera que, nuestra relación con Dios, queremos basarla según a lo que hemos hecho o dejado de hacer.

Los fariseos por aferrarse a un listado de preceptos, se cerraron a la novedad del Evangelio, Jesús había liberado a alguien de un demonio y aún cuando ellos fueron testigos del prodigio prefirieron mejor difamarle: “Éste expulsa a los demonios con el poder de Belzebú, el príncipe de los demonios”. Todo por no abrirse a la novedad…

Lo anterior para los que se aferran a estructuras acostumbradas, pero también es cierto que existen otro tipo de personas para las cuales es más sencillo que se le diga que hacer y que no hacer, que tener que corresponder libremente al impulso del Espíritu Santo. ¿De qué grupo formamos parte?

Hay que pedirle hoy al Espíritu Santo que aumente en nosotros la fe, para alcanzar a comprender, cada día más, la grandeza de nuestra redención y de el amor del padre que este encierra, y así actuar en correspondencia al amor y no por miedo a fallar un listado, que nuestro miedo sea fallarle al que nos ha amado tanto.

(P. JLSS)

JUEVES – SEMANA XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO

(Gal 3, 1-5 / Lc 1 / Lc 11, 5-13)

Unámonos a Zacarías que gozoso al conocer a Jesús exclamó ¡Bendito sea el Señor, Dios de Israel! Cuando contempló al Mesías, reconoció en su hijo el cumplimiento de las promesas de Dios, “ha hecho surgir en favor nuestro un poderoso salvador en la casa de David, su siervo. Así lo había anunciado desde antiguo, por boca de sus santos profetas”.

¿Te regocija el experimentar la gratuidad del amor de Dios, su acción en tu vida, contar con Él? Dejemos que la alegría del Espíritu nos invada completamente, recordemos aquellas palabras de San Pablo: “cuando Dios les comunica el Espíritu Santo y obra prodigios en ustedes, ¿lo hace porque ustedes han cumplido lo que manda la ley de Moisés, o porque han creído en el Evangelio?”.

Ni tú, ni yo, hicimos algo para alcanzar la salvación (cf. Ef 2, 8), esta es un don de Dios, lo único que tuvimos que hacer nosotros fue: aceptar el Señorío del Señor Jesús en nuestras, renunciar al pegado, aceptando el amor que Dios nos tiene y al Espíritu Santo a nuestros corazones.

Acerquémonos a Dios sin miedo, confiados en su amor, pidámosle por nuestras necesidades, busquémosle siempre que lo necesitemos. Y si algo no nos permitiera acercarnos, recordemos las palabras de Jesús: “si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¿cuánto más el Padre celestial les dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan?”.

(P. JLSS)

MIÉRCOLES – SEMANA XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO

(Gal 2, 1-2. 7-14 / Sal 116 / Lc 11, 1-4)

Ayer meditamos cómo hay personas que les interesa más “atender” a Jesús (como a Marta) y otras que prefieren disfrutar de su presencia (como a María), quien acepta a Jesús en su corazón y vida, debe preocuparse más por disfrutar su acción que por ver qué hacer para agradarle, ya le agradamos.

Estar con Jesús nos hará cada vez más libres, esa libertad es la que contemplamos en Pablo, supo cuando debía ir con los apóstoles para tener comunión, supo acatar lo que le pidieron acerca de preocuparse de los pobres. Pero también supo corregir a su hermano cuando daba mal testimonio.

Tenía la libertad que da la gracia del Espíritu Santo y la confianza puesta en Dios, por ello se acerca a Pedro y le reprocha el estar queriendo quedar bien con los judíos, primero lo primero: “Si tú, que eres judío, vives como un pagano y no como un judío, ¿por qué quieres ahora obligar a los paganos convertidos a que vivan como judíos?”. Cómo buena corrección fraterna, fue de frente y en persona.

Esta corrección también puede ir para nosotros, si existen ocasiones en la que escondemos nuestra fe o nuestras costumbres cristianas por el qué dirán, es señal de que no estamos disfrutando a Jesús, lo queremos atender nomas… disfrutemos este ser hermanos todos, hijos de un mismo Padre, poseedores del Espíritu Santo y vivamos conforme a lo que somos y ya tenemos.

(P. JLSS)

MARTES – SEMANA XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO

(Gal 1, 13-24 / Sal 138 / Lc 10, 38-42)

Es muy edificante recordar que Dios nos conoce plenamente, como hizo el salmista: “Tú me conoces, Señor, profundamente: tú conoces cuándo me siento y me levanto, desde lejos sabes mis pensamientos, tú observas mi camino y mi descanso, todas mis sendas te son familiares”. Porque nos hacemos capaces de reconocer más ampliamente su misericordia.

¿Utilizas tu pasado como para impulsarte a ser mejor o sólo para añorar otros tiempos? Pablo nunca se distrajo con su vida, siempre supo reconocer que Dios lo había elegido, confió más en Dios que en su pecado. “Pero Dios me había elegido desde el seno de mi madre, y por su gracia me llamó. Un día quiso revelarme a su Hijo, para que yo lo anunciara entre los paganos”.

