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Meditación del Evangelio. SÁBADO II SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO.

(2 Sam 1, 1-4. 11-12. 17. 19. 23-27 / Sal 79 / Mc 3, 20-21)

En la Primera Lectura del día de hoy se nos narra cuando el Rey David vive fuertemente el duelo por la muerte de su amigo Jonatán y del padre de éste Saúl.

Al enterarse de esta muerte David rompe en llanto y lamentaciones… en otras palabras: deja que afloren en él los sentimientos que esta tragedia le causa independientemente de las personas que le rodean.

¿Actuamos libremente independientemente de quién esté enfrente de nosotros? Cuando ponemos demasiada atención en las personas, comenzamos a tener inseguridad en nosotros mismos y en Dios, comenzamos a desear que Dios nos vea y vuelva sus ojos a nosotros.

Pero Dios nunca se olvida de nosotros, en él debemos poner nuestra atención, Jesús por eso actuaba como lo hacía porque estaba abandonado al amor del Padre, sus parientes al ver que no podía darse ni tiempo para comer querían retenerlo pues pensaban que estaba loco.

Que el Señor abra nuestros corazones para aceptar plenamente las palabras de su Hijo y aceptar que lo único que debemos hacer es dejarnos amar por Cristo, ser libres, ya que del unico del que nos debe importar la opinión a demostrado estar loco, loco de amor por cada uno de nosotros.

Si el abandono al amor del Padre es sinónimo de locura, como faltan de estos locos en el mundo.

(JLSS)

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