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LUNES DE LA SEMANA XI DEL TIEMPO ORDINARIO

(1 R 21, 1-16 / Sal 5/ Mt 5, 38-42)

“Tan pobre como es la mesa que carece de pan, así la vida más ejemplar resulta vacía si le falta amor.” San Antonio de Padua (13 de Junio)

Hoy la palabra de Dios nos presenta la envidia y la fidelidad encontradas. Se nos invita a reflexionar que tanto actúo de esa manera. El Rey Ajab quiere unas tierras de su vecino Nabot, el cual no se las vende por reconocer en ellas “la herencia de sus padres”.

El hecho de que Nabot reconociera un don de Dios en su terreno, no frenó la ambición del Rey, que se encapricha y hace berrinche, no le importa nada más que conseguir lo que él quiere. Le importa poco si se cometen injusticias en el camino de lograr tener lo que quiere.

¿Valoramos los dones que Dios nos ha dado en nuestra vida? ¿Agradecemos lo que Dios nos ha dado o ponemos más atención en lo que el otro tiene? ¿Tenemos en nuestro corazón presente a Dios siempre?

Jesús no nos quiere dejados cuando nos dice en el Evangelio de este día: “yo les digo que no hagan resistencia al hombre malo. Si alguno te golpea en la mejilla derecha, preséntale también la izquierda” y demás ejemplos. Lo que Jesús no quiere es que reaccionemos de la forma “común” del mundo, sino a la manera del amor, que nuestra reacción sea siempre de una persona que se sabe amada y protegida por Dios y no se anda comparando, pues se sabe única.

Dios es la herencia que nos ha tocado, valorémosla, pidamos a Dios su fortaleza para ser capaces de serle siempre fieles y anteponer su amor a cualquier otra cosa.

(P.JLSS)

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