Después de la Epifanía
(1Jn 4, 11 -18 / Sal 71 / Mc 6, 45-52)
“Todos estaban llenos de espanto y es que no habían entendido el episodio de los panes, pues tenían la mente embotada.” Con estas palabras Marcos nos justifica el miedo de los discípulos al ver a Jesús caminar sobre el agua ¿Existe algo que te este haciendo tener miedo? ¿Ya le pediste su luz en ese hecho concreto?
Sabemos que Dios nos ama y nos lo ha manifestado en Jesucristo, dándonos en Él el remedio para todas nuestras necesidades y preocupaciones (cf. Jn 3, 14-17), “Nosotros hemos visto, y de ello damos testimonio, que el Padre envió a su Hijo como salvador del mundo. Quien confiesa que Jesús es el Hijo de Dios, permanece en Dios y Dios en él.”
Se trata de dejar permanecer en el amor de Dios, porque “Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en ese amor. Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él.” En el amor no hay temor…, porque quien teme, mira al castigo, nosotros al amor.
Ante cualquier cosa que nos atemorice en estos momentos, recordemos al Señor y su poder, contamos con él. Aguardemos pacientemente, el nos dará la paz, sólo debemos dejar que se involucre en nuestra vida, para escucharle decirnos como a los apóstoles: “¡Ánimo! Soy yo; no teman…”
(P. JLSS)
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