JUEVES DE LA I SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

(Hb 3, 7-14 / Sal 94 / Mc 1, 40-45)

“Oigamos lo que dice el Espíritu Santo en un salmo: Ojalá escuchen ustedes la voz del Señor, hoy. No endurezcan su corazón, como el día de la rebelión y el de la prueba en el desierto”, esta rebelión es la que se da por parte del pueblo hacia Moisés cada que sentían cualquier necesidad en el desierto después de haber sido liberados de la esclavitud de Egipto.

Cabría preguntarnos hoy qué tanto nos parecemos a los hebreos, basta con que respondamos ¿Qué pasa cuando algo no sale conforme a mis planes? ¿Qué pensamiento es el que primero se viene a mi cabeza? Este día la palabra nos invita a recordar quién es nuestro pastor: él no nos abandona, no traiciona, siempre es fiel y nos amará mientras dura este “hoy”.

Hagamos nuestras las palabras del Salmo, pidámosle a Dios no ser sordos a su voz, aceptar la acción de su Espíritu Santo en nuestro interior, para que ninguno de nosotros, sea seducido por el pecado y termine por endurecer su corazón a la acción de Dios. Recordando que “si nos ha sido dado el participar de Cristo, es a condición de que mantengamos hasta el fin nuestra firmeza inicial”.
Aceptemos la voluntad de Dios en nuestras vidas, sigamos el ejemplo del leproso del Evangelio que escuchamos y digámosle: “si tú quieres, puedes curarme”, el ya no quería tener lepra, tú ¿Qué cosa ya no quieres tener? Entonces dile: ¡Si tú quieres, puedes quitarme esto…!”.

Sólo así, aceptando que sólo en Él está todo lo que necesitamos para realizar verdaderos cambios en nuestras vidas, le dejaremos que toque esa realidad y le escucharemos decirnos: “¡Sí quiero: sana!”

(P. JLSS)

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