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MARTES DE LA SEMANA XXX DEL TIEMPO ORDINARIO

(Ef 5, 21-33 / Sal 127 / Lc 13, 18-21)

Siempre me ha impresionado leer a Cristo agradecerle al Padre, a quien reconoce Señor del cielo y de la tierra, por revelar los misterios del Reino a la gente sencilla; y me impresiona aún más cuando se me hace patente esto en situaciones que no llego a comprender y alguien me las aclara con sencillez de vida (por lo general son las personas mayores).

Y es porque la vida ya les ha enseñado que es verdad que, dichoso es quién teme al Señor, la dicha no está en lo que se posee sino en la estabilidad emocional y el agradecimiento por lo que la providencia nos ha dado.

En el fragmento que leímos de la carta a los Efesios, san Pablo exhorta sobre los deberes familiares en el que pide a las mujeres respeto a sus maridos y a ellos pide amar a sus esposas como Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella para santificarla. En el fondo lo que pide San Pablo es respetar el orden y la autoridad establecidas para vivir en paz.

¿Cuál es tu papel dentro del orden establecido en tu hogar? Hoy se nos invita a reconocerlo y vivirlo bien, quizás no aparezcan cambios de inmediato pero recordemos que al igual que la semilla y la poca levadura tardan un tiempo en hacer efecto, crecen muchísimo y fermentan toda la masa.

¿Por qué desesperarse o desalentarse tan pronto? Hagamos lo que nos toca confiando en la acción del Señor…

(P. JLSS)

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