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MARTES: LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR

(Heb 2, 14-18 / Sal 23 / Lc 2, 22-40)

Hoy celebramos la fiesta de la presentación del Señor Jesús, él que es el rey de la gloria, al encarnarse quiso que la humanidad entera fuera iluminada con su presencia. Sin disminuir en nada su divinidad, quiso asumir enteramente la humanidad.

El autor de la carta a los Hebreos nos quiere explicar este gran Misterio con el ejemplo de que todos los miembros de una familia tienen la misma sangre, así Cristo quiso participar enteramente de nuestra humanidad, pues “lo que no se asume, no se redime”.

La Presentación en el templo de nuestro Señor es un reconocimiento también de cómo María y José cumplen con la ley de Moisés. Un reconocimiento de que Jesús en su desarrollo natural humano, desde su nacimiento tuvo unos excelentes ejemplos y educadores.

Este día, pidamos ser capaces de reconocer el inmenso amor por nosotros que tiene Jesús que quiso hacerse semejante a nosotros menos en el pecado.

También reconozcamos la capacidad protectora y educadora que tienen la Virgen María y el señor san José, pidamos su intercesión para reconocer a Cristo como la única luz capaz de iluminar toda oscuridad que hubiese en nuestras vidas.

Que el Señor sea la única luz por la que nos interese ser iluminados. No nos encandilemos con cualquier brillo o ilusión óptica.

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