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JUEVES SANTO DE LA CENA DEL SEÑOR


(Ex 12, 1-8. 11-14 / Sal 115 / 1Cor 11, 23-26 / Jn 13, 1-15)

Todos los que hemos estado en alguna cena/comida de despedida sabemos que es una de las experiencias más nostálgicas que podemos vivir, en esta ocasión se nos dice que “sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre y habiendo amado a los suyos, que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.” Todo lo sucedido en esta cena está cargado del amor de Jesús por los suyos.

Jesús quiso celebrar una cena de carácter pascual, en la cual, los participantes debían sacrificar un sacrificar un animal, protegerse con su sangre y comer al animal completamente… consciente de ello el Señor instituye la Eucaristía, tal como san Pablo les enseña a los corintios, en este Misterio nuestro Señor entrega su cuerpo en el pan y su sangre en el vino… san Pablo afirma también: “cada vez que ustedes comen de este pan y beben de este cáliz, proclaman la muerte del Señor, hasta que vuelva.”

En la misma cena Jesús les enseña la grandeza de su sacrificio, lo hace lavándoles los pies como si fuese su criado ¿Te dejarías lavar los pies por Jesús? ¿estás dispuesto(a) a que esto te interpele? Judas traiciona a Jesús con los pies limpios… somos invitados por el Señor a compartir todo el amor que él nos ha querido dar en su última cena.

Aunque en esta cena nuestro Señor instituyó el sacerdocio, sus palabras: “Les doy un mandamiento nuevo, que se amen los unos a los otros, como yo los he amado.” No es sólo para los sacerdotes, sino para cada uno de sus discípulos, en esta cuarentena somos llamados a ser ministros de su amor en nuestros hogares, de ser posible hagamos una cena especial hoy y agradezcamos su amor, recordando que donde dos o mas se reúnen en su nombre, él se hace presente. (cf. Mt 18, 20)


(P. JLSS)

MIÉRCOLES SANTO


(Is 50, 4-9 / Sal 68 / Mt 26, 14-25)

En todas las lecturas que hemos venido escuchando desde el Domingo de Ramos hasta hoy, encontramos una cosa en común: la firme convicción del Señor para salvarnos, su plena aceptación de la voluntad del Padre y su confianza en él. Saber que el Señor pasó por el amor que te tiene ¿causa algo en tu interior o no?

Pensar en la pasión del Señor y escuchar la profecía de Isaías: “Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que me tiraban de la barba. No aparté mi rostro a los insultos y salivazos. Pero el Señor me ayuda, por eso no quedaré confundido, por eso endureció mi rostro como roca y sé que no quedaré avergonzado.” Me hace sentir estupor, es como si Dios dijera: “a mí háganme lo que quieran, pero a mis hijos no me los toquen”.

Quien deja de reconocer el inmenso amor y protección que implican las celebraciones de esta semana, se puede dejar encandilar por cualquier brillito, como le paso a Judas, por miedo, se le hizo que treinta monedas de plata eran más valiosas que Cristo… y como le pasa a toda persona que ha dejado de confiar en el amor que Dios le tiene, se vuelve desfachatada, se atreve a preguntarle al Señor ¿acaso soy yo Maestro?

Imaginemos que el Señor nos dice a cada uno de nosotros, las palabras del Salmo: “Por ti he sufrido injurias y la vergüenza cubre mi semblante. Extraño soy y advenedizo, aun para aquellos de mi propia sangre: pues me devora el celo de tu casa, el odio del que te odia, en mí recae.” Y pidamos que por la fuerza del Espíritu Santo, estas palabras fortalezcan nuestra fe y nuestra esperanza, nada puede apartarnos del amor y la protección de Dios.

(P. JLSS)

MARTES SANTO


(Is 49, 1-6 / Sal 70 / Jn 13, 21-33. 36-38)

Cuando alguien pretende ser el único intérprete de la voluntad de Dios terminará equivocándose tarde que temprano, porque pondrá en su interpretación sus criterios y no los del Padre celestial, estoy convencido de que, en lo que respecta a la voluntad de Dios, primero debe de aceptarse y después se irá poco a poco comprendiendo.

Pedro y Judas Iscariote quizás padecieron de lo mismo en este pasaje: al no comprender la voluntad de Dios, quisieron cambiarla rápidamente, cada uno a su manera. Judas después de «remojar su pan en el mismo plato que Jesús», le traiciona, se regresa a viejas seguridades; Pedro por su parte, aparentarentando mucha confianza, le dice «Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti»… a lo que Jesús le aclarar lo de su negación.

