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DOMINGO XXIX DEL TIEMPO ORDINARIO

 

(Ex 17, 8-13 / Sal 120 / 2Tim 3, 14-4, 2 / Lc 18, 1-8)

#HomiliaDominical

La semana pasada meditamos acerca de lo necesario que es ser agradecido, por todo lo que se recibe, quien no sabe agradecer es porque no valora nada o se cree merecedor de todo… quien no reconoce lo que se le ha dado gratuitamente, difícilmente esperará pacientemente la ayuda, de desesperará muy rápido.

Con Dios nos puede pasar igual, quien no agradece lo que él ya le ha dado, puede caer en una impaciencia desesperanzada, eso no le puede pasar a nadie que tenga fe en Jesucristo, porque en él ha quedado patente el inmenso amor y lo valiosos que somos para Dios. Ya lo decía Plutarco: la paciencia tiene más poder que la fuerza.

Y tu ¿Esperas o desesperas? Recuerda las palabras de San Pablo, “Ninguno que crea en él quedará defraudado, porque no existe diferencia entre judío y no judío, ya que uno mismo es el Señor de todos, espléndido con todos los que lo invocan, pues todo el que invoque al Señor como a su Dios, será salvado por él”. Si el juez injusto hizo justicia a la mujer ¡cuánto más nuestro Padre nos hará justicia en el momento preciso!

Hoy, somos llamados a pedir a Dios que nos dé el don de la paciencia, para que nada nos haga acelerarnos y que podamos aguardar la respuesta de Dios, si sentimos que nuestros brazos, mente y corazón, ya no se dirigen a Dios permitamos a quienes nos rodean que nos ayuden (cómo hizo Moisés). Cuando bajamos la guardia, cualquier cosa nos puede vencer, Dios nos hará justicia, no lo dudemos…

(P. JLSS)

SÁBADO – SEMANA XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO

 

(Rom 4, 13. 16-18 / Sal 104 / Lc 12, 8-12)

#HomiliaDiaria

No debemos permitir que nada ni nadie nos haga que olvidar las palabras del salmo: “ni aunque transcurran mil generaciones, se olvidará el Señor de sus promesas, de la alianza pactada con Abraham, del juramento a Isaac, que un día le hiciera.” Él estará con nosotros todos los días hasta el fin del mundo.

Cuando se avecinan problemas, angustias o sufrimientos ¿Cómo lo afrontas? ¿recurres a Dios inmediatamente o es lo último que haces? Jesus nos pide confiar en él, en su protección, en el auxilio del Espíritu Santo que nos enseñará a dar testimonio.

Nuestra confianza debe ser tal, que no debemos preocuparnos por nada ni por nuestra defensa, a tener confianza en la providencia. “Cuando los lleven a las sinagogas y ante los jueces y autoridades, no se preocupen de cómo se van a defender o qué van a decir, porque el Espíritu Santo les enseñará en aquel momento lo que convenga decir.”

El pecado contra el Espíritu Santo implica la negación de su acción poderosa en el pasado, desde la creación, la revelación, la encarnación, etc…; en el presente, si negamos que él nos alienta y auxilia para no flaquear; y en el futuro,  si nos cerramos a la providencia. Pidámosle a Dios que nos invada completamente y que siempre sea él, el primer lugar al que acudamos por refugio y consuelo.

(P. JLSS)

VIERNES – SEMANA XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO


Fiesta de San Lucas, Evangelista.
(2Tim 4, 9-17 / Sal 144 / Lc 10, 1-9)

Hoy celebramos a san Lucas, compañero de Pablo y escritor sagrado, a él debemos su Evangelio y el libro de los Hechos del Evangelio, podríamos decir que en él se cumplen las palabras: “Yo los he elegido del mundo, dice el Señor, para que vayan y den fruto y su fruto permanezca.”

Lucas no proviene del judaísmo, sino de la gentilidad (cf. Col 4, 10-11), esto puede ayudarnos para no dejarnos distraer por ningún pretexto o prejuicio y reconocer que Dios no hace distinción, todos nos tenemos la posibilidad de dar fruto, abandonándonos a su amor y a su gracia.

Cuando se trata de dar testimonio de nuestra fe, no se debe prestar tanta importancia a las cualidades o limitaciones personales, a lo que se debe estar atento es a la confianza que Dios deposita en nosotros. La mies es mucha los obreros pocos, debemos orar al Señor que envíe operarios a su mies.

¿Qué cosa te está pidiendo Dios en estos momentos? ¿Dónde te está costando más trabajo dar testimonio? Pídele al Espíritu Santo que te auxilie, no pienses tanto en ti, sino en Dios que te hará capaz para llevar adelante la misión encomendada y hagámosle caso al Señor “Pónganse en camino; yo los envió como corderos en medio de lobos. No lleven ni dinero, ni morral, ni sandalias y no se detengan a saludar a nadie por el camino.”

