VIERNES – XXXIII DEL TIEMPO ORDINARIO

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(Ap 10, 8-11 / Sal 118 / Lc 19, 45-48)

La escena del libro del Apocalipsis nos recuerda el principio del tercer capítulo del libro del profeta Ezequiel donde se le pide también comerse un rollo, como a Juan se le manda hacer con el librito: “Tómalo y cómetelo. En la boca te sabrá tan dulce como la miel, pero te amargará las entrañas”. Ya no se habla de un contenido secreto, el libro está abierto. ¿Qué tan abiertos estamos a qué la palabra de Dios produzca frutos?

Cuando uno escucha el Evangelio es dulce, pero habrá momentos en los que permanecer fieles al mismo o su proclamación implicará renuncias, no quedar bien, hasta un desagrado. Pasa igual con todo acto de libertad y autenticidad, que parece molestar a quienes viven presos del «qué dirán».

Las palabras del Señor de la aclamación se deben venir a nuestras mentes en los momentos de dificultad: “Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen…” seguir a Jesús implica el reconocimiento de que nuestro rey también tomó su cruz y a pesar de eso, hoy vive.

No dejemos que otras voces entren en nosotros, seamos dóciles al Señor y busquemos escucharle a Él. No convirtamos nuestra vida espiritual en cueva de ladrones sino que permitamos que el sea el Espíritu Santo y la palabra de Dios lo que siempre ilumine nuestro perseverar.

(P. JLSS)

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