¿Cuál es la diferencia entre estos dos personajes? Judas no se abrió más a la misericordia de Dios, en el miedo y la culpa se mató; Pedro, supo reconocer su error, pidió perdón y se hizo experto en aceptar la voluntad de Dios después de ello. Ante estas circunstancias de cuarentena y demás ¿A cuál de estos personajes te pareces más? ¿O quizás te parezcas a aquellos que no les interesa siquiera quien será el traidor?

Confiemos en Nuestro Señor, pidámosle al Espíritu Santo su luz. No nos desanimemos ante nada. Dios nos conceda la fortaleza para aceptar su voluntad, recordando que él quiso entregarse por nosotros antes de que le conociésemos, cuanto más ahora, está con nosotros. A él se refiere la profecía: “Es poco que seas mi siervo sólo para restablecer a las tribus de Jacob y reunir a los sobrevivientes de Israel; te vaya convertir en luz de las naciones, para que mi salvación llegue hasta los últimos rincones de la tierra.” ¡Aceptemos su poder! No estamos solos.

(P. JLSS)

LUNES SANTO


(Is 42, 1-7 / Sal 26 / Jn 12, 1-11)

¿Qué tanto nos estamos dejando iluminar por Dios en estos momentos? Ayer, con el Domingo de Ramos, iniciábamos la Semana Santa, reflexionábamos acerca de la firme convicción del Señor de cumplir la voluntad del Padre, allí se nos enseñaba a aceptar su voluntad aunque nos parezca incomprensible en ocasiones.

Por ello, es importante no dejarnos distraer por nada, debemos tener presentes las palabras del Salmo: “El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién voy a tenerle miedo? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién podrá hacerme temblar?” Si hay algo en estos momentos que te esté haciendo temblar, deja que la luz del Señor ilumine.

En la cena de la que nos habla el Evangelio de este día, a la que fueron Jesús y sus discípulos, se da el momento en que “María tomó entonces una libra de perfume de nardo auténtico, muy costoso, le ungió a Jesús los pies con él y se los enjugó con su cabellera…” ella honraba a Jesús y toda la casa se llenó con la fragancia del perfume, había quienes disfrutaban del aroma y quienes se distraían con detalles insignificantes, como Judas con el costo del perfume…

Esta Semana conmemoraremos los misterios más grandes de nuestra fe, dependerá de nosotros si nos dejamos llenar de su fragancia o nos distraemos con cualquier cosa. Espíritu Santo, ilumínanos, llénanos de la paz y serenidad necesaria para tener nuestra mirada fija en el amor de Dios, que nuestra fe en Jesucristo nos haga decir: “La bondad del Señor espero ver en esta misma vida. Ármate de valor y fortaleza y en el Señor confía.”

(P. JLSS)

DOMINGO DE RAMOS / DE LA PASIÓN DEL SEÑOR


(Is 50, 4-7 / Sal 21 / Flp 2, 6-11 / Mt 26, 14-17, 66)

En el Evangelio de San Juan aparece una frase que bien podría sintetizar toda la celebración de este día, justo después del discurso del buen pastor Jesús: «El Padre me ama porque doy mi vida para volverla a tomar. Nadie me la quita; yo la doy porque quiero. Tengo poder para darla y lo tengo también para volverla a tomar. Éste es el mandato que he recibido de mi Padre.» (Jn 10, 17-18)

Jesús sabía que era riesgoso el ir hacia Jerusalén, pero también sabía que allí cumpliría la voluntad de su Padre, si el Señor hubiese puesto su atención sólo en la amenaza quizás la hubiera pensado más, pero él tenía claro el amor del Padre y que él nunca nos deja desamparados. Quizás humanamente hablando no comprendía muchas cosas de las que estaba viviendo, per su confianza en Dios era mayor.

“Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que me tiraban de la barba. No aparté mi rostro de los insultos y salivazos. Pero el Señor me ayuda, por eso no quedaré confundido” Cristo no se aferró a ninguna prerrogativa de su condición divina, aceptó cuanto le vino porque tú, yo, todos, fuéramos plenamente libres ¿que tanto valoras este don?

La entrada de Jesús a Jerusalén debe recordarnos la firme convicción que el Señor tenía de liberarnos, de dejarnos claro su inmenso por nosotros y que nada lo haría desviarse de su voluntad de salvarnos: ni la traición de sus amigos, ni la burla, ni la soledad, ni el dolor… aceptó la voluntad de Dios aún con lo incomprensible que pudiera parecer, pidámosle a Dios afrontar estos tiempos de contingencia confiados en Dios, y lo que se nos haga más incomprensible, difícil de sobre llevar, o nos esté creando más ansiedad, pongámoslo en sus manos, para dejarle cargar con nosotros, no estamos solos, él nos comprende. Abandonémonos a su amor y confiemos en él.

