Contacta con nosotros

Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2018

«Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría» (Mt 24,12)

Queridos hermanos y hermanas:

Una vez más nos sale al encuentro la Pascua del Señor. Para prepararnos a recibirla, la Providencia de Dios nos ofrece cada año la Cuaresma, «signo sacramental de nuestra conversión», que anuncia y realiza la posibilidad de volver al Señor con todo el corazón y con toda la vida. Como todos los años, con este mensaje deseo ayudar a toda la Iglesia a vivir con gozo y con verdad este tiempo de gracia; y lo hago inspirándome en una expresión de Jesús en el Evangelio de Mateo: «Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría» (24,12). Esta frase se encuentra en el discurso que habla del fin de los tiempos y que está ambientado en Jerusalén, en el Monte de los Olivos, precisamente allí donde tendrá comienzo la pasión del Señor. Jesús, respondiendo a una pregunta de sus discípulos, anuncia una gran tribulación y describe la situación en la que podría encontrarse la comunidad de los fieles: frente a acontecimientos dolorosos, algunos falsos profetas engañarán a mucha gente hasta amenazar con apagar la caridad en los corazones, que es el centro de todo el Evangelio.

Los falsos profetas

Escuchemos este pasaje y preguntémonos: ¿qué formas asumen los falsos profetas?

Son como «encantadores de serpientes», o sea, se aprovechan de las emociones humanas para esclavizar a las personas y llevarlas adonde ellos quieren. Cuántos hijos de Dios se dejan fascinar por las lisonjas de un placer momentáneo, al que se le confunde con la felicidad. Cuántos hombres y mujeres viven como encantados por la ilusión del dinero, que los hace en realidad esclavos del lucro o de intereses mezquinos. Cuántos viven pensando que se bastan a sí mismos y caen presa de la soledad.

Otros falsos profetas son esos «charlatanes» que ofrecen soluciones sencillas e inmediatas para los sufrimientos, remedios que sin embargo resultan ser completamente inútiles: cuántos son los jóvenes a los que se les ofrece el falso remedio de la droga, de unas relaciones de «usar y tirar», de ganancias fáciles pero deshonestas. Cuántos se dejan cautivar por una vida completamente virtual, en que las relaciones parecen más sencillas y rápidas pero que después resultan dramáticamente sin sentido. Estos estafadores no sólo ofrecen cosas sin valor sino que quitan lo más valioso, como la dignidad, la libertad y la capacidad de amar. Es el engaño de la vanidad, que nos lleva a pavonearnos… haciéndonos caer en el ridículo; y el ridículo no tiene vuelta atrás. No es una sorpresa: desde siempre el demonio, que es «mentiroso y padre de la mentira» (Jn 8,44), presenta el mal como bien y lo falso como verdadero, para confundir el corazón del hombre. Cada uno de nosotros, por tanto, está llamado a discernir y a examinar en su corazón si se siente amenazado por las mentiras de estos falsos profetas. Tenemos que aprender a no quedarnos en un nivel inmediato, superficial, sino a reconocer qué cosas son las que dejan en nuestro interior una huella buena y más duradera, porque vienen de Dios y ciertamente sirven para nuestro bien.

Un corazón frío

Dante Alighieri, en su descripción del infierno, se imagina al diablo sentado en un trono de hielo; su morada es el hielo del amor extinguido. Preguntémonos entonces: ¿cómo se enfría en nosotros la caridad? ¿Cuáles son las señales que nos indican que el amor corre el riesgo de apagarse en nosotros?

Lo que apaga la caridad es ante todo la avidez por el dinero, «raíz de todos los males» (1 Tm 6,10); a esta le sigue el rechazo de Dios y, por tanto, el no querer buscar consuelo en él, prefiriendo quedarnos con nuestra desolación antes que sentirnos confortados por su Palabra y sus Sacramentos. Todo esto se transforma en violencia que se dirige contra aquellos que consideramos una amenaza para nuestras «certezas»: el niño por nacer, el anciano enfermo, el huésped de paso, el extranjero, así como el prójimo que no corresponde a nuestras expectativas.

También la creación es un testigo silencioso de este enfriamiento de la caridad: la tierra está envenenada a causa de los desechos arrojados por negligencia e interés; los mares, también contaminados, tienen que recubrir por desgracia los restos de tantos náufragos de las migraciones forzadas; los cielos —que en el designio de Dios cantan su gloria— se ven surcados por máquinas que hacen llover instrumentos de muerte.

