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LUNES DE LA SEMANA II DEL TIEMPO ORDINARIO

(1 Sam 15, 16-23 / Sal 49 / Mc 2,18-22)

¿Mis prácticas de sacrificios o penitencias personales se fundamentan en una búsqueda de mayor perfección o se hacen por un “deber ser” como a manera de castigo? “En una ocasión en que los discípulos de Juan el Bautista y los fariseos ayunaban…” A Jesús le cuestionan porque no hace algo que todos hacían.

Jesús no rechaza la práctica del ayuno y la penitencia, Él mismo lo hizo en el desierto (Cf. Mc 1, 12-13) y llego a recomendar para la liberación de algunos demonios (Cf. Mc 9, 29); lo que rechaza es cuando se hacen con un espíritu farisaico. La Nueva Ley tiene un nuevo espíritu, y sus discípulos deben estar imbuidos en éste, no están sometidos ni han de copiar lo viejo.

Escuchemos la palabra de Dios que “es viva y eficaz y descubre los pensamientos e intenciones del corazón”. Ella nos hará reconocer la misericordia de Dios y descubrir, como lo hizo con Saúl, el inmenso amor y la gratuidad en todo lo que Él nos ha dado, al rey le confronta: “Aunque a tus propios ojos no valías nada, ¿no llegaste acaso a ser el jefe de Israel? El Señor te ungió como rey de Israel.

Cuando uno se olvida de la grandeza de la Misericordia va a querer agradar a Dios siguiendo parámetros ajenos, pero cuando se goza en el amor y la gracia buscará hacerlo desde la experiencia personal y mediante un total abandono a su Voluntad. “¿Crees tú que al Señor le agradan más los holocaustos y los sacrificios que la obediencia a sus palabras? La obediencia vale más que el sacrificio, y la docilidad, más que la grasa de los carneros”.

(P. JLSS)

VIERNES DE LA II SEMANA DE ADVIENTO

(Is 48, 17-19 / Sal 1 / Mt 11, 16-19)

Cuando uno se esfuerza por ser fiel y aceptar la voluntad de Dios en su vida, necesariamente tiene que dejarse instruir por Él, porque para poder lograr tenerle también presente en todas sus decisiones personales.

Si nos dejamos iluminar por la luz del Espíritu Santo y permitimos que Él nos impulse, se acrecentará en nosotros la certeza de que el Señor, nuestro Dios, siempre nos instruye en lo que es provechoso, y de que Él siempre nos guía por el camino que debes seguir.

¿Nuestras acciones hacia donde nos conducen? Si permanecemos fieles al Señor seremos “como un árbol plantado junto al río, queda fruto a su tiempo” y nada nos marchitará, que nos impulse nuestra esperanza, “el Señor protege el camino del justo y al malo sus caminos acaban por perderlo”.

Pidámosle a dejarnos conducir por el poder de su gracia y por todo el amor que nos ha demostrado, porque la sabiduría de Dios se justifica por sus obras, todo lo que hace para que no seamos esclavos de nada, sólo del amor, que no se nos pueda reclamar después: “Tocamos la flauta y no han bailado; cantamos canciones tristes y no han llorado”.

(P. JLSS)

Misa Crismal 2017

Mexicali, B.C. 10 abril 2017.

    Con motivo de la Semana Santa se llevara a cabo la celebración de la Misa Crismal en la Catedral de Nuestra Señora de Guadalupe el martes 11 de abril a las 6:00pm donde participaran todas las comunidades parroquiales.

    La Misa Crismal se llama a la celebración del Obispo con todos los presbíteros y diáconos; es una de las principales manifestaciones de la plenitud sacerdotal del Obispo.

   En la cual se realiza la renovación la consagración del crisma, bendición de los oleos (enfermos y catecúmenos) y la renovación de las promesas sacerdotales.