Hay que escuchar la palabra de Dios y ponerla en práctica… el mensaje que anunciaron todos los apóstoles es el mismo que hasta hoy se anuncia y que no debemos sacar de nuestra mente y corazón: Dios nos ha amado profundamente y ha querido rescatarnos de la esclavitud del pecado para que libremente le sigamos.

En el Evangelio escuchamos la ocasión en que Jesús fue invitado por una mujer a su casa y cómo ésta se afanaba más en atenderle que en disfrutar su visita. Cuidemos que no nos pase igual. Escojamos la mejor parte, que es disfrutar de la presencia de nuestro Señor, eso nadie nos lo quitará.

(P. JLSS)

LUNES – SEMANA XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO

(Gal 1, 6-12 / Sal 110 / Lc 10, 25-37)

¿Te olvidas fácilmente de la acción de Dios? Los miembros de la comunidad de Galacia se dejaron endulzar el oído fácilmente y algunos comenzaron a abandonar la verdadera fe por un discurso que les era más conveniente o cómodo ¿Te suena esto?.

Pablo se molesta mucho por esto actitud acomodaticia, incluso dice dos veces “si alguno les predica un Evangelio distinto del que ustedes han recibido, que sea maldito”. Y es que, si bien es cierto que el seguimiento de Jesús es emocionante y amoroso, también es exigente. Cómo el Papa dijo en un discurso: la fe es entera no se licúa.

Los mandamientos que se nos dan para alcanzar la vida eterna son estos dos: “Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu ser, y a tu prójimo como a ti mismo”, sin justificar jamás nuestras faltas de caridad.

Tenemos que seguir el ejemplo de nuestro Señor, que al igual que el buen samaritano, se acercó a nosotros cuando aún ni lo conocíamos, nos salvó, curó nuestras heridas, nos dejó bajo el cuidado y guía del Espíritu Santo, tuvo compasión de nosotros… pensemos en nuestra salvación, agradezcámosle al Señor su amor e imitemos su forma de actuar.

(P. JLSS)

SÁBADO – SEMANA XXVI DEL TIEMPO ORDINARIO

(Jb 42, 1-3. 5-6 / Sal 118 / Lc 10, 17-24)

La alegría de ser cristianos, va más allá de todo mal o sufrimiento, de todo pecado, porque nace de saber que por la acción de Jesucristo nuestros nombres están escritos en el cielo, necesitamos crecer en sencillez para poder reconocer su continuo paso por nuestras vidas.

Debemos pedir este don, el de la sencillez, para comprender y gustar sus preceptos, y fiarnos en ellos, como dice el salmo, así podremos reconocer lo provechoso que llega a ser el sufrimiento para lograrlo, pues cuando le permitimos a Dios formar parte con nosotros experimentamos también su fortaleza.

Cómo le pasó a Job, después de tanto sufrimiento y de padecerlo con fe, reconoce la omnipotencia de Dios, que nada es imposible para Él y llega a aceptar: “yo te conocía de oídas, pero ahora te han visto mis ojos; por eso me retracto de mis palabras y me arrepiento…”

Pidamos a Dios el don de la sencillez, que nos alegremos de contar con Jesús con su gracia, con el Espíritu Santo y que esto destruya todas nuestras inseguridades y miedos sin sentido, pues contamos con Dios y eso debe bastarnos. “¡Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has concedido estas cosas a los sabios y entendidos, y la has revelado a la gente sencilla!”

(P. JLSS)

VIERNES – SEMANA XXVI DEL TIEMPO ORDINARIO

(Jb 38, 1. 12-21; 40, 3-5 / Sal 138 / Lc 10, 13-16)

Qué hermoso es el poder reconocer la confianza que Dios nos ha tenido, ser conscientes de que aún cuando nos conoce profundamente: cuando nos sentamos y levantamos, nuestros pensamientos, nuestros caminos y descansos, aún cuando todas nuestras sendas le son familiares… él sigue confiando y nos ha colmado de bendiciones.

Cuando miramos únicamente lo que nos hace falta, sólo hay carencias en nuestros pensamientos y no somos capaces de todas las bendiciones que Dios nos da y ha dado ¿Has agradecido hoy lo que Dios te ha dado o sólo has renegado por lo que te falta?

En su diálogo con Dios, Job es capaz de reconocer la inmensidad de su acción hasta que escucha todo lo que Él le dice, acepta haber hablado a la ligera y su necesidad de guardar silencio, es hasta entonces que reconoce la acción de Dios en su vida.

Hagamos hoy lo mismo, guardemos silencio y comencemos nuestra oración agradeciendo lo mucho o poco que tengamos, si no, corremos el riesgo de que nos pase cómo a las ciudades de Corazaín o a Betsaida, que vivían indiferentes o angustiadas por ignorar todo lo que Dios ya había realizado en ellas.

(P. JLSS)

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