El amor se enfría también en nuestras comunidades: en la Exhortación apostólica Evangelii gaudium traté de describir las señales más evidentes de esta falta de amor. estas son: la acedia egoísta, el pesimismo estéril, la tentación de aislarse y de entablar continuas guerras fratricidas, la mentalidad mundana que induce a ocuparse sólo de lo aparente, disminuyendo de este modo el entusiasmo misionero.

¿Qué podemos hacer?

Si vemos dentro de nosotros y a nuestro alrededor los signos que antes he descrito, la Iglesia, nuestra madre y maestra, además de la medicina a veces amarga de la verdad, nos ofrece en este tiempo de Cuaresma el dulce remedio de la oración, la limosna y el ayuno.

El hecho de dedicar más tiempo a la oración hace que nuestro corazón descubra las mentiras secretas con las cuales nos engañamos a nosotros mismos, para buscar finalmente el consuelo en Dios. Él es nuestro Padre y desea para nosotros la vida.

El ejercicio de la limosna nos libera de la avidez y nos ayuda a descubrir que el otro es mi hermano: nunca lo que tengo es sólo mío. Cuánto desearía que la limosna se convirtiera para todos en un auténtico estilo de vida. Al igual que, como cristianos, me gustaría que siguiésemos el ejemplo de los Apóstoles y viésemos en la posibilidad de compartir nuestros bienes con los demás un testimonio concreto de la comunión que vivimos en la Iglesia. A este propósito hago mía la exhortación de san Pablo, cuando invitaba a los corintios a participar en la colecta para la comunidad de Jerusalén: «Os conviene» (2 Co 8,10). Esto vale especialmente en Cuaresma, un tiempo en el que muchos organismos realizan colectas en favor de iglesias y poblaciones que pasan por dificultades. Y cuánto querría que también en nuestras relaciones cotidianas, ante cada hermano que nos pide ayuda, pensáramos que se trata de una llamada de la divina Providencia: cada limosna es una ocasión para participar en la Providencia de Dios hacia sus hijos; y si él hoy se sirve de mí para ayudar a un hermano, ¿no va a proveer también mañana a mis necesidades, él, que no se deja ganar por nadie en generosidad?

El ayuno, por último, debilita nuestra violencia, nos desarma, y constituye una importante ocasión para crecer. Por una parte, nos permite experimentar lo que sienten aquellos que carecen de lo indispensable y conocen el aguijón del hambre; por otra, expresa la condición de nuestro espíritu, hambriento de bondad y sediento de la vida de Dios. El ayuno nos despierta, nos hace estar más atentos a Dios y al prójimo, inflama nuestra voluntad de obedecer a Dios, que es el único que sacia nuestra hambre.

Querría que mi voz traspasara las fronteras de la Iglesia Católica, para que llegara a todos ustedes, hombres y mujeres de buena voluntad, dispuestos a escuchar a Dios. Si se sienten afligidos como nosotros, porque en el mundo se extiende la iniquidad, si les preocupa la frialdad que paraliza el corazón y las obras, si ven que se debilita el sentido de una misma humanidad, únanse a nosotros para invocar juntos a Dios, para ayunar juntos y entregar juntos lo que podamos como ayuda para nuestros hermanos

El fuego de la Pascua

Invito especialmente a los miembros de la Iglesia a emprender con celo el camino de la Cuaresma, sostenidos por la limosna, el ayuno y la oración. Si en muchos corazones a veces da la impresión de que la caridad se ha apagado, en el corazón de Dios no se apaga. Él siempre nos da una nueva oportunidad para que podamos empezar a amar de nuevo.

Una ocasión propicia será la iniciativa «24 horas para el Señor», que este año nos invita nuevamente a celebrar el Sacramento de la Reconciliación en un contexto de adoración eucarística. En el 2018 tendrá lugar el viernes 9 y el sábado 10 de marzo, inspirándose en las palabras del Salmo 130,4: «De ti procede el perdón». En cada diócesis, al menos una iglesia permanecerá abierta durante 24 horas seguidas, para permitir la oración de adoración y la confesión sacramental.

