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SÁBADO – SEMANA XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO

(Ef 1, 15-23 / Sal 8 / Lc 12, 8-12)

Que bello es cuando uno se experimenta parte de todo lo que Dios ha creado por amor, parte pero también algo especial… como en el Salmo: “Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos, la luna y las estrellas que has creado, me pregunto: ¿Qué es el hombre para que de él te acuerdes; ese pobre ser humano, para que de él te preocupes?”

Cuando uno acepta la Buena Noticia reconoce algo más, que además de poseer un valor y una dignidad especial por ser hechos a imagen y semejanza de Dios, gracias a nuestra redención cada uno de nosotros ha sido elevado, por puro amor, a la dignidad de hijos en el Hijo (cf. Ef 1, 5-6).

Siguiendo las enseñanzas de san Pablo, pidamos a Dios que ilumine nuestras mentes para comprender cuál es la esperanza que nos da su llamamiento, cuán gloriosa y rica es la herencia que Dios da a los que son suyos y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para con nosotros, los que confiamos en él, por la eficacia de su fuerza poderosa.

En el Evangelio, hemos escuchado que “a todo aquel que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero a aquel que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará”. No pequemos contra el Espíritu Santo, él tiene la fuerza para vencer nuestro orgullo, la serenidad para vencer nuestras desesperaciones, la luz para iluminar nuestra oscuridad, el amor para destruir toda falsa idea de abandono o soledad, etc., sólo es necesario dejarle ser en nuestro interior sin miedo. Pidamos a Dios docilidad para no andar temiendo por nuestras debilidades humanas, sino vivir confiados en la grandeza de su poder.

(P. JLSS)

VIERNES – SEMANA XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO

(Ef 1, 11-14 / Sal 32 / Lc 12, 1-7)

Ninguno de nosotros puede olvidarse de la misericordia que Dios, cada uno de nosotros después de escuchar la Palabra de la verdad, el Evangelio de nuestra salvación, y después de creer, hemos sido marcados con el Espíritu Santo prometido, es la garantía de nuestra herencia como hijos de Dios.

Tres vernos importantes: escuchar, creer y aceptar… Escuchar el Evangelio, creer en él y aceptar al Espíritu Santo. En el salmo decíamos: “Feliz la nación cuyo Dios es el Señor, dichoso el pueblo que escogió por suyo”, ¿se te nota la felicidad que proviene del saber esto? ¿Dejas que el Espíritu Santo te ilumine en todo, el cual hemos reconocido como garantía de la promesas de Dios?

Jesús en el Evangelio nos ha pedido cuidarnos de la levadura de los fariseos, la hipocresía, quien acepta al Señor Jesús y su salvación no debe estar queriendo quedar bien con las personas y el “qué dirán”, su interés principal debe estar en no fallarle a Aquel que le ha amado tanto, hasta el punto de dar su propia vida para rescate nuestro. A eso si debemos temerle…

Pidámosle a Dios dejarnos conducir más por él, abandonarnos a su cuidado y confiando en su permanente cuidado, nunca se aleja de nosotros. “¿No se venden cinco pajarillos por dos monedas? Sin embargo, ni de uno solo de ellos se olvida Dios… No teman, pues, porque ustedes valen mucho más que todos los pajarillos”.

(P. JLSS)

JUEVES- SEMANA XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO

Fiesta de San Lucas, Evangelista
(2Tim 4, 9-17 / Sal 144 / Lc 10, 1-9)

En este breve pasaje de la segunda carta de San Pablo a Timoteo podemos reconocer una grandeza del Evangelista san Lucas, en el momento de persecución y de problemas no se acobarda ni se echa para atrás, permanece fiel al Señor y a Pablo, que afirma haber sido abandonado por muchos.

¿Te acobardas en tu seguimiento del Señor cuando vienen las complicaciones? En la vida habrá momentos agradables y desagradables, alegres y tristes, etc. pero esto nunca significará abandono u olvido de parte del Señor, él permanece a nuestro lado siempre, como lo prometió, “yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20).

