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DOMINGO IV DE ADVIENTO

(Miq 5, 1-4 / Sal 79 / Hb 10, 5-10 / Lc 1, 39-45)

¿Qué sentimientos surgen en ti al aproximarse el festejo de la navidad? el profeta Miqueas nos decía “el Señor abandonará a Israel, mientras no dé a luz la que ha de dar a luz…”, lo que quiere decir que después del nacimiento de Jesús ninguno de nosotros nos podemos sentir abandonados.

Da el profeta otra característica importante, “Ellos habitarán tranquilos, porque la grandeza del que ha de nacer llenará la tierra y él mismo será la paz”. ¿Qué tanta tranquilidad tenemos en estos momentos? Para que ésta se acreciente, es necesario repetir las palabras del Salmo “Señor muéstranos tu favor y Sálvanos”.

“La Palabra se hizo carne” (Jn 1,14), «Aquí la palabra “carne” –según la costumbre hebraica– se refiere a la persona integralmente, en su totalidad, a su aspecto de caducidad y temporalidad, su pobreza y su contingencia. Y ello para decirnos que la salvación traída por el Dios hecho carne en Jesús de Nazaret, abraza al hombre en su realidad concreta y en cualquier situación en la que se encuentre» (Benedicto XVI). y nos enseña además como debe ser nuestro abandono y aceptación a la voluntad de Dios, suprimiendo en los antiguos sacrificios, para establecer el nuevo.

Pidámosle a nuestro Padre que acreciente en nosotros el gozo por la navidad, que podamos, al igual que Isabel, llenarnos de gozo por la cercanía de la celebración de nuestra redención. Que el Espíritu Santo grabe en nuestras mentes y en nuestros corazones la certeza de ser dichosos, porque se cumplirá en nosotros todo lo anunciado de parte del Señor.

(P. JLSS)

DOMINGO IV DE ADVIENTO

(2 Sam 7, 1-5. 8-12. 14. 16 / Sal 88 / Rom 16, 25-27 / Lc 1, 26-38)

María, la esclava del Señor, este domingo se nos propone como modelo de espera confiada en Dios; su espera estuvo llena de esperanza y fe, no era ingenua: ante el anuncio del ángel se cuestiona qué significaban sus palabras, y ante la maternidad se cuestiona cómo podría ser eso si ella es virgen. Se cuestiona y cree en las respuestas que se le dan.

¿Qué tanta fe tienes en que Dios puede y quiere formar parte de tu vida? ¿Le dejas? David reconoce la bonanza que le estaba tocando vivir y quiere construir una casa “digna” para Dios, se estaba distrayendo por ello Dios le reprende: “¡Piensas que vas a ser tú el que me construya una casa, para que yo habite en ella? Yo te saqué de los apriscos y de andar tras las ovejas, para que fueras el jefe de mi pueblo, Israel.”

La razón de que Dios reprenda a David no es por su idea buena de construirle una casa, le está llevando a que reconozca la misericordia que ha tenido al protegerle, que reconozca que su acción en su vida ha sido demasiado cercana, no se le puede pagar su bondad con casitas o monedas, se puede corresponder a su amor amando a los demás.

En Cristo, Dios nos ha mostrado que su amor por nosotros es para siempre y su lealtad más firme que los cielos, con ello nos invita a proclamar sin cesar su misericordia y a dar a conocer a todos que su misericordia es eterna; dejémonos vencer por su amor, y digámosle como María: «soy tu esclavo(a), que se cumpla en mi todo lo que has dicho», te creo.

(P. JLSS)

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