   En el marco de los 50 años de la Diócesis, motivamos e invitamos a todos a participar de esta solemne Eucaristía y al mismo tiempo a que oren y feliciten a los Sacerdotes de su comunidad en esta misión que Dios le ha encomendado.

   Así mismo concientizamos a vivir de una manera activa el Triduo Pascual en las celebraciones litúrgicas en sus comunidades, iniciando con el Jueves Santo en la Solemne Eucaristía de la Ultima Cena, el Viernes Santo participando en el Viacrucis, las 7 Palabras y la celebración de este día más importante es la Pasión del Señor, donde no se celebra Misa, pero se reflexiona y se comulga; el Sábado es la Vigilia Pascual que es el centro y culmen de nuestra fe.

   El salario del pecado es la muerte; pero el don de Dios es la vida eterna, unidos a Cristo Jesús, Señor nuestro. (Rm. 6,23).

SABADO DE LA II SEMANA DE ADVIENTO

(Si 48, 1-4. 9-11 / Sal 79 / Mt 17, 10-13)

La aclamación antes del Evangelio: “Preparen el camino del Señor, hagan rectos sus senderos, y todos los hombres verán al Salvador”. Nos recuerda la importancia que tiene la disposición en este camino de preparación para la llegada del Señor a nuestras vidas.

Preparar el camino al Señor, significa luchar por reconocer su voz por medio de sus precursores ¡Cuántos precursores del Señor nos encontramos diario! En nuestra familia, trabajo, escuela, en las diversas situaciones y circunstancias de nuestra vida, siempre se presenta algo o alguien que si tenemos disposición nos conduciría a Dios.

Debemos pedirle al Padre que envíe a nosotros la luz del Espíritu Santo para tener nuestro ser siempre dispuesto para reconocer, en la alegría o en la tristeza, la oportunidad existente para acrecentar nuestra cercanía con Cristo.

Señor sabemos que nos proteges porque Tú nos has salvado, elegido en Cristo y fortalecido con el Espíritu. Haz que por medio de sus inspiraciones cuidemos nunca separarnos de ti. Consérvanos la vida y alabaremos tu poder.

(P. JLSS)

LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA

(Gn 3,9-15. 20 / Sal 97 / Ef 1, 3-6. 11-12 / Lc 1, 26-38)

El Dogma de la Inmaculada Concepción es definido como sigue: “La doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús, Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser, por tanto, firme y constantemente creída por todos los fieles” (Ineffabilis Deus, 18)

¿Qué es, concretamente, lo que el dogma declara? Que la virgen María nació sin mancha del pecado original; cabe aclarar que esto es una gracia especial que Dios le concede, por el Hijo, puesto que será de ella que tomará carne él. ¿Cómo creer pecadora la carne que se le dará al hijo?

“Lo que la fe católica cree acerca de María se funda en lo que cree acerca de Cristo, pero lo que enseña sobre María ilumina a su vez la fe en Cristo” (CCE 487). Este Dogma es celebrado en la Iglesia Oriental como el misterio de la Madre de Dios “la Toda Santa” (Panaghia), la “inmune de toda mancha de pecado y como plasmada y hecha una nueva criatura por el Espíritu Santo” (LG 56).

Por la gracia de Dios, María ha permanecido pura de todo pecado personal a lo largo de toda su vida; pidámosle a ella reconocernos también nosotros elegidos por Dios, porque nos ama, sigamos su ejemplo y seamos esclavos de Dios, sometámonos al poder de su amor en nuestras vidas.

(P. JLSS)

MIÉRCOLES DE LA II SEMANA DE ADVIENTO

(Is 40, 25-31 / Sal 102 / Mt 11, 28-30)

“Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga, ligera”. Cada que escuchaba este pasaje del Evangelio y me encontraba en un momento de difícil, me parecía hasta burlesco.