(P. JLSS)

JUEVES – SEMANA XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO


(Rm 3, 21-30 / Sal 129/ Lc 11, 47-54)

Agradezcámosle a nuestro Padre su amor y misericordia, reconozcámosle como dice el salmista: “Si conservaras el recuerdo de las culpas, ¿quién habría, Señor, que se salvara? Pero de ti procede el perdón, por eso con amor te veneramos.” Debemos permitir que su amor nos mueva más que el mero cumplimento exterior.

Continuamos escuchando en el Evangelio, cómo Jesús sigue exhortando a los fariseos y a los escribas (también a nosotros) a vivir nuestra fe desde la convicción y no a quererla demostrar solamente por medio de actividades externas, un cumplir por cumplir.

“Por medio de la fe en Jesucristo, la actividad salvadora de Dios llega, sin distinción alguna, a todos los que creen en él.” Se trata de dejarnos impulsar por esta fuerza, no por coacción… Dios nos enseña “lo que es su actividad salvadora: perdona los pecados cometidos anteriormente, que soportó con tanta paciencia, y nos da a conocer, en el tiempo actual, que él es el justo que salva a todos los que creen en Cristo Jesús.”

Pidámosle a Dios nuestro Padre que su amor nos impulse a ser mejores siempre, que la esperanza en el Hijo nos aliente, y que la fuerza del Espíritu Santo purifique nuestras intenciones para regirnos siempre por la inmensa fuerza del amor.

(P. JLSS)

MIÉRCOLES – SEMANA XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO


(Rm 2, 1-11 / Sal 61 / Lc 11, 41-46)

El Evangelio que hemos escuchado me ha recordado una de las frases más bellas de las Sagradas Escrituras: “para ser libres nos ha liberado Cristo” (Gal 5, 1), con ella San Pablo les llama la atención a los Cristianos que querían hacerse unos “judiitos”, queriendo resumir su fe a cuestiones externas.

En el Evangelio notamos que el reclamo que hace el Señor a los fariseos es, olvidarse de la justicia y del amor de Dios; a los escribas, por su parte, les reprocha abrumar a la gente con cargas insoportables que ellos ni con el dedo las tocarían… tu manera de vivir la fe ¿se fundamenta en el amor que Dios te tiene o se sintetiza solamente en prácticas externas?

Quien fundamenta su fe en el amor de Dios, reconoce que Dios le ama no por perfecto sino porque él ha decidido hacerlo, por tanto, es menos duro para juzgar los errores de los otros, porque sabe que aún en medio de ellos son amados por Dios y llamados a la salvación igual que uno. “No tienes disculpa tú, quienquiera que seas, que te constituyes en juez de los demás, pues al condenarlos, te condenas a ti mismo, ya que tú haces las mismas cosas que condenas; y ya sabemos que Dios condena justamente a los que hacen tales cosas.”

Envueltos en la misericordia de Dios, llenos de gratitud por su amor y por su gracia, pidámosle que nos permita reconocer la grandeza de su amor, que nos dé también la humildad para reconocer que el otro también se merece ser amado. Que nunca se nos olvide que no debe juzgar quién no quiera ser juzgado y que con la vara que midamos seremos medidos (cf. Mt 7, 1-5)

(P. JLSS)

LUNES – SEMANA XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO


(Rm 1, 1-7 / Sal 97 / Lc 11, 29-32)

¿Que tanto valoras tu redención? ¿Estás agradecido con Jesucristo por tu salvación? Ayer escuchamos en el Evangelio que el Señor curó a diez leprosos pero que sólo uno de regresó agradecido a dar gloria a Dios. ¿De cuál grupo habríamos sido nosotros?

No endurezcamos nuestro corazón, dejemos que el poder de la palabra de Dios nos transforme, que el Evangelio sea nuestra fuerza y que sepamos recurrir a Él cada que lo necesitemos, que no busquemos “señales” para creer en Dios, que reconozcamos a Jesús como nuestra fuerza y mayor señal de ser amados por Dios.

Bellos son los deseos de San Pablo para los romanos “a todos ustedes… a quienes Dios ama y ha llamado a formar parte de su pueblo santo, les deseo la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo, el Señor.” Quien se ha encontrado con Jesús debe reconocerse amado y procurar vivir en paz.

Pidámosle a Dios que fortalezca nuestra fe y acreciente nuestra esperanza, para nunca vivir como desamparados, que tengamos presente todo lo que Dios ya ha realizado por nosotros y que permitamos, por el inmenso amor que el Señor nos ha manifestado en la Cruz nos convirtamos, para vivir como hijos amados que somos.

(P. JLSS)

DOMINGO XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO


(2Re 5, 14-17 / Sal 97 / 2Tim 2, 8-13 / Lc 17, 11-19)

¿Que tan agradecido eres? Cicerón decía que “la gratitud no es sólo la más grande de todas las virtudes, sino la madre de todas las demás”; y es verdad, porque la persona que no sabe agradecer jamás valorará nada que los demás hagan por él, cree que todo se merece.

En la primera lectura se nos ha mostrado la actitud de Naamán con Elíseo tras ser curado de la lepra, no cabía del gozo, hasta tierra se lleva para hacer un altar a Dios y jura no volver a adorar ningún otro Dios; en el Evangelio vemos a otros que eran curados que no lo valoraron, sólo uno lo hizo.