En la noche de Pascua reviviremos el sugestivo rito de encender el cirio pascual: la luz que proviene del «fuego nuevo» poco a poco disipará la oscuridad e iluminará la asamblea litúrgica. «Que la luz de Cristo, resucitado y glorioso, disipe las tinieblas de nuestro corazón y de nuestro espíritu», para que todos podamos vivir la misma experiencia de los discípulos de Emaús: después de escuchar la Palabra del Señor y de alimentarnos con el Pan eucarístico nuestro corazón volverá a arder de fe, esperanza y caridad.

Los bendigo de todo corazón y rezo por ustedes. No se olviden de rezar por mí.

Vaticano, 1 de noviembre de 2017 Solemnidad de Todos los Santos

FRANCISCO

Misa Crismal 2017

Mexicali, B.C. 10 abril 2017.

    Con motivo de la Semana Santa se llevara a cabo la celebración de la Misa Crismal en la Catedral de Nuestra Señora de Guadalupe el martes 11 de abril a las 6:00pm donde participaran todas las comunidades parroquiales.

    La Misa Crismal se llama a la celebración del Obispo con todos los presbíteros y diáconos; es una de las principales manifestaciones de la plenitud sacerdotal del Obispo.

   En la cual se realiza la renovación la consagración del crisma, bendición de los oleos (enfermos y catecúmenos) y la renovación de las promesas sacerdotales.

   En el marco de los 50 años de la Diócesis, motivamos e invitamos a todos a participar de esta solemne Eucaristía y al mismo tiempo a que oren y feliciten a los Sacerdotes de su comunidad en esta misión que Dios le ha encomendado.

   Así mismo concientizamos a vivir de una manera activa el Triduo Pascual en las celebraciones litúrgicas en sus comunidades, iniciando con el Jueves Santo en la Solemne Eucaristía de la Ultima Cena, el Viernes Santo participando en el Viacrucis, las 7 Palabras y la celebración de este día más importante es la Pasión del Señor, donde no se celebra Misa, pero se reflexiona y se comulga; el Sábado es la Vigilia Pascual que es el centro y culmen de nuestra fe.

   El salario del pecado es la muerte; pero el don de Dios es la vida eterna, unidos a Cristo Jesús, Señor nuestro. (Rm. 6,23).

Encuentro con las familias, Papa Francisco

fc3ef26df2ccdec6d92b2b9a0bae2a62

Además de la visita a la Basílica de Guadalupe, un momento muy significativo será el Encuentro del Papa con las familias en Tuxtla Gutiérrez. El propio Pontífice ha destacado que el “sueño” de Dios para todos es que formemos parte de una familia. La Iglesia es el hogar en el que se conforma, a través de la fe, una gran familia que se hace presente en las iglesias particulares, llamadas diócesis, confiadas a la guía de un Obispo, principio y fundamento visible de la unidad en esa Iglesia particular en comunión con el Papa, quien, como sucesor de Pedro, es principio y fundamento perpetuo y visible de la unidad de la Iglesia universal.

El Santo Padre, reconociendo de forma realista que no hay familia perfecta, ha hecho notar sin embargo que la familia no es el problema sino la solución. Con esta convicción, en Tuxtla Gutiérrez escuchará el testimonio de familias que viven diversas situaciones: una familia formada por papá, mamá e hijos; una familia conformada por una madre soltera; una familia cuyos progenitores sufrieron un fracaso matrimonial y ahora viven una nueva unión; y una familia con un hijo adolescente que padece distrofia muscular. Por su parte, el Papa ofrecerá un mensaje que alentará a todas las familias a salir adelante unidas a Dios y dando cada uno lo mejor de si para construir día a día una mejor familia, procurando ser misericordiosos como el Padre.

Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2015

«Fortalezcan sus corazones» (St 5,8)

Queridos hermanos y hermanas:

La Cuaresma es un tiempo de renovación para la Iglesia, para las comunidades y para cada creyente. Pero sobre todo es un «tiempo de gracia» (2 Co 6,2). Dios no nos pide nada que no nos haya dado antes: «Nosotros amemos a Dios porque él nos amó primero» (1 Jn 4,19). Él no es indiferente a nosotros. Está interesado en cada uno de nosotros, nos conoce por nuestro nombre, nos cuida y nos busca cuando lo dejamos.

