LUNES DE LA SEMANA IV DEL TIEMPO ORDINARIO

(Hb 11, 32-40 / Sal 30 / Mc 5, 1-20)

¿Reconozco el valor de la fe y los beneficios que ella ha traído a mi vida siempre o sólo cuando me va bien? En la Primera Lectura se nos exponen los nombres de varios hombres y mujeres que por su fe alcanzaron grandes cosas.

Se mencionan a: Gedeón, Baruc, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas, entre otros. Y se señala algo más: “esos hombres, de los cuales no era digno el mundo, tuvieron que vagar por desiertos y montañas, por grutas y cavernas” (independientemente de la magnitud de su fe).

Juntémonos al salmista y repitamos: “Quien confía en el Señor, no desespere”, pensemos más bien en Dios que nos ha salvado de la esclavitud, independientemente de la situación en la que nos encontremos, con eso reconoceremos lo actual de la frase del Salmo de este día, “¡Qué grande es la bondad que has reservado, Señor, para tus fieles! Con quien se acoge a ti, Señor, ¡qué bueno eres!”

No permitamos que nada nos atemorice, nosotros reconocemos el poder de Dios, reconozcamos la obra de Dios en nuestra vida para que sea más sencillo aceptar su poder y acrecentar nuestra fe, después de la acción de Jesús quizás también hoy te diga: “Vete a tu casa a vivir con tu familia y cuéntales lo misericordioso que ha sido el Señor contigo”.

Ya dejemos de poner tanta atención en el pecado y volteemos a ver a quien venció al mismo… el vencido es el pecado no nosotros.

(P. JLSS)

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