Hasta un día en el que miré lo que era una yunta, ese instrumento por el que dos mulas o bueyes son unidos por medio del yugo para que juntos jalaran los carros, arados, etc.; al verlas y se me vino a la mente la imagen de un niño que ayuda a un adulto a cargar algo, el niño puede poner todas sus fuerzas pero el mayor peso lo lleva el adulto.

Desde ese momento cada que me vienen tiempos difíciles, pienso en esa imagen del niño y mi corazón se llena de gozo porque recuerdo que el mayor peso él lo lleva y yo no voy solo. Hoy se nos invita en la palabra precisamente a esto, a que en los momentos de tristeza o prueba, recordemos al Señor que nos dice: “Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga, y yo les daré alivio”.

“El Señor es compasivo y misericordioso, lento para enojarse y generoso para perdonar. No nos trata como merecen nuestras culpas, ni nos paga según nuestros pecados”. Dios no se cansa, ni se fatiga siempre está al pendiente para amarnos y cuidarnos.

Dios nos conceda este día no olvidar, siguiendo la Primera Lectura, que: “aquellos que ponen su esperanza en el Señor, renuevan sus fuerzas; les nacen alas como de águila, corren y no se cansan, caminan y no se fatigan”.

(P. JLSS)

MARTES DE LA II SEMANA DE ADVIENTO

(Is 40, 1-11 / Sal 95 / Mt 18, 12-14)

¿De qué tienes lleno el corazón? ¿Tienes la tranquilidad de quien se sabe protegido y salvado por Dios? Son dos preguntas en las que vale la pena que nos detengamos este día si sinceramente nos estamos preparando para que el Señor llegue a nuestro corazón.

La Lectura del Profeta Isaías nos hace la invitación a responderlas: “Una voz clama: Preparen el camino del Señor en el desierto, construyan en el páramo una calzada para nuestro Dios”. Así como el día de ayer meditábamos al inválido que dejó ser llevado ante Jesús, hoy podemos meditar en nuestra disposición para recibirle.

Y es que en nuestros momentos de “desierto” corremos el riesgo de distraernos y dejarnos ir sobre cualquier espejismo en lugar de anhelar con mayor fuerza la llegada del Señor. Hoy Dios quiere gritar a nuestros corazones que ya se acabó el tiempo de la servidumbre y, aunque pareciera que somos nosotros los que nos estamos marchitando no debemos olvidar que puede pasar todo pero la Palabra de Dios jamás, permanece para siempre.

No hay por qué sentir desconfianza cuando Jesús es la muestra de que Dios siempre nos busca, se preocupa por nosotros cuando estamos extraviados, como nos lo enseñó el Evangelio: “el Padre celestial no quiere que se pierda uno solo”.

El Padre siempre nos busca, la pregunta es: ¿te dejarás encontrar?

(P. JLSS)

LUNES DE LA II SEMANA DE ADVIENTO

(Is 35, 1-10 / Sal 84 / Lc 5, 17-26)

Preparemos el camino al Señor que viene a salvarnos diariamente, aquel en quien hemos sido testigos que “La misericordia y la verdad se encontraron, la justicia y la paz se besaron, la fidelidad brotó en la tierra y la justicia vino del cielo.” Para cada uno de nosotros.

Jesús vino a librarnos de toda esclavitud, de todo pecado y a hacernos libres de toda desconfianza que pudiera existir para la voluntad de Dios. Pues es en él que se demuestra que para Dios todos somos importantes por pura misericordia.

La primera lectura es esperanzadora, es un llamado a no olvidar que: ¿estás sediento? Acércate al agua viva… ¿tienes el corazón apocado? ¡Animo no temas, he aquí que Dios ya vino a salvarte! Confía en Dios, deja que él te convierta en río de agua viva.

Caminemos por la calzada ancha, por el camino Santo de los redimidos, alegremente pues la pena y la aflicción han sido derrotadas ya por Jesucristo; Pidamos a Dios que la certeza de nuestra redención convierta en escolta nuestra el gozo y la dicha de ser conscientes del inmenso amor de Dios.

