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XXXI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO 

(Sb 11,22-12,2 / Sal 144 / 2 Ts 1, 11 – 2 ,2; / Lc 19, 1-10)

El domingo pasado recordamos al Publicano que se fue justificado y al fariseo interesado más en la vida de los demás que en su relación con Dios. Hoy el Evangelio de nuevo nos pone de ejemplo a un publicano.

Del de este día se nos da el nombre, Zaqueo, hasta se nos describe su estatura y su condición social (rico y jefe de publicanos)… pero se nos dice algo de mayor importancia y aunque: “trataba de conocer a Jesús; pero la gente se lo impedía”, el hace todo lo posible por lograrlo.

La primera lectura nos dice de una forma sencilla pero llena de lógica que somos amados, puesto nadie crearía algo que odiara. Bendigamos al Señor eternamente, porque es compasivo y misericordioso, siempre fiel a sus palabras… Él nos ha llamado a reconocer su amor en Jesucristo, pidámosle ser dóciles y dejar actuar su gracia en nuestro interior para sabernos plenamente amados.

Pensemos ¿Qué sería capaz de hacer para conocer a Jesús, a qué “árbol” necesito subirme para lograrlo? Sea cual sea ¡Vale la pena! Que Dios nos conceda escuchar su voz que nos dice: “bájate pronto, porque hoy tengo que hospedarme en tu casa”.

(P. JLSS)

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