Él, a cada uno de nosotros, nos ha elegido para dar fruto y que éste permanezca. ¿Y qué nos pide? Lo primero, como dice en el Evangelio: “Pónganse en camino”, confiando en que el mismo que nos envía, nos dará los medios suficientes para sobrellevarlo, nuestra seguridad puesta sólo en él, ni en el dinero, ni en el morral, ni en las sandalias… en Él.

Lo segundo, y no menos interesante es: “yo los envío como corderos en medio de lobos”; esto debería hacer que en nuestros momentos difíciles reconociéramos que vamos bien, si nos atacan los lobos es porque estamos haciendo nuestra labor. Pidámosle a San Lucas que interceda por nosotros cuando el cansancio o la incertidumbre quiera hacer que nos rindamos.

(P. JLSS)

MIÉRCOLES- SEMANA XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO

(Gal 5, 18-25 / Sal 1 / Lc 11, 42-46)

¿Cómo buscó manifestar mi fe? ¿Con puro acto de piedad? Ayer escuchamos cómo Pablo les decía a los Gálatas que la fe actúa a través de la caridad. Y es que las prácticas de piedad son importantes, pero no pueden ser para nosotros algo que se anteponga a nuestra búsqueda de la justicia y del amor de Dios.

Los fariseos se preocupaban mucho por lo exterior y descuidaban lo interior, quien cree en Jesucristo no puede proceder de esa manera, pues la fe nace de la aceptación de aquel que es manifestación del amor del Padre que tanto nos ha amado que envió a su hijo para que tengamos vida eterna.

Si nos consideramos ovejas del Señor, debemos escucharle aceptando que nos conoce completamente y quiere actuar en nuestras vidas allí, dejar que el Espíritu Santo, que nos ha dado, produzca sus frutos en nosotros: “el amor, la alegria, la paz, la generosidad, la benignidad, la bondad, la fidelidad, la mansedumbre y el dominio de sí mismo.

No nos debemos preocupar tanto por el “qué hacer” sino por el “dejar hacer”… porque los que somos de Jesucristo ya hemos crucificado nuestro egoísmo, nuestras pasiones y malos deseos. “Si tenemos la vida del Espíritu, actuemos conforme a ese espíritu”. Que actuar conforme a su acción debe se convierta en nuestra única preocupación, de allí vienen las manifestaciones exteriores.

(P. JLSS)

MARTES- DE LA SEMANA XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO

(Gal 5, 1-6 / Sal 118 / Lc 11, 37-41)

El fariseo que invitó a comer a Jesús, experimentó completamente el significado de esta frase: “La palabra de Dios es viva y eficaz y descubre los pensamientos e intenciones del corazón”. En lugar de disfrutar de la presencia del Señor, está juzgando el actuar del Señor… quizá sólo para espiarle le invitó a comer.

Jesús es claro ante la doble moral, de qué le servía a los fariseos seguir con tanta tradición, muchos de esos preceptos ni en la Ley estaban, meramente exterior mientras que no hacían nada por el interior. A ti ¿Qué te preocupa más lo externo o lo interno? Porque si es lo externo debemos asumir, como dirigidas a nosotros, las palabras de Jesús “Den más bien limosna de lo que tienen y todo lo de ustedes quedará limpio”.

“Cristo nos ha liberado para que seamos libres” debemos esforzarnos por conservar esa libertad cuidándonos de no caer de nuevo en el yugo de la esclavitud ¿Cómo? Disfrutando del amor de Dios y dejándonos mover por el Espíritu Santo. Se trata de conservar no de alcanzar, ya que todo nos lo ha alcanzado Cristo.

Pidámosle a Dios que nos dé la fortaleza para manifestar nuestra fe a través de la caridad, que luchemos por manifestarla a travez de esta virtud antes de querer manifestarla sólo con actos piadosos externos. Nosotros fuimos amados en abundancia, vivamos disfrutando del amor y compartiéndolo con los que nos rodean.