Cada uno de nosotros le interesa; su amor le impide ser indiferente a lo que nos sucede. Pero ocurre que cuando estamos bien y nos sentimos a gusto, nos olvidamos de los demás (algo que Dios Padre no hace jamás), no nos interesan sus problemas, ni sus sufrimientos, ni las injusticias que padecen… Entonces nuestro corazón cae en la indiferencia: yo estoy relativamente bien y a gusto, y me olvido de quienes no están bien. Esta actitud egoísta, de indiferencia, ha alcanzado hoy una dimensión mundial, hasta tal punto que podemos hablar de una globalización de la indiferencia. Se trata de un malestar que tenemos que afrontar como cristianos.

Cuando el pueblo de Dios se convierte a su amor, encuentra las respuestas a las preguntas que la historia le plantea continuamente. Uno de los desafíos más urgentes sobre los que quiero detenerme en este Mensaje es el de la globalización de la indiferencia.

La indiferencia hacia el prójimo y hacia Dios es una tentación real también para los cristianos. Por eso, necesitamos oír en cada Cuaresma el grito de los profetas que levantan su voz y nos despiertan.

Dios no es indiferente al mundo, sino que lo ama hasta el punto de dar a su Hijo por la salvación de cada hombre. En la encarnación, en la vida terrena, en la muerte y resurrección del Hijo de Dios, se abre definitivamente la puerta entre Dios y el hombre, entre el cielo y la tierra.

Y la Iglesia es como la mano que tiene abierta esta puerta mediante la proclamación de la Palabra, la celebración de los sacramentos, el testimonio de la fe que actúa por la caridad (cf. Ga 5,6). Sin embargo, el mundo tiende a cerrarse en sí mismo y a cerrar la puerta a través de la cual Dios entra en el mundo y el mundo en Él. Así, la mano, que es la Iglesia, nunca debe sorprenderse si es rechazada, aplastada o herida.

El pueblo de Dios, por tanto, tiene necesidad de renovación, para no ser indiferente y para no cerrarse en sí mismo. Querría proponerles tres pasajes para meditar acerca de esta renovación.

1. «Si un miembro sufre, todos sufren con él» (1 Co 12,26) – La Iglesia

La caridad de Dios que rompe esa cerrazón mortal en sí mismos de la indiferencia, nos la ofrece la Iglesia con sus enseñanzas y, sobre todo, con su testimonio. Sin embargo, sólo se puede testimoniar lo que antes se ha experimentado. El cristiano es aquel que permite que Dios lo revista de su bondad y misericordia, que lo revista de Cristo, para llegar a ser como Él, siervo de Dios y de los hombres.

Nos lo recuerda la liturgia del Jueves Santo con el rito del lavatorio de los pies. Pedro no quería que Jesús le lavase los pies, pero después entendió que Jesús no quería ser sólo un ejemplo de cómo debemos lavarnos los pies unos a otros. Este servicio sólo lo puede hacer quien antes se ha dejado lavar los pies por Cristo. Sólo éstos tienen “parte” con Él (Jn 13,8) y así pueden servir al hombre.

La Cuaresma es un tiempo propicio para dejarnos servir por Cristo y así llegar a ser como Él. Esto sucede cuando escuchamos la Palabra de Dios y cuando recibimos los sacramentos, en particular la Eucaristía. En ella nos convertimos en lo que recibimos: el cuerpo de Cristo. En él no hay lugar para la indiferencia, que tan a menudo parece tener tanto poder en nuestros corazones. Quien es de Cristo pertenece a un solo cuerpo y en Él no se es indiferente hacia los demás. «Si un miembro sufre, todos sufren con él; y si un miembro es honrado, todos se alegran con él» (1 Co 12,26).

La Iglesia es communio sanctorum porque en ella participan los santos, pero a su vez porque es comunión de cosas santas: el amor de Dios que se nos reveló en Cristo y todos sus dones. Entre éstos está también la respuesta de cuantos se dejan tocar por ese amor. En esta comunión de los santos y en esta participación en las cosas santas, nadie posee sólo para sí mismo, sino que lo que tiene es para todos.

Y puesto que estamos unidos en Dios, podemos hacer algo también por quienes están lejos, por aquellos a quienes nunca podríamos llegar sólo con nuestras fuerzas, porque con ellos y por ellos rezamos a Dios para que todos nos abramos a su obra de salvación.

