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MARTES DE LA SEMANA XII DEL TIEMPO ORDINARIO

(2 R 19, 9-11. 14-21. 31-35. 36 / Sal 47 / Mt 7,6.12-14)

¿A qué le presto más oídos: a mis pensamientos o a Dios Padre? El Rey de Asiria, Sanaquerib, confió más en su “poder”, en su ejército que en otra cosa. Ezequías por su parte dejó de lado la corona y aceptó que Dios puede más que cualquier poder temporal y que cualquier ejército.

Y tras confiar en Dios, le pide a él la victoria. Dios por su parte le hace saber que lo ha escuchado, y que protegerá y salvará por ser él quien es, y por haberse mostrado Ezequías como siervo de Dios antes que siervo de las circunstancias.

Recordemos siempre el Amor de Dios, él es quien ha querido amarnos por ser quien es, no porque nosotros seamos o dejemos de ser algo, su misericordia no reside en quien será el objeto de ella, sino en él que ha tomado la decisión de amarnos así. Pidámosle a él fe suficiente para no desconfiar nunca y mantenernos firmes.

Dejemos que sea él quien ilumine nuestras vidas, y así cuando se vengan situaciones difíciles que parezcan imposibles no andaremos en las tinieblas de la incertidumbre. Sólo así reconociendo su amor y fidelidad hacia nosotros podremos tratar al otro como queremos que se nos trate, ya que reconoceremos que aunque quizás creamos no merecer tanto existe alguien que por decisión propia nos ha hecho merecedores.

(P. JLSS)

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