(P. JLSS)

LUNES- SEMANA XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO

(Gal 4, 22-24. 26-27. 31 – 5, 1 / Sal 112 / Lc 11, 29-32)

Para responderle al Señor con libertad y prontitud debemos evitar que cualquier sentimiento o cuestión negativa anide en nosotros y endurezca nuestros corazones. Un corazón endurecido ya no permite la entrada de nada, ni siquiera de la gracia. ¿Permitimos que Dios actúe en nosotros o ya estamos ensimismados?

Las palabras de Jesús en el Evangelio son muy fuertes: “La gente de este tiempo es una gente perversa. Pide una señal, pero no se le dará más señal que la de Jonás…”, en ocasiones nos pasa igual, andamos pide y pide “señales”, pero desaprovechamos el don que tenemos y supera toda señal, el amor y la gracia de Dios.

Por su parte, los Gálatas, son exhortados por el apóstol a reconocer la grandeza de la libertad que Cristo nos trajo, la fuerza de su gracia, lo bello de ser hijos de la promesa. Dios no nos quiere esclavizados por nada ni por nadie, “Cristo nos ha liberado para que seamos libres”.

Pidamos a Dios que derrame su Espíritu Santo en cada uno de nosotros para luchar diariamente por conservar la libertad que Cristo nos ha otorgado, siendo conscientes de la grandeza de Jesús y así no someternos de nuevo al yugo de la esclavitud del cuál ya hemos sido sacados por amor.

(P. JLSS)

DOMINGO XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO

DOMINGO XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO
(Sb 7, 7-11 / Sal 89 / Hb 4, 12-13 / Mc 10, 17-30)

Este día escuchamos en el Evangelio un escena en la que bien nos podríamos identificar todos nosotros, el hombre se acerca corriendo a Jesús para preguntarle qué debía hacer para ganar la vida eterna, desgraciadamente este hombre no estaba dispuesto a responder la las exigencias que podría traer la respuesta del Señor.

“La palabra de Dios es viva, eficaz y más penetrante que una espada de dos filos… descubre los pensamientos e intenciones del corazón.” ¿Quieres saber que necesitas hacer para obtener la vida eterna? Escucha al Señor y se obediente a aquello que te pida, confiando sólo en él.

Otra cosa triste que vimos en el Evangelio es lo que impide la respuesta libre a Dios, tener el corazón en las riquezas más que en Él, “Hijitos, ¡qué difícil es para los que confían en las riquezas, entrar en el reino de Dios!. Porque si les va bien, terminaran por olvidarse de Dios por creer que todo lo pueden alcanzar con dinero; para los que les fue mal, porque terminaran culpando de todo Dios de su desgracia.

Pidamos a Dios ser capaces de reconocer el verdadero valor de su presencia en medio de nosotros, valorar más su misericordia; que venga a nosotros el espíritu de sabiduría para dar su justo valor a todo. Siendo conscientes de esto, no temeremos ninguna pobreza, porque seremos conscientes de que nada nos arrebatará nuestra mayor riqueza: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

(P. JLSS)

SABADO – SEMANA XVII DEL TIEMPO ORDINARIO

(Gal 3, 21-29 / Sal 104 / Lc 11, 27-28)

Después de la manera tan clara en que Jesús contesta a quienes dudaban de él y querían ponerle a prueba, a los que decían que expulsaba a los demonios por el poder de Belzebú, se le acerca esta mujer que le elogia diciéndole “¡Dichosa la mujer que llevó en su seno y cuyos pechos te amamantaron”. Pero Jesús no se deja distraer de su misión ni quiere que nos distraigamos nosotros.

Nuestra fe y confianza deben estar centradas totalmente en Él, por ello cuando la mujer le dice aquella frase, Jesús le responde: “Dichosos todavía más los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica”. Con esto no desprecia a María, lo que se busca es que no nos distraigamos, María cumplió su misión ¿y nosotros la estamos cumpliendo?

