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DOMINGO V DE CUARESMA

(Jer 31, 31-34 / Sal 50 / Hb 5, 7-9 / Jn 12, 20-33)

Invitación al seguimiento, a escuchar a Jesús, a tener libertad de afectos, a gozar la alegría de nuestra salvación… son las temáticas que a lo largo de estos domingos hemos ido llevando, hoy la invitación es a dejar que todo esto renueve nuestro corazón continuar creciendo en el conocimiento de Dios.

Para ello pidámosle junto con el salmista: “Crea en mí, Señor, un corazón puro, un espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos… Devuélveme tu salvación, que regocija, y mantén en mí un alma generosa”. Que no se nos olvide la ley del amor que Dios nos ha dado al perdonar nuestras culpas y olvidar nuestros pecados.

La misericordia de Dios, palpable en la Cruz, debería bastarnos para no sentirnos desamparados jamás, y en los momentos de aflicción seguir el ejemplo de Cristo: “Ahora que tengo miedo, ¿le voy a decir a mi Padre: `Padre, líbrame de esta hora’? No, pues precisamente para esta hora he venido. Padre, dale gloria a tu nombre”. Él supo aceptar la voluntad de Dios y nos ha pedido seguirle, para que donde esté él también estemos nosotros.

Cristo “a pesar de que era el Hijo, aprendió a obedecer padeciendo, y llegado a su perfección, se convirtió en la causa de la salvación eterna para todos los que lo obedecen”. Sólo quien se abandona al amor infinito de Dios es capaz de distinguir bien lo que proviene de Dios y lo que no y, con esta clara distinción su reacción en los tiempos de adversidad es distinta pues no se olvida de Dios y su amor.

(P. JLSS)

DOMINGO V DE CUARESMA

(Ez 37, 12-14 / Sal 129 / Rom 8,8-11 / Jn 11, 1-45)

La lectura del libro del profeta Ezequiel que hemos escuchado nos da un ejemplo de la misión que él tenía: por un lado animar a los Israelitas desterrados a reconocer su responsabilidad en la ruina de Jerusalén; y alentarlos a recuperar la esperanza y a luchar por la restauración del pueblo.

Pero hay una constante en las lecturas de este día: asumir la responsabilidad ante cualquier circunstancia adversa, en medio de ella reconocer la grandeza de Dios, permitir la acción de su Espíritu para después contemplar su acción. Si Dios conservara el recuerdo de las culpas ¿Quién habría que se salvara?

¿Actuamos siempre conforme a nuestra esperanza o nos distraemos fácilmente? En el Evangelio se nos cuenta la reanimación de Lázaro, se nos dice que Jesús amaba a los tres, que no los olvida aunque no llegue inmediatamente y hasta que llora ante la muerte de amigo. También se nos cuenta que la reacción de las personas involucradas en el hecho es bien distinta.

Nosotros ¿Somos “Martos” o “Maríos”? Marta rápido corre, reclama tiene fe en Jesús y se lo dice; María, por su parte, espera a que Jesús le llame, va a donde está él y le dice las mismas palabras que su hermana pero ésta está angustiada, ella cree y confía en el Señor.

Pidámosle a Dios hoy a Dios que nos reanime con su Espíritu, siendo dóciles, escuchemos la voz de Jesús que nos ordena salir de aquellos sepulcros en los que nos hemos metido, y por nuestro nombre nos dice: ¡Sal de allí!

(P. JLSS)

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