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MEDITACIÓN DEL SÁBADO DE LA PRIMERA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

En las lecturas de este sábado contemplamos la manera en que Dios elige a cada uno de nosotros, nos da la respuesta a esa pregunta que algunas veces pasa por nuestras mentes: ¿Cómo puede ser que Dios me ame tanto si soy tan pecador?

Nos invita a ser conscientes de que en el amor, para que éste rinda frutos, lo único que se debe hacer es dejarse amar y ya.

En la Primera Lectura tenemos la elección que hace Dios de Saúl como rey de Israel, Saúl estaba buscando unas burras que se le perdieron a su papá, no buscaba una corona ni un Reino, pero Dios ya lo había escogido.

En el Evangelio, Leví (Mateo) estaba trabajando cobrando impuestos, no esperaba que Jesus se fijara en él, mucho menos ser llamado a seguirlo; lo impresionante es que, en cuanto escuchó a Jesús decirle: “sígueme”, se levantó y lo siguió. Se abandonó a la elección y no al por qué de la elección.

Dios nos conceda quitar de nuestras mentes esa pregunta egoísta del ¿Cómo a mí? Y basándonos en la seguridad del amor de Dios por nosotros, escuchar y aceptar el consuelo de Jesús que nos dice: “No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido para llamar a los justos, sino a los pecadores”.

No nos ama por nuestras cualidades o limitaciones, sino porque el es Amor. Dejémonos amar.

(JLSS)

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