2. «¿Dónde está tu hermano?» (Gn 4,9) – Las parroquias y las comunidades

Lo que hemos dicho para la Iglesia universal es necesario traducirlo en la vida de las parroquias y comunidades. En estas realidades eclesiales ¿se tiene la experiencia de que formamos parte de un solo cuerpo? ¿Un cuerpo que recibe y comparte lo que Dios quiere donar? ¿Un cuerpo que conoce a sus miembros más débiles, pobres y pequeños, y se hace cargo de ellos? ¿O nos refugiamos en un amor universal que se compromete con los que están lejos en el mundo, pero olvida al Lázaro sentado delante de su propia puerta cerrada? (cf. Lc 16,19-31).

Para recibir y hacer fructificar plenamente lo que Dios nos da es preciso superar los confines de la Iglesia visible en dos direcciones.

En primer lugar, uniéndonos a la Iglesia del cielo en la oración. Cuando la Iglesia terrenal ora, se instaura una comunión de servicio y de bien mutuos que llega ante Dios. Junto con los santos, que encontraron su plenitud en Dios, formamos parte de la comunión en la cual el amor vence la indiferencia.

La Iglesia del cielo no es triunfante porque ha dado la espalda a los sufrimientos del mundo y goza en solitario. Los santos ya contemplan y gozan, gracias a que, con la muerte y la resurrección de Jesús, vencieron definitivamente la indiferencia, la dureza de corazón y el odio. Hasta que esta victoria del amor no inunde todo el mundo, los santos caminan con nosotros, todavía peregrinos. Santa Teresa de Lisieux, doctora de la Iglesia, escribía convencida de que la alegría en el cielo por la victoria del amor crucificado no es plena mientras haya un solo hombre en la tierra que sufra y gima: «Cuento mucho con no permanecer inactiva en el cielo, mi deseo es seguir trabajando para la Iglesia y para las almas» (Carta 254,14 julio 1897).

También nosotros participamos de los méritos y de la alegría de los santos, así como ellos participan de nuestra lucha y nuestro deseo de paz y reconciliación. Su alegría por la victoria de Cristo resucitado es para nosotros motivo de fuerza para superar tantas formas de indiferencia y de dureza de corazón.

Por otra parte, toda comunidad cristiana está llamada a cruzar el umbral que la pone en relación con la sociedad que la rodea, con los pobres y los alejados. La Iglesia por naturaleza es misionera, no debe quedarse replegada en sí misma, sino que es enviada a todos los hombres.

Esta misión es el testimonio paciente de Aquel que quiere llevar toda la realidad y cada hombre al Padre. La misión es lo que el amor no puede callar. La Iglesia sigue a Jesucristo por el camino que la lleva a cada hombre, hasta los confines de la tierra (cf. Hch 1,8). Así podemos ver en nuestro prójimo al hermano y a la hermana por quienes Cristo murió y resucitó. Lo que hemos recibido, lo hemos recibido también para ellos. E, igualmente, lo que estos hermanos poseen es un don para la Iglesia y para toda la humanidad.

Queridos hermanos y hermanas, cuánto deseo que los lugares en los que se manifiesta la Iglesia, en particular nuestras parroquias y nuestras comunidades, lleguen a ser islas de misericordia en medio del mar de la indiferencia.

3. «Fortalezcan sus corazones» (St 5,8) – La persona creyente

También como individuos tenemos la tentación de la indiferencia. Estamos saturados de noticias e imágenes tremendas que nos narran el sufrimiento humano y, al mismo tiempo, sentimos toda nuestra incapacidad para intervenir. ¿Qué podemos hacer para no dejarnos absorber por esta espiral de horror y de impotencia?

En primer lugar, podemos orar en la comunión de la Iglesia terrenal y celestial. No olvidemos la fuerza de la oración de tantas personas. La iniciativa 24 horas para el Señor, que deseo que se celebre en toda la Iglesia —también a nivel diocesano—, en los días 13 y 14 de marzo, es expresión de esta necesidad de la oración.

En segundo lugar, podemos ayudar con gestos de caridad, llegando tanto a las personas cercanas como a las lejanas, gracias a los numerosos organismos de caridad de la Iglesia. La Cuaresma es un tiempo propicio para mostrar interés por el otro, con un signo concreto, aunque sea pequeño, de nuestra participación en la misma humanidad.

