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MARTES DE LA XI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

(1 R 21, 17-29 / Sal 50 / Mt 5, 43-48)

El día de hoy, en la Palabra de Dios, se nos invita a reflexionar acerca de cuál es nuestra reacción ante el pecado: por un lado podemos tender a querer auto engañarnos obligándonos a creer en contra de nuestra conciencia que la voluntad de Dios cuartea nuestra libertad (Ajab llama enemigo suyo a Elías); o por el otro, arrepentirnos, reconocer que nos dejamos llevar por nuestros deseos e ignoramos el amor de Dios.

El rey se había inclinado por la primer forma, auto engañarse queriendo ignorar las consecuencias de sus actos. Y el señor le cuestiona precisamente de eso y busca que se haga responsable: ¿Por qué te has prestado para hacer el mal ante mis ojos? “¿Además de asesinar, estás robando?” demostrando así que todo está patente a sus ojos.

Dios nos conceda reconocer siempre su misericordia, y decir junto con el salmista: “Por tu inmensa compasión y misericordia, Señor, apiádate de mí y olvida mis ofensas. Lávame bien de todos mis delitos y purifícame de mis pecados.” Para ser misericordiosos debemos reconocer que lo han sido con nosotros.

El Evangelio nos exige perfección como la del Padre, “que hace que hace salir su sol sobre los buenos y los malos, y manda su lluvia sobre los justos y los injustos.” Pidamos a Dios la capacidad de amar a los demás de esta manera, es decir, desde la experiencia extraordinaria de su misericordia.

(P. JLSS)

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