La escena de la curación del paralítico del evangelio de este día es muy famosa por los amigos que hasta desprenden un techo para llevar a su amigo enfermo al Señor; en lo que no se piensa mucho es en el paralítico, él se dejó llevar.

Preparar el camino para la llegada del Señor a nuestras vidas por lo general comenzará por la docilidad para acercarnos ¡Dejemos que nos acerquen a Cristo, vale la pena!

(P. JLSS)

SABADO DE LA I SEMANA DE ADVIENTO

(Is 30, 19-21. 23-26 / Sal 146 / Mt 9, 35 – 10, 1. 6-8)

Justo antes de escuchar el evangelio, aclamamos: “El Señor es nuestro juez, nuestro legislador y nuestro rey; él vendrá a salvarnos”. ¡Cuánta tranquilidad nos debe dar esta breve frase! Pues se reconoce en ella la misericordia del Padre y la grandeza del Mandamiento del Amor.

Jesús en el Evangelio aparece pidiéndonos orar por las vocaciones, porque “la cosecha es mucha y los trabajadores, pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos”. Jesús se compadece de la gente que, en toda ciudad y pueblo, mira extenuada y desamparada como oveja sin pastor.

El señor manda a los doce a que vayan por las ovejas perdidas, si he comprendido la grandeza del amor de Dios por mi ¿Cómo puedo callar cuando me encuentro con “ovejas perdidas”?

Jesús es el cumplimiento de todas las profecías, hoy en la primera lectura escuchamos que “El Señor misericordioso, al oír tus gemidos, se apiadará de ti y te responderá, apenas te oiga”. Es precisamente lo que Dios hace por nosotros, se apiada y nos responde siempre. Él ya no quiere que vivas en tinieblas, acércate sin miedo a él para que sea su luz la que disipe cualquier oscuridad.

Si confesamos que el Padre nos ha demostrado tanto amor en el Hijo y nos ha participado del Espíritu Santo es nuestro Juez, legislador y el Rey ¿Por qué temer acercarnos a él?

(P. JLSS)

VIERNES DE LA I SEMANA DE ADVIENTO

VIERNES DE LA SEMANA I DE ADVIENTO
(Is 29,17-24 / Sal 26 / Mt 9,27-31)

En esta espera del Señor que hacemos en el adviento un punto muy bueno para meditar es la confianza ¿Qué tanto dejo que Cristo sea quien ilumine mi vida, que tanto lo miro como mi defensa y fortaleza? ¿Busco estar siempre cerca del Señor?

Nosotros hemos contemplado en Jesucristo, las profecías ya cumplidas pues él hace recobrar el oído a los sordos, vista a los ciegos, a los oprimidos les devuelve siempre la alegría y en él los pobres jamás se sentirán abandonados.

“Ya viene el Señor, nuestro Dios, con todo su poder para iluminar los ojos de sus hijos”, Jesús se nos acerca ¿Escuchas su mensaje? Pídele que abra tus oídos; ¿Te sientes en tinieblas? Pídele que te ilumine; ¿Tienes algún problema u opresión? Sé dócil al Espíritu Santo para que vuelva a tu vida la alegría y la certeza de su cercanía.

En el Evangelio hemos escuchado el pasaje de los dos ciegos que son curados, son dos personas que desean recobrar la vista (ser capaces de percibir algo mediante la acción de la luz), nosotros que queremos recobrar nuestra percepción de la acción de Jesucristo en nuestras vidas, meditemos las cosas que el Señor dice a estos ciegos: “¿Creen que puedo hacerlo?”… “Que se haga en ustedes conforme a su fe”.

Pidamos al Señor aumente nuestra fe, para que cuando él nos toque le reconozcamos y aceptemos que todo se hace conforme a nuestra fe. Allí está la clave.

(P. JLSS)

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