Y, en tercer lugar, el sufrimiento del otro constituye un llamado a la conversión, porque la necesidad del hermano me recuerda la fragilidad de mi vida, mi dependencia de Dios y de los hermanos. Si pedimos humildemente la gracia de Dios y aceptamos los límites de nuestras posibilidades, confiaremos en las infinitas posibilidades que nos reserva el amor de Dios. Y podremos resistir a la tentación diabólica que nos hace creer que nosotros solos podemos salvar al mundo y a nosotros mismos.

Para superar la indiferencia y nuestras pretensiones de omnipotencia, quiero pedir a todos que este tiempo de Cuaresma se viva como un camino de formación del corazón, como dijo Benedicto XVI (Ct. enc. Deus caritas est, 31).

Tener un corazón misericordioso no significa tener un corazón débil. Quien desea ser misericordioso necesita un corazón fuerte, firme, cerrado al tentador, pero abierto a Dios. Un corazón que se deje impregnar por el Espíritu y guiar por los caminos del amor que nos llevan a los hermanos y hermanas. En definitiva, un corazón pobre, que conoce sus propias pobrezas y lo da todo por el otro.

Por esto, queridos hermanos y hermanas, deseo orar con ustedes a Cristo en esta Cuaresma: “Fac cor nostrum secundum Cor tuum”: “Haz nuestro corazón semejante al tuyo” (Súplica de las Letanías al Sagrado Corazón de Jesús). De ese modo tendremos un corazón fuerte y misericordioso, vigilante y generoso, que no se deje encerrar en sí mismo y no caiga en el vértigo de la globalización de la indiferencia.

Con este deseo, aseguro mi oración para que todo creyente y toda comunidad eclesial recorra provechosamente el itinerario cuaresmal, y les pido que recen por mí. Que el Señor los bendiga y la Virgen los guarde.

Vaticano, 4 de octubre de 2014

Fiesta de san Francisco de Asís

FRANCISCUS PP.

FUENTE: aciprensa.com 

Regalo del Papa Francisco: Sitio web del Vaticano ahora también en árabe

VATICANO, 28 May. 14 / 01:13 pm (ACI).- Los fieles católicos de lengua árabe pueden ahora acceder a las informaciones y recursos de la Santa Sede gracias a la iniciativa del Papa Francisco de estrenar el sitio web del Vaticano en este idioma, hablado por la gran mayoría de la población de Medio Oriente y del norte de África.

El sitio en árabe funciona desde el pasado 24 de mayo, día en que el Pontífice inició su peregrinación por Tierra Santa.

Según informó la Santa Sede, el sitio incluye su versión para móviles, el widget, y la aplicación vatican.va para Android y Apple, y para móviles y tabletas. Se informó que poco a poco se irán añadiendo las traducciones disponibles en el sitio.

El sitio web del Vaticano en árabe puede verse en: http://w2.vatican.va/content/vatican/ar.html

Papa Francisco pide a seminaristas no caer en una ideologización de la Iglesia

VATICANO, 13 May. 14 / 03:02 pm (ACI).- Los rectores y estudiantes de los colegios pontificios e internados de Roma (Italia), recibieron el lunes el llamado del Papa Francisco a no descuidar la formación espiritual, comunitaria y apostólica, pues si bien el estudio es parte importante de la preparación sacerdotal, un “purismo académico” los puede hacer caer en una “hermenéutica de la ideología de la Iglesia” que no hace bien.

Radio Vaticana informó que durante el encuentro realizado en el Aula Pablo VI, el Pontífice señaló que la preparación sacerdotal se sostiene sobre los pilares de la formación espiritual, académica, comunitaria y apostólica.

“Es cierto que aquí en Roma se le da mucha importancia, por eso han sido invitados ustedes, a la formación intelectual; pero los otros tres pilares se deben cultivar, y los cuatro ‘interactuar’ con los demás. Yo no entendería que un sacerdote que venga a estudiar a Roma y que no tenga una vida comunitaria, eso no va, o no cuida la vida espiritual -la Misa diaria, la oración diaria, la lectio divina, la oración personal con el Señor- o la vida apostólica”, indicó el Papa.

En ese sentido, advirtió que “el purismo académico no hace bien”. “El Señor les ha llamado a ser sacerdotes para ser sacerdotes: ésta es la regla fundamental. Y hay otra cosa que quiero destacar: si usted ve sólo el aspecto académico, existe el peligro de caer en la ideología, y esto enferma. Además, enferma la concepción de la Iglesia”.