(P. JLSS)

SÁBADO – SEMANA V DE CUARESMA


(Ez 37, 21-28 / Jer 31 / Jn 11, 45-56)

Hemos escuchado unas palabras del profeta Ezequiel, que nos invitan a reflexionar nuevamente qué tanto reconocemos y valoramos la entrega de Jesucristo por nosotros: “Ya no volverán a mancharse con sus ídolos, sus abominaciones y con todas sus iniquidades; yo los salvaré de las infidelidades que cometieron y los purificaré; ellos van a ser mi pueblo y yo voy a ser su Dios.”

De acuerdo al valor que le demos a la entrega de sí mismo, por amor a cada uno de nosotros, será la magnitud de la correspondencia que tengamos a la misma. Por ello es necesario dejemos que las palabras del profeta penetren en lo más profundo de nuestro ser: “Purifíquense de todas sus iniquidades; renueven su corazón y su espíritu…” y así reconocer con plena sinceridad, a qué le estamos permitiendo nublar nuestra esperanza.

En el Evangelio escuchamos que aquellos que habían visto los prodigios del Señor (en Lázaro) fueron con los fariseos a contarles y ellos, por su parte, como estaban totalmente cerrados a Jesús en lugar de creer deciden matarlo ¿estás abierto todavía a la acción de Jesús, a su novedad o ya te cerraste cómo los fariseos del pasaje que escuchamos?

Que Dios nos conceda un corazón abierto a su gracia, que nos dejemos renovar por ella siempre, que borre de nuestras mentes todo pensamiento negativo o malo, que antes bien las ilumine para que sepamos reconocer cuál es la esperanza que nos da su llamamiento (cf. Ef 1, 18), en Cristo se ha cumplido toda profecía: hoy escuchamos “Voy a hacer con ellos una alianza eterna de paz. Los asentaré, los haré crecer y pondré mi santuario entre ellos para siempre.” Estamos en sus manos ¿Por qué tener miedo? ¡Abrámonos a su paz!

(P. JLSS)

VIERNES – SEMANA V DE CUARESMA


(Jer 20, 10-13 / Sal 17 / Jn 10, 31-42)

En el Evangelio que hemos escuchado, Jesús dice a quienes no creían en él completamente, “He realizado ante ustedes muchas obras buenas de parte del Padre, ¿por cuál de ellas me quieren apedrear?”. Le contestaron los judíos: “No te queremos apedrear por ninguna obra buena, sino por blasfemo, porque tú, no siendo más que un hombre, pretendes ser Dios.” Es muy fácil aceptar las palabras de Jesús cuando no nos exigen tanto, pero cuando comienzan a exigirnos más, sobran los pretextos.

Los personajes del Evangelio, reconocen que Jesús es bueno, que sus obras y palabras son buenas, aunque no todas, no le dan validez a las que exigen romper paradigmas y la monotonía. ¿Nos podría estar pasando igual a nosotros en estos momentos? Muchos no conciben que pueda existir fidelidad a Dios y dificultades.

Si en estos momentos difíciles que estamos viviendo, el desánimo te quiere orillar hacia un sentimiento de supuesto abandono divino, reconoce que las palabras de Jesús, van dirigidas hacia ti: “He realizado muchas obras buenas de parte del Padre, ¿por cuál de ellas me quieren apedrear?” En el fondo, casi todo problema de fe es semejante a lo que les sucedió a estos personajes, aceptan lo bonito de Jesús pero que no exija algo nuevo.

Muchos de los que ahora andan llenos de pánico, en algún momento le dijeron al Señor: “Tú eres mi refugio, mi salvación, mi escudo, mi castillo…” No dejemos que nada nos distraiga, contamos con Dios, estamos pasando por un momento que servirá para madurar nuestra fe, aprovechémosle. «San Pedro Fabro daba una regla de oro para detectar el estado de un alma que vivía tranquilamente y en paz: proponerle algo más. Si un alma estaba cerrada a la generosidad reaccionaría mal.» ¿cómo estás reaccionando a estos tiempos? ¿Qué reina en ti: la esperanza o el miedo?

(P. JLSS)

JUEVES – SEMANA V DE CUARESMA


(Gn 17, 3-9 / Sal 104 / Jn 8, 51-59)

“Ni aunque transcurran mil generaciones, se olvidará el Señor de sus promesas, de la alianza pactada con Abraham, del juramento a Isaac, que un día le hiciera…” ¿Qué tan ciertas concibes estas palabras? ¿Has dejado que el miedo de estos tiempos nuble tu fe en el Señor?

