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Meditación del lunes 18 de enero de 2016. SEMANA II DEL TIEMPO ORDINARIO.

En la primera lectura del día de hoy continuamos la historia del Rey Saúl, ante su desobediencia por quedar bien con el pueblo, Dios a través de Samuel le reprocha: “Aunque a tus propios ojos no valías nada, ¿No llegaste acaso a ser el jefe de Israel? El Señor te ungió como rey de Israel.” Saúl se olvidó del favor de Dios por quedar bien con la gente.

¿Tenemos algo en común con Saúl? Muchas veces se nos olvida que nuestra Salvación llegó porque Dios es amor, no por nuestras características o méritos propios, sino porque Dios así lo quiso.

Hoy se nos invita a ser agradecidos con Dios, el que le da gracias le honra. Pues una persona cuando agradece lo hace porque siente gozo y valora muchísimo lo que ha recibido. La persona que es mal agradecida es porque siente que merecía más de lo que recibió.

Reconozcamos que la gracia de Cristo nos ha hecho creaturas nuevas, odres nuevos. Y es que “Nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque el vino rompe los odres, se perdería el vino y se echarían a perder los odres. A vino nuevo, odres nuevos.”

Dios nos ha querido llenar del vino de su Espíritu Santo, porque después de Cristo somos odres nuevos, ¿porque nos aferramos a creer que seguimos siendo odres viejos?

Demosle gracias a Dios por su presencia en nuestros corazones y pidamosle no juzgar su acción en nosotros, ni nuestras vidas, desde una perspectiva distinta a la suya que es puro amor y plenitud.

(JLSS)

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