“Para entender la Iglesia es necesario comprenderla desde el estudio, pero también desde la oración, desde la vida comunitaria y desde la vida apostólica. Cuando resbalamos en una ideología, porque somos ‘macrocefálicos’, por ejemplo, y vamos por ese camino, vamos a tener una hermenéutica no cristiana, una hermenéutica de la ideología de la Iglesia. Y esto es malo, esto es una enfermedad. La hermenéutica de la Iglesia debe ser la misma hermenéutica que nos ofrece la Iglesia, que la Iglesia nos da”, explicó.

Francisco aconsejó a los seminaristas “comprender la Iglesia con ojos de cristiano; entender la Iglesia con el corazón cristiano; entender la actividad de la Iglesia cristiana”. “Es importante destacar el trabajo académico, porque para esto se les ha enviado; pero no olviden los otros tres pilares: la vida espiritual, la vida comunitaria y apostólica”, señaló.

The diocese provides services which exceed the abilities of the parishes, such as formation of future priests and deacons. Through your gift to the Diocesan Development Drive you ensure that the over thirty ministries, programs and services which serve our Catholic community throughout Utah, continue to do so with grace-filled actions.

VATICANO, 06 Abr. 14 / 11:04 am (ACI/EWTN Noticias).- Tras el rezo el Ángelus, el Papa Francisco obsequió a los miles de presentes en la Plaza de San Pedro un “Evangelio de bolsilo” y exhortó a leer siempre la Palabra de Jesús, cada vez más disponible de forma portátil, gracias a las nuevas tecnologías como los teléfonos móviles y las tabletas.

“Y ahora me gustaría hacer un simple gesto para ustedes. En los últimos domingos he sugerido a todos ustedes que se hicieran con un pequeño Evangelio, para llevar uno mismo durante el día para poder leerlo a menudo. Entonces me acordé de la antigua tradición de la Iglesia, durante la Cuaresma, de entregar el Evangelio a los catecúmenos, los que se preparan para el bautismo. Así que hoy quiero darles a ustedes que están en Piazza –pero en un signo para todos- un Evangelio de bolsillo”.

Francisco señaló que este Evangelio “será distribuido de forma gratuita. Hay lugares en la plaza para esta distribución. Yo los veo: allí, allí, allí, allí…. Acérquense a los lugares y tomen el Evangelio ¡Tómenlo, tómelo con usted, y léanlo cada día: ¡es exactamente Jesús el que les habla allí! ¡Es la palabra de Jesús: esta es la Palabra de Jesús!”.

“Y como Él les digo: ¡gratuitamente han recibido, gratuitamente den! ¡Den el mensaje del Evangelio!”.

El Papa dijo que “a lo mejor alguno de ustedes no cree que esto sea gratuito. ‘¿Pero cuando qué? ¿Cuánto debo pagar, Padre?’ Pero hagamos una cosa, a cambio de este regalo, hagan un acto de caridad, un gesto de amor desinteresado, una oración por los enemigos, una reconciliación de alguna cosa”.

“Hoy se puede leer el Evangelio con muchos instrumentos tecnológicos. Se puede llevar la Biblia con uno mismo en un teléfono móvil, una tableta. Lo importante es leer la Palabra de Dios, con todos los medios, pero leer la Palabra de Dios: ¡es Jesús que nos habla allí! es acogerla con el corazón abierto. ¡Entonces la buena semilla da fruto!”.

“¡Les deseo un buen domingo y buen almuerzo! ¡Hasta la vista!”, concluyó.

 

 

El Papa alienta a alcaldes a estar en medio de su pueblo y trabajar por la paz y la unidad

VATICANO, 05 Abr. 14 / 10:42 am (ACI/EWTN Noticias).- Al recibir hoy a la Asociación Nacional de los Ayuntamientos italianos, en la Sala Clementina del Palacio Apostólico del Vaticano, el Papa Francisco alentó a los alcaldes a estar en medio de su pueblo para trabajar por la paz y la unidad, y no ser “intermediarios” que se aprovechen de sus necesidades.

El Santo Padre destacó que con todas las personas que recurren al alcalde, “el alcalde pobre, termina hundido en tantas cosas… Pero este es el trabajo del alcalde, y yo diría su espiritualidad”.

Algunos alcalde, incluso, apuntó el Papa, “después de un día de vuelta a casa con tantas cosas que no han sido resueltas”.

