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SÁBADO – SEMANA II DEL TIEMPO ORDINARIO


Fiesta de la Conversión de San Pablo
(Hch 9, 1-22 / Sal 116 / Mc 16, 15-18)

Hoy celebramos la conversión de San Pablo en la cual podemos reconocer que Dios no se deja impresionar por apariencias sino por el corazón de las personas. No se guía por lo que digan los demás, sino por lo que somos nosotros ¿aceptas en libertad el amo de Dios o desconfías?

Para Ananías, bautizar a San Pablo, era casi una traición para su pueblo, Saulo les perseguía, y ante las dificultades que él miraba, Jesús le dice: “No importa. Tú ve allá, porque yo lo he escogido como instrumento, para que me dé a conocer a las naciones, a los reyes y a los hijos de Israel. Yo le mostraré cuánto tendrá que padecer por mi causa.”

Saulo, por su parte, reconoce estar persiguiendo a Jesús y a su Iglesia. Tras su conversión no descanso de anunciar a Jesucristo. Primero se da el encuentro con Cristo, después hay un tiempo bello de mutuo conocimiento y después la misión. Tanto Ananías como Pablo tuvieron que creer más en las palabras de Jesús, que en sus prejuicios personales.

Hoy terminamos la semana de oración por la unidad de los Cristianos pidámosle a nuestro Señor reconocer el papel que tenemos dentro de la Iglesia, ser protagonistas en ella y reconocer que las palabras de Jesús “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura. El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer, será condenado.” También son para nosotros, sólo debemos confiar más en él que en nuestras limitaciones.

(P. JLSS)

VIERNES – SEMANA II DEL TIEMPO ORDINARIO


(1Sm 24, 3-21 / Sal 56 / Mc 3, 13-19)

Esta semana hemos escuchado la historia de David, quien fue elegido por Dios para ser el rey de Israel tras la desobediencia del Saúl (después de la batalla contra los amalecitas); entre los hijos de Jesé, según la lógica humana, el menos indicado parecería ser David, pero Dios mira los corazones y no se guía por apariencias.

Después, en la batalla de David contra Goliat, aprendimos que confiando en Dios podemos vencer cualquier obstáculo que sea; ayer, escuchamos que, cuando Jonatán avisa a David de los riesgos que corría porque querían matarle, éste último sabe escuchar al amigo y ponerse a salvo.

Hoy hemos escuchado otra cualidad que debemos tener quienes confiamos en Dios, la serenidad, David tiene la oportunidad de vengarse y matar a quien le perseguía para matarle y no lo hace. Hasta Saúl se lo reconoce “¿Qué hombre, que encuentra a su enemigo, le permite seguir su camino en paz? Que el Señor te recompense por lo que hoy has hecho conmigo.”

Pidámosle a nuestro Padre jamás olvidar que él “reconcilió al mundo consigo, por medio de Cristo, y a nosotros nos confió el mensaje de la reconciliación”. Que ha cada uno de nosotros nos llama por nuestro nombre y que confía en nosotros, él sabe de lo que somos capaces. No actuemos nunca por miedo, que el Espíritu Santo nos conceda la Serenidad necesaria para no andar por la vida reaccionando…

(P. JLSS)

JUEVES – SEMANA II DEL TIEMPO ORDINARIO


(1Sm 18, 6-9; 19, 1-7 / Sal 55 / Mc 3, 7-12)

Nuestra confianza en Dios se debe fundamentar en lo que escuchamos como aclamación antes del Evangelio: “Jesucristo, nuestro Salvador, ha vencido la muerte y ha hecho resplandecer la vida por medio del Evangelio.” Contamos con alguien a nuestro lado, que ni la muerte lo puede vencer.

Quien tiene su confianza en Dios no quedará defraudado, quien es auténtico en su caminar al lado del Señor tiene la certeza del salmista, “yo sé bien que el Señor está conmigo; por eso en Dios, cuya promesa alabo, sin temor me confío. ¿Qué hombre ha de poder causarme daño?”

