JUEVES – LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR, DE LA IV SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

(Mal 3, 1-4 / Sal 23 / Lc 2, 22-40)

San Lucas en su evangelio, en el capítulo dos, narra cómo obedeciendo a la ley de Moisés, los padres de Jesús llevaron a su hijo al templo, cuarenta días después de haber nacido, para presentarlo al Señor y hacer una ofrenda por él.

En las iglesias orientales a esta celebración se le llama: «Fiesta del Encuentro» (en griego, Hypapante), destacando un aspecto fundamental de la fiesta: el encuentro del Ungido de Dios con su pueblo; por un lado están los padres de Jesús cumpliendo la Ley, por el otro unos cumplidores de la Ley que esperaban ya la llegada de Jesús.

Pidámosle a Dios ser dóciles a su llegada a nuestras vidas (como lo hicieron Simeón y Ana) con su acercamiento Cristo siempre quiere reencontrarse con cada uno de nosotros y recordarnos su amor. La frase “¡Puertas, ábranse de par en par; agrándense, portones eternos, porque va a entrar el rey de la gloria!” hagámosla vida y dejémosle entrar.

Cuando dejemos entrar a Jesús en nuestras vidas nos olvidaremos de las tinieblas, pues nos habremos encontrado con el que es la verdadera luz que ilumina al mundo, el día que estemos iluminados sólo por él, le podremos decir: “Señor, ya puedes dejar morir en paz a tu siervo… porque mis ojos han visto a tu Salvador, al que has preparado para bien de todos los pueblos…”

Sea que nos lo presenten o que nos lo topemos de pronto, no desaprovechemos el paso de Jesús por nuestras vidas…

(P. JLSS)

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