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DOMINGO V DE CUARESMA

(Ez 37, 12-14 / Sal 129 / Rom 8,8-11 / Jn 11, 1-45)

La lectura del libro del profeta Ezequiel que hemos escuchado nos da un ejemplo de la misión que él tenía: por un lado animar a los Israelitas desterrados a reconocer su responsabilidad en la ruina de Jerusalén; y alentarlos a recuperar la esperanza y a luchar por la restauración del pueblo.

Pero hay una constante en las lecturas de este día: asumir la responsabilidad ante cualquier circunstancia adversa, en medio de ella reconocer la grandeza de Dios, permitir la acción de su Espíritu para después contemplar su acción. Si Dios conservara el recuerdo de las culpas ¿Quién habría que se salvara?

¿Actuamos siempre conforme a nuestra esperanza o nos distraemos fácilmente? En el Evangelio se nos cuenta la reanimación de Lázaro, se nos dice que Jesús amaba a los tres, que no los olvida aunque no llegue inmediatamente y hasta que llora ante la muerte de amigo. También se nos cuenta que la reacción de las personas involucradas en el hecho es bien distinta.

Nosotros ¿Somos “Martos” o “Maríos”? Marta rápido corre, reclama tiene fe en Jesús y se lo dice; María, por su parte, espera a que Jesús le llame, va a donde está él y le dice las mismas palabras que su hermana pero ésta está angustiada, ella cree y confía en el Señor.

Pidámosle a Dios hoy a Dios que nos reanime con su Espíritu, siendo dóciles, escuchemos la voz de Jesús que nos ordena salir de aquellos sepulcros en los que nos hemos metido, y por nuestro nombre nos dice: ¡Sal de allí!

(P. JLSS)

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