Todos nosotros confesamos que, en Jesucristo, Dios nos ha mostrado su amor y su lealtad, que “el Señor ha dado a conocer su victoria y ha revelado a las naciones su justicia.” ¿Qué tan agradecido eres con Dios? ¿Eres como el Samaritano o cómo los otros nueve que no dieron gracias jamás?

Quien deja de ser agradecido, deja de esperar. Gocemos la misericordia de Dios, recordemos “Si morimos con él, viviremos con él; si nos mantenemos firmes, reinaremos con él; si lo negamos, él también nos negará; si le somos infieles, él permanece fiel, porque no puede contradecirse a sí mismo.” Él permanece fiel ¿tú qué tanto? Agradezcamos a Dios su bondad, nunca hay que acostumbrarse al amor…

(P. JLSS)

SÁBADO – SEMANA XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO


(Jl 4, 12-21 / Sal 96 / Lc 11, 27-28)

¿Escucho la palabra de Dios o sólo la oigo? ¿Procuro cumplir lo que se me enseña? Llama mucho la atención la respuesta que Jesús da a la mujer que, muy al modo oriental, bendice a su madre por traerlo al mundo: “Dichosos todavía más los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica.”

Esta respuesta de Jesús, como siempre, va más allá, aprovecha la ocasión para enseñar que si bien es cierto, hay mucha grandeza en la maternidad natural, la hay más en quien escucha la palabra y la ponen en práctica, porque esto te hace ingresar al reino de Dios y todo lo que esto conlleva.

Una vez más en la palabra, se nos invita a luchar por reconocer la voz de Dios en medio de tanto ruido, a no dejarnos distraer y estar atentos, porque Dios a su momento nos responderá, necesitamos estar atentos. No olvidar que “el Señor protege a su pueblo, auxilia a los hijos de Israel…”

Pidámosle a Dios que nos dé la capacidad de guardar silencio y reconocer su voz cuando llegue, no dejarnos distraer por nada, pongamos nuestro corazón en Dios y permitámosle que lo invada completamente, para que nuestro mayor gozo sea saber que pertenecemos a su reino y sentirnos dichosos de ello.

(P. JLSS)

VIERNES – SEMANA XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO


(Jl 1, 13-15; 2, 1-2 / Sal 9 / Lc 11, 15-26)

¿En quién tienes puesta tu confianza? Si es en Dios, debes aguardar su ayuda pacientemente, porque si desesperas fácilmente quizás pongas tu confianza en otras cosas. “Todo reino dividido por luchas internas va a la ruina y se derrumba casa por casa.”

Debemos pedirle al Señor que acreciente nuestra confianza en él, pero también que no permita que caigamos en falsos sentimientos triunfalistas que nos hagan bajar la guardia y no estar atentos a aquellas situaciones que pongan en peligro nuestra vida espiritual.

Porque, como dijo el Señor, así como “cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros; pero si otro más fuerte lo asalta y lo vence, entonces le quita las armas en que confiaba y después dispone de sus bienes.” Así pasa cuando descuidamos la vida espiritual.

Cuando se avecine a nosotros el sufrimiento o la tristeza, no podemos olvidar que contamos con Dios, a él solamente debemos recurrir, aunque todo pareciese ir en nuestra contra debemos dejar que nos atraiga hacia Dios el poder del Crucificado, a él ni matándolo lo vencieron, y él es nuestro protector.

(P. JLSS)

JUEVES – SEMANA XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO


(Mal 3, 13-20a / Sal 1 / Lc 11, 5-13)

Repitámonos varias veces en este día quien confía en el Señor, quien no se guía por mundanos criterios, “Es como un árbol plantado junto atrio, que da fruto a su tiempo y nunca se marchita. En todo tendrá éxito.” ¿Que tanta paciencia tienes para aguardar la respuesta del Señor?

En la primera lectura se nos presenta una de las primeras tentaciones que llegamos a experimentar todos los que deseamos perseverar en el camino de Dios, algo similar a lo que se reprocha al pueblo haber dicho, “¿Qué hemos ganado con guardar sus mandamientos o con hacer penitencia ante el Señor de los ejércitos? Más bien tenemos que felicitar a los soberbios, pues hacen el mal y prosperan, provocan a Dios y escapan sin castigo’”

¿Te has cuestionado algo similar? Quien tiene su fe puesta en Dios y ha reconocido la misericordia y el amor de Dios manifestado en Jesucristo, jamás puede creer que Dios le dejara desamparado, sabe por fe que el Señor lo auxiliará tarde que temprano. No se desanima y persevera.

Por ello es obediente con la voz del Señor: “pidan y se les dará, busquen y encontrarán, toquen y se les abrirá. Porque quien pide, recibe; quien busca, encuentra y al que toca, se le abre.” Y deja atrás todos sus prejuicios y se abandona al amor del Padre, porque reconoce que si nosotros que somos malos sabemos dar cosas buenas a los nuestros, cuánta mas lo hará Dios con quien se lo pida…

(P. JLSS)

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