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Meditación del Viernes 15 de enero (I semana del tiempo ordinario)

En la oración le pedíamos al Señor que conserve en nosotros la obra de su misericordia, para con ellos alcanzar la Salvación.

Siempre es necesario pedirle a Dios no olvidar su misericordia, es decir su inmenso y gratuito amor, ya que si olvidamos esto puede pasarnos como al pueblo de Israel: querer otro rey, ser como los “demás pueblos”, dejar que reine en nosotros algo ageno a Dios.

“Feliz el pueblo que alaba a Dios, a su luz camina, se alegra a todas horas y al que llena de orgullo en su justicia” decíamos en el salmo. Y es que el que está en la estabilidad del amor de Dios no se deja impresionar por nada.

Así les pasó a los amigos del paralítico del Evangelio, el techo de la casa donde estaba Jesús no era sino sólo obstáculo para llegar a él, algo que se podía quitar, su atención estaba puesta en Cristo, no en el techo.

¿Cuáles son aquellos “techos” que tenemos en nuestras vidas que creemos nos impiden acercarnos a Dios? Pongamos atención en Cristo, y eso hará que desaparezca toda fuerza de más que les hayamos dado.

(JLSS)

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