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MARTES SANTO

(Is 49, 1-6 / Sal 70 / Jn 13, 21-33. 36-38)

En momentos de tranquilidad es muy fácil decir “yo creo”, pero a todos en algún momento se nos presentan situaciones en las que simplemente debemos confiar en lo que creemos, situaciones que Dios permite para hacernos madurar en la certeza de que su amor y cuidado superan completamente todas nuestras expectativas.

Pero no debemos apresurarnos, en los momentos difíciles debemos acercarnos a Jesús, acudir a aquellos que nos puedan orientar, acudir a Jesús para encontrar respuestas. En estos momentos, la paciencia será muy importante. El gozo de la Resurrección, no vino hasta después de la vivencia de la Cruz.

Abandonarse a Dios en los momentos difíciles, no tratando de cambiar nada que no esté a nuestro alcance y confiar en Él… sólo abandonándonos a la voluntad de Dios podremos descubrir “en vano me he cansado, inútilmente he gastado mis fuerzas; en realidad mi causa estaba en manos del Señor, mi recompensa la tenía mi Dios”

Si somos de los que mojamos nuestro pan en la mesa con Jesús no podemos permitir que nada nos paralice o haga olvidar el inmenso amor de Dios por nosotros. Pidamos a Dios que la Cruz del Señor ilumine siempre nuestras vidas para no temer y siempre tener presente que la Cruz es momentánea, pero la recompensa de perseverar en la fe, eterna.

(P. JLSS)

SÁBADO DE LA SEMANA I DE ADVIENTO

(Is 30, 19-21. 23-26 / Sal 146 / Mt 9, 35 – 10, 1. 6-8)

En el tiempo de Adviento la Iglesia nos invita a recordar que «la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros (Jn 1,14)», demostrando así que nuestro Señor es Juez (él sólo debe juzgar), legislador (de él emanan las normas) y rey (nos debe cuida, defiende y protege) ¿Qué tanto soy consciente de estas características de mi Señor?

A los apóstoles cuando los Jesús los envía a Evangelizar les habla de la pobreza que deben tener como muestra de la confianza en la providencia de Dios, “Gratuitamente han recibido este poder; ejérzanlo, pues, gratuitamente”, pero también a nosotros, este día nos invita a romper con nuestros miedos y a confiar completamente en su providencia.

Sólo nos pide, como escuchamos en la primera lectura, que sigamos su camino sin desviarnos, ni a la derecha, ni a la izquierda; él con su encarnación y redención ya nos ha demostrado como es su amor y como es su cuidado, únicamente necesitamos confiar más y no temer

Sólo abandonándonos al influjo del Espíritu Santo, es que seremos conscientes que aun cuando la vida trajera “el pan de las adversidades y el agua de la congoja”, sabemos que Dios quien nos instruye no se apartará y nuestros ojos lo verán, que lo único que nos de temor sea poner nuestra confianza en otras cosas más que en Dios.

(P. JLSS)

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