El Señor siempre cumple sus promesas… lo ha demostrado a lo largo de la historia de muchas maneras, por ello no hay razón para creer que estos tiempos él se ha alejado de nosotros, incluso él mismo dijo a sus discípulos en una ocasión: «En el mundo tendrán tribulaciones, pero ¡ánimo! Yo he vencido al mundo.» (Jn 16,33)

Si te crees con los suficientes argumentos para sentir lejanas las palabras del Señor, recuerda la alianza que Dios hizo con Abram a los noventa y nueve años, le dice: “Serás padre de una multitud de pueblos. Ya no te llamarás Abram, sino Abraham, porque te he constituido como padre de muchas naciones.” Y como a lo largo de toda su vida, confió más en el poder de Dios que en sus argumentos.

Pidámosle a Dios que nos dé la fe que necesitamos para no andar temerosos como si no contáramos con él, que nos dé la fortaleza para perseverar con la seguridad que da el contar con él, que nunca se nos olviden las palabras de Jesús: “Yo les aseguro: el que es fiel a mis palabras no morirá para siempre.” ¿Tienes en estos momentos muchas tribulaciones? ¡Ánimo! Él venció al mundo y nos dijo también que estaría con nosotros todos los días hasta el fin del mundo (cf. Mt 28,20)

(P. JLSS)

MIÉRCOLES – SEMANA V DE CUARESMA


(Dn 3, 14-20. 49-50. 91-92. 95 / Dn 3 / Jn 8, 31-42)

“Si se mantienen fieles a mi palabra, serán verdaderamente discípulos míos, conocerán la verdad y la verdad los hará libres.” Frente a este ambiente de pandemia, que en muchos de nosotros ha venido a purificar y madurar nuestra fe ¿cómo anda nuestra confianza en Dios?

Estamos viviendo un momento en el que podemos seguir el ejemplo de Sedrak, Mesak y Abednegó, quienes frente a la amenaza de muerte de Nabucodonosor, prefirieron seguir siendo fieles a Dios; prefirieron el horno a la apostasía. La amenaza directa no les hizo arrepentirse de confiar en Dios.

Nuestro Señor Jesucristo nos dijo que serían dichosos los que cumplen la palabra del Señor con un corazón bueno y sincero, y perseveran hasta dar fruto… ¿Qué tanto hemos hecho nuestras, en estos momentos de crisis, estas palabras del Señor? No debemos perder de vista en quien tenemos puesta nuestra esperanza.

Debemos de tener los cuidados necesarios ante esta contingencia pero no dejar que las llamas del “horno encendido” de su amenaza nos intimiden, esforcémonos por reconocer la acción y el amor de Dios en medio de esta situación, sobre todo, no permitamos que ninguna amenaza nos robe la paz.

(P. JLSS)

MARTES – SEMANA V DE CUARESMA


(Nm 21, 4-9 / Sal 101 / Jn 8, 21-30)

Estos últimos días las oraciones de la mayoría quizá se hayan parecido mucho al verso del salmo que escuchamos: “Señor, escucha mi plegaria; que a tu presencia lleguen mis clamores. El día de la desgracia, Señor, no me abandones. Cuando te invoque, escúchame y enseguida respóndeme.” Me parece una petición un tanto egocéntrica, porque no está centrada en lo que es Dios, sino en las miseria humana.

Cuando uno olvida cómo es Dios, cómo nos ha querido manifestar su amor por medio de nuestro Señor Jesucristo, comenzará a mirar sus miserias como un límite para la acción de Dios, en lugar de prestar atención a su amor y misericordia, contemplará su pecado y se terminará cerrando a su acción.

En la primera lectura, el pueblo hebreo le reclama a Dios y a Moisés su libertad, a la primera necesidad se añora la esclavitud; incluso el Maná fue considerado “miserable comida”… ¿Has permitido que cualquier cosa, virus, enfermedad o circunstancia difícil te haga dudar de la constante presencia y protección de Dios en tu vida? En estos tiempos de pánico ¿Has anhelado por miedo tus antiguas esclavitudes?

Pidámosle a Dios Padre, ser capaces de poner nuestra atención en la cruz del Señor, que no se nos olvide que allí está el antídoto para todas nuestras necesidades, la manifestación más grande de amor por nosotros. ¿Estás pasando por mucho miedo? Acércate a algún crucifijo cercano y no lo mires sintiéndote culpable, sino profundamente amado. “Cuando hayan levantado al Hijo del hombre, entonces conocerán que Yo Soy y que no hago nada por mi cuenta; lo que el Padre me enseñó, eso digo.” Él nunca nos abandonará.

(P. JLSS)

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