David se enfrentó con muchas cosas en su contra, sin embargo, Dios siempre puso los medios para que no le pasara nada. Vemos en la primera lectura que David es ayudados por su amigo para no ser asesinado ¿qué tan atentos estamos para aprovechar todos los medios por los que Dios quiere ayudarnos?

Pidámosle a Dios nuestro Padre que acreciente nuestra confianza en él, para que sea a Él, a quien acudamos siempre que tengamos necesidad como miramos que lo hacían las personas en el Evangelio. Que fortalezca nuestra esperanza para nunca desalentarnos y abra nuestras mentes para saber reconocer los medios por los cuales responde a nuestras oraciones (por medio de la familia, amigos, desconocidos, etc…)
(P. JLSS)

MIÉRCOLES – SEMANA II DEL TIEMPO ORDINARIO


(1Sm 17, 32-33. 37. 40-51 / Sal 143 / Mc 3, 1-6)

Ayer escuchamos la elección de David, en ella reconocemos que Dios no juzga como juzga el hombre, “El hombre se fija en las apariencias, pero el Señor se fija en los corazones”. Recordándonos que no debemos buscar tanto en nosotros la razón de nuestra salvación, sino en la misericordia de nuestro Padre.

Tanto en la primera lectura, como en el Evangelio, podemos reconocer en acto la misericordia de Dios; en la primera lectura, David derrota a Goliat porque confía más en Dios que en el miedo, aún cuando todo parecía ilógico y en contra, él confía más en las promesas del Señor.

En el Evangelio, por su parte, Jesús enseña que la lógica humana muchas veces es excluyente y cerrada, en comparación con la de aquellos que se dejan mover por el Espíritu Santo ¿qué es mayor una norma humana o una divina? “¿Qué es lo que está permitido hacer en sábado, el bien o el mal? ¿Se le puede salvar la vida a un hombre en sábado o hay que dejarlo morir?”.

Se nos dice además que Jesús mira con ira y tristeza a aquellos que aún siendo confrontados por él y dándose cuenta de lo que deberían cambiar prefieren mantenerse en sus costumbres. Pidámosle a Dios que nos libre de la corrupción, de hacer las paces con el pecado, estemos atentos a ello. Que nuestros buenos modales no oculten nunca malas acciones.

(P. JLSS)

MARTES – SEMANA II DEL TIEMPO ORDINARIO


(1Sm 16, 1-13 / Sal 88 / Mc 2, 23-28)

En la historia de la elección de David podemos vernos reflejados cada uno de nosotros, en su elección no se encuentra mucha “lógica”, humanamente hablando, elige a David, no por perfecto sino por su disposición y apertura de corazón.

Incluso le dice a Samuel: “No te dejes impresionar por su aspecto ni por su gran estatura, pues yo lo he descartado, porque yo no juzgo como juzga el hombre. El hombre se fija en las apariencias, pero el Señor se fija en los corazones”. Dios sabe de lo que somos capaces ¿por qué desconfiar de aquello en lo que Dios confía?

Jesús en el Evangelio, reprende a aquellos que creen que es por sus acciones que estarán más o menos cerca de él, “El sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado. Y el Hijo del hombre también es dueño del sábado.” No se trata de acercarnos a Dios, sino de aceptar su cercanía… lo cercano que ha querido estar de nosotros.

Pidámosle a Dios que nos dé la gracia de reconocer su misericordia, elegidos por puro amor, porque para él lo valemos, “Que el Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine nuestras mentes, para que podamos comprender cuál es la esperanza que nos da su llamamiento.”

(P. JLSS)

LUNES – SEMANA II DEL TIEMPO ORDINARIO


(1Sm 15, 16-23 / Sal 49 / Mc 2, 18-22)

Ayer domingo meditamos acerca de la necesidad que tenemos de ser conscientes de todo lo que implica estar bautizados, la firmeza que debe traer esto a nuestras vidas y el compromiso que esto implica, ya que “la Palabra de Dios es viva y eficaz y descubre los pensamientos e intenciones del corazón.”