Pablo continuando con su enseñanza a los Gálatas les dice: “la ley se hizo cargo de nosotros, como si fuéramos niños, para conducirnos a Cristo, a fin de que fuéramos justificados por la fe. Pero una vez que la fe ha llegado, ya no estamos sujetos a la ley”. Nosotros debernos movernos siempre en correspondencia al amor y misión que se nos ha dado siempre.

Los que hemos sido incorporados a Cristo por el bautismo, hemos sido revestidos de él. “Ya no existe diferencia entre judíos y no judíos, entre esclavos y libres, entre varón y mujer, porque todos ustedes son uno en Cristo Jesús”. Escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica nos traerá la dicha de sabernos protegidos, de contar con el amor del Padre y la fuerza del Espíritu Santo. No nos distraigamos con la misión del otro, hagamos lo que nos toca confiando en lo que somos y poseemos.

(P. JLSS)

VIERNES – SEMANA XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO

(Gal 3, 7-14 / Sal 110 / Lc 11, 15-26)

¿En qué debemos centrar nuestra atención para actuar conforme a la voluntad de Dios? ¿En un listado de preceptos o en la obra de Jesús? La respuesta es obvia, pero desgraciadamente a muchos de nosotros se nos educó de tal manera que, nuestra relación con Dios, queremos basarla según a lo que hemos hecho o dejado de hacer.

Los fariseos por aferrarse a un listado de preceptos, se cerraron a la novedad del Evangelio, Jesús había liberado a alguien de un demonio y aún cuando ellos fueron testigos del prodigio prefirieron mejor difamarle: “Éste expulsa a los demonios con el poder de Belzebú, el príncipe de los demonios”. Todo por no abrirse a la novedad…

Lo anterior para los que se aferran a estructuras acostumbradas, pero también es cierto que existen otro tipo de personas para las cuales es más sencillo que se le diga que hacer y que no hacer, que tener que corresponder libremente al impulso del Espíritu Santo. ¿De qué grupo formamos parte?

Hay que pedirle hoy al Espíritu Santo que aumente en nosotros la fe, para alcanzar a comprender, cada día más, la grandeza de nuestra redención y de el amor del padre que este encierra, y así actuar en correspondencia al amor y no por miedo a fallar un listado, que nuestro miedo sea fallarle al que nos ha amado tanto.

(P. JLSS)

JUEVES – SEMANA XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO

(Gal 3, 1-5 / Lc 1 / Lc 11, 5-13)

Unámonos a Zacarías que gozoso al conocer a Jesús exclamó ¡Bendito sea el Señor, Dios de Israel! Cuando contempló al Mesías, reconoció en su hijo el cumplimiento de las promesas de Dios, “ha hecho surgir en favor nuestro un poderoso salvador en la casa de David, su siervo. Así lo había anunciado desde antiguo, por boca de sus santos profetas”.

¿Te regocija el experimentar la gratuidad del amor de Dios, su acción en tu vida, contar con Él? Dejemos que la alegría del Espíritu nos invada completamente, recordemos aquellas palabras de San Pablo: “cuando Dios les comunica el Espíritu Santo y obra prodigios en ustedes, ¿lo hace porque ustedes han cumplido lo que manda la ley de Moisés, o porque han creído en el Evangelio?”.

Ni tú, ni yo, hicimos algo para alcanzar la salvación (cf. Ef 2, 8), esta es un don de Dios, lo único que tuvimos que hacer nosotros fue: aceptar el Señorío del Señor Jesús en nuestras, renunciar al pegado, aceptando el amor que Dios nos tiene y al Espíritu Santo a nuestros corazones.

Acerquémonos a Dios sin miedo, confiados en su amor, pidámosle por nuestras necesidades, busquémosle siempre que lo necesitemos. Y si algo no nos permitiera acercarnos, recordemos las palabras de Jesús: “si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¿cuánto más el Padre celestial les dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan?”.

(P. JLSS)

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