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VIERNES DE LA SEMANA XVII DEL TIEMPO ORDINARIO

(Jr 26, 1-9 / Sal 68 / Lc 10, 38-42)

Hoy conmemoramos a santa Marta aquella mujer que recibió al Señor en su casa, hermana de Lázaro y María. Es quien se desvive por atender al Señor y quien ante las cosas incomprensibles siempre acude al Señor directamente.

Martha es sincera con Cristo siempre, se atreve a reclamarle ante la muerte de su hermano “si hubieras estado aquí…” y también, como cuenta el pasaje que leímos hoy del Evangelio, le reclama porque su hermana no le ayuda a atenderle, ella no sólo reclama sino que también acepta la respuesta de Cristo.

¿Cuántas veces nos ha pasado igual que a ella a nosotros, que en el momento en que nos deberíamos dedicar a escuchar a Jesús queremos estar haciendo y haciendo cosas? A Jesús hasta le ha de disgustar que caigamos en el mero activismo y que nos olvidemos de buscarle a Él en la sencillez de nuestra vida diaria.

Cuando el profeta Jeremías recuerda el templo de Siló, fue para recordar que el seguimiento y culto a Dios no depende de una gran labor o de una gran obra, sino de existencias transformadas por el amor de Dios. El templo por más magnifico que llego a ser fue reducido a polvo en Siló por la infidelidad del pueblo.

Dios nos conceda docilidad como la de Marta para hacer siempre un sano equilibrio entre la oración y la acción, escuchando siempre el consejo de Cristo.

(P. JLSS)

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