¿Qué tan obediente soy a lo que él Señor me pide? ¿Soy dócil a su gracia o he caído ya en falsas autosuficiencias? Saúl se olvidó de lo que Dios había obrado en él, de la misericordia de Dios y comenzó a confiar más en su corona; por ello Samuel le reprocha: “¿Crees tú que al Señor le agradan más los holocaustos y los sacrificios que la obediencia a sus palabras? La obediencia vale más que el sacrificio, y la docilidad, más que la grasa de los carneros.”

Si en el Antiguo Testamento, Dios tomaba en cuenta la correspondencia a su amor, quienes se han encontrado con Jesucristo deben manifestar con su vida los frutos de la gracia, a saber: paz, tranquilidad, serenidad, libertad, novedad… “Quien las gracias me da, ése me honra y yo salvaré al que cumple mi voluntad.”

“Nadie le pone un parche de tela nueva a un vestido viejo, porque el remiendo encoge y rompe la tela vieja y se hace peor la rotura. Nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque el vino rompe los odres, se perdería el vino y se echarían a perder los odres. A vino nuevo, odres nuevos.” Pidámosle a Dios que, por la fuerza del Espíritu Santo, renueve nuestras vidas, que éstas sean iluminadas por su luz, para poder recibir el evangelio tranquilamente, confiados en Dios y en su infinita misericordia. No en nuestras falsas coronas.

(P. JLSS)

DOMINGO II DEL TIEMPO ORDINARIO


(Is 49, 3. 5-6) / Sal 39 / 1Cor 1, 1-3 / Jn 1, 29-34)

La semana pasada recordábamos la grandeza de nuestro bautismo, por medio de ese sacramento fuimos injertados en Cristo, podemos decir que las palabras de Juan: “Éste es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo.” Hoy son un recordatorio para nosotros.

Por nuestro bautismo, cada uno de nosotros podemos acudir al Señor confiados, pues “aquel que es la Palabra se hizo hombre y habitó entre nosotros. A todos los que lo recibieron les concedió poder llegar a ser hijos de Dios.” Lo cual quiere decir que se nos debe notar que somos sus hijos, que le pertenecemos.

En Jesús se cumplen las palabras de Isaías: “Es poco que seas mi siervo sólo para restablecer a las tribus de Jacob y reunir a los sobrevivientes de Israel; te voy a convertir en luz de las naciones, para que mi salvación llegue hasta los últimos rincones de la tierra.” ¿Qué tanto te dejas iluminar por él? ¿Buscas en él la claridad para todo lo que oscurece tu vida?

Pidámosle a Dios que se cumplan en nosotros los deseos de San Pablo: “les deseo la gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y de Cristo Jesús, el Señor.” Muchos de nuestros problemas y situaciones difíciles terminarían si nos abandonáramos a su gracia y vendría su paz.

(P. JLSS)

SÁBADO – SEMANA I DEL TIEMPO ORDINARIO


(1Sm 1-4. 10. 17-19; 10, 1) / Sal 20 / Mc 2, 13-17)

Todos en algún momento de nuestra vida nos deberíamos preguntar frente a Dios: ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él? (Cf.Sal 8, 4), cuando vienen a mi mente interrogantes semejantes, la respuesta que más tranquiliza mi mente es «Porque se te dio la gana», y es que toda obra de amor primero se acepta, después se comprende.

¿Por qué eligió Dios a Saúl? Sólo él sabe, lo que si se sabe es que Saúl respondió a la misión que Dios le daba. ¿Tienes claro qué es lo que Dios te está pidiendo en estos momentos? ¿Estás dispuesto a responderle aunque eso implique soltar viejas seguridades?

Leví (Mateo) confió más en lo que Dios pensaba de él que en los prejuicios que pudieran haber de él, nos dice el Evangelio Al pasar, vio a Leví (Mateo), el hijo de Alfeo, sentado en el banco de los impuestos, y le dijo: “Sígueme”. El se levantó y lo siguió.” Y lo recibió en su casa, le dejó involucrarse completamente.

Pidamos a Dios nuestro Padre, que nos dé la capacidad de aceptar su voluntad antes de querer comprenderle. Que él sea nuestra fortaleza, que nunca busquemos ponerla en algo antes que en él. Abandonémonos a la novedad de su amor.

(P. JLSS)

VIERNES – SEMANA I DEL TIEMPO ORDINARIO


(1Sm 8, 4-7. 10-22 / Sal 88 / Mc 2, 1-12)

Cada uno de nosotros estamos llamados a acercarnos a Jesús reconociendo su amor , su gracia, su autoridad y su poder, antes que cualquier otra cosa. Nosotros decimos que Jesucristo es nuestro Señor ¿Qué significa eso para ti? ¿le reconoces como propietario, maestro, tutor…?

Creer que Dios es nuestro rey, implica el reconocimiento de todo la obra que ha realizado entre nosotros, toda la historia de la Salvación, desde la creación, su revelación por medio de los profetas, el cumplimiento de todas las profecías en Jesucristo (su pasión, muerte y resurrección), con el envío del Espíritu Santo… etc. de allí, es más sencillo el reconocimiento de su autoridad.

Una vez reconocida la autoridad del Señor y la grandeza de todos sus dones, se le pedirá con confianza lo que se necesita. Si no se le conoce, pareciera que se le pide “como para ponerle a prueba”, dudando que lo pueda hacer, los personajes del Evangelio no dudaron para nada del Señor, fueron capaces hasta bajar al enfermo por el techo ¿cuando le pides algo a Dios, lo haces confiando plenamente en él?

Los israelitas tras la incomprensión de la realidad, o la falta de confianza en la providencia, le piden a Samuel un rey, pusieron su confianza más en las estructuras sociales que en el poder de Dios. Debemos tener cuidado de que no nos pase igual. Pidámosle al Señor que nos conceda mayor confianza en Él y su poder, que fortalezca nuestra fe, que procuremos cada día conocerle más para no terminar postrados ante nada insignificante por miedo.

(P. JLSS)

JUEVES – SEMANA I DEL TIEMPO ORDINARIO


(1Sm 4, 1-11 / Sal 43 / Mc 1, 40-45)

¿De qué manera te acercas al Señor, le consideras tu salvador y redentor o sólo te acercas a él como si fuese sólo un taumaturgo, un milagrero? Si bien es cierto que Jesús predicaba la buena nueva del reino y curaba a la gente de toda enfermedad, él no quería ser reconocido sólo por eso.

Quien se acerca a Dios, como si fuese un cofre de dónde puedo sacar todo lo que necesito únicamente, se está equivocando. ¿Cómo podría reconocer la obra de Dios quien ni siquiera se ha dado la tarea de conocerle? Quienes creemos en Jesucristo somos testigos de que el amor y la generosidad de Dios supera por mucho nuestras expectativas.

No podemos actuar como los israelitas en la primera lectura, que fueron casi ilógicos por su pensamiento triunfalista, ya habían sido derrotados en la batalla y cuando llega el arca confiaron en ella como si de algo mágico se tratara y como era de esperarse, fueron derrotados por los filisteos.

Debemos pedirle a Dios, nuestro Señor, que acreciente en nosotros el poder de su amor y de su gracia, que no sea para nosotros sólo algo a lo que podemos acudir cuando tenemos problemas, sino como quien es en realidad, alguien que se ha querido involucrar con nosotros hasta lo más intimo, sólo así, siendo conscientes de lo que somos para él, sabremos que es aquello que realmente necesitamos.

(P. JLSS)

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