(Is 60, 1-6 / Sal 71 / Ef 3, 2-3. 5-6 / Mt 2, 1-12)
Epifanía viene del término griego «epiphainein» que significa manifestar, de la raíz «phainein» (mostrar, hacer aparecer), «Epi» (estar encima de aquello que aparece, que brilla, o bien, viendo desde lo alto, desde donde no se puede ver). En esta solemnidad celebramos que Cristo vino a todos nosotros, su manifestación a los gentiles.
Este mismo término, cuando relacionado con el uso lingüístico militar, indica también la aparición de la divinidad para socorrer a alguien. Entendiendo esto, debemos celebrar esto considerando la venida del Señor como una prueba del amor de Dios y de su deseo de nuestro bien. No solo el de un pueblo sino el de todo aquel que acepte su salvación.
San Pablo atestigua que le fue revelado esto por el Espíritu Santo “que, por el Evangelio, también los paganos son coherederos de la misma herencia, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la misma promesa en Jesucristo…” ninguno de nosotros se debe sentir indigno del amor de Dios o lejano de las promesas del Señor.
Acudamos a Jesús y presentémosle el oro de nuestra entrega total a su autoridad, como el rey que es; el incienso de nuestra oración confiada y sincera; y la mirra de nuestro reconocimiento de su humanidad, como impulso para no rendirnos en nuestro perseverar. Gracias Señor por tu cercanía, no permitas que nos hagamos los ciegos, tú has querido manifestar la magnitud de tu amor en Jesucristo. Que vivamos conscientes de tu amor.
(P. JLSS)
0 Comments