El alcalde, remarcó Francisco, debe estar “en medio de la gente. No se entiende un alcalde que no está allí, porque él es un mediador, un mediador entre las necesidades de las personas”.

“Y el peligro es llegar a ser un alcalde que no es un mediador sino un intermediario. ¿Y cuál es la diferencia? Que el intermediario se aprovecha de las necesidades de las partes y toma una parte para él, como el que tiene un pequeño negocio y uno que da y quita y se lleva de aquí para allá”.

En vez de eso, indicó el Papa, “el mediador es quien paga con su vida por la unidad de su pueblo, por el bienestar de su pueblo, para llevar a cabo las diversas soluciones a las necesidades de su pueblo”.

“Después del tiempo dedicado para ser alcalde, este hombre, esta mujer, termina cansado, cansada, con ganas de descansar por un tiempo, pero con el corazón lleno de amor, porque ha sido el mediador”.

El Papa subrayó este deseo para los alcaldes, “que sean mediadores. En medio de la gente, para hacer la unidad, para hacer la paz, para resolver problemas y también resolver las necesidades de la gente”.

“Pienso en Jesús. No era el alcalde, pero tal vez necesitamos el icono. Pienso en Jesús en un momento de su vida, cuando estaba en la multitud: la multitud que lo estaba presionando al punto – dice el Evangelio – que no pueden casi respirar. Así debe ser el alcalde, con su pueblo, con él, con ella, porque esto significa que la gente , al igual que con Jesús, lo busca porque sabe responder”.

“Les deseo esto. Fatiga, en medio de su pueblo, y que la gente los busque, porque saben que siempre responden bien. ¡Gracias por lo que haces, y recen por mí!”, concluyó.

 

La voz de los Papas”: Histórico audio permite escuchar a los últimos ocho Pontífices de la Iglesia Católica

ROMA, 04 Abr. 14 / 08:02 pm (ACI/EWTN Noticias).- Esta semana en la sede de Radio Vaticana, el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Padre Federico Lombardi, presentó “La voz de los Papas”, un audio extraído del archivo histórico digital de la emisora, en el que se pueden escuchar las voces de los últimos pontífices, desde el Papa Pío XI hasta el Papa Francisco.

En el evento participaron el Cardenal Giovanni Battista Re, Prefecto Emérito de la Congregación para los Obispos; el mayordomo del Papa Juan XXIII, Guido Gusso; el vaticanista Gianfranco Svidercoschi; y el director técnico de Radio Vaticano, Sandro Piervenanzi.

Radio Vaticana emitió durante la conferencia la grabación compuesta por las voces de los Papas.

Se puede escuchar a Pío XI en su primer radiomensaje el 12 de febrero de 1931, Pío XII en su llamado a los gobernantes para evitar la guerra el 24 de agosto de 1939, Juan XXIII durante la apertura del Concilio Vaticano II el 11 de octubre de 1962, Pablo VI en su llamado a las Brigadas Rojas a liberar a Aldo Moro, el primer ministro de Italia, Juan Pablo I durante su primer Ángelus público en 1978, Juan Pablo II (durante la Jornada Mundial de la Juventud de Roma en el año 2000, Benedicto XVI en su despedida de los fieles la noche de conclusión de su pontificado, en Castel Gandolfo, el 28 de febrero de 2013, y del Papa Francisco del 17 de marzo de 2013, durante su primer Ángelus en la Plaza de San Pedro.

“Ha sido algo conmovedor. Me ha hecho muy feliz esta iniciativa de Radio Vaticana, de modo que podamos escuchar sus discursos. Es bonito que estos Papas permanezcan entre nosotros con su voz, aunque los más importante es que estén en nuestros corazones”, explicó el Cardenal Re en declaraciones aACI Prensa al finalizar el encuentro.

Por su parte, Piervenanzi explicó a ACI Prensa, que los sonidos se archivan por mandato de la Santa Sede, ya que la radio en sus estatuto, tiene como deber archivar en formato audio todas las actividades del Sumo Pontífice.

“La grabación más vieja que tenemos fue realizada con un dictáfono, y es del año 1884. Se trataba de un audio del Papa León XIII, y aunque la grabación no estuvo realizada por la Radio Vaticana fue una donación de católicos americanos”, indicó el experto.

Desde el año 1931 Radio Vaticana lleva a cabo un trabajo histórico y documental que perdura hasta nuestