JUEVES- DÍA V DENTRO DE MA OCTAVA DE NAVIDAD

(Jn 2, 3-11 / Sal 95 / Lc 2, 22-35)

Con la luz de la venida de Cristo al mundo fueron ahuyentadas las tinieblas del mundo; el mismo Evangelio nos cuenta que Él mismo así se presenta: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Jn 8, 12).

Esta imagen utilizada por san Juan en su Evangelio y en sus cartas, indica cómo quien se encuentra cerca a la luz no puede estar en tinieblas. Esa es la razón por lo que en la primera lectura se afirma que: quien conoce a Jesús y está cerca de él debe vivir como Él vivió.

Quien no hace eso y “dice: «Yo lo conozco», pero no cumple sus mandamientos, es un mentiroso y la verdad no está en él”. Vendría a ser como aquella persona que entra a un cuarto oscuro después de haber andado mucho tiempo en el sol y después de un rato comienza a mirar, esto no le pasa porque ya haya luz en esa habitación, sino porque ya se acostumbró a la oscuridad.

Pidámosle a Dios la fuerza de su gracia para reconocerle como nuestra Luz, y no dejar que cualquier “chispita” nos encandile y evite así nuestra perseverancia; para poder diariamente en la paz que el Espíritu Santo da, dormirnos con la tranquilidad de haber puesto todo nuestro empeño para que lo realizado en el día haya sido conforme a su voluntad.

Que la navidad nos llene de gozo y podamos decir sin miedo junto con Simeón: “ya puedes dejar morir en paz a tu siervo, según lo que me habías prometido, porque mis ojos han visto a tu Salvador, al que has preparado para bien de todos los pueblos”. Quien a Dios tiene nada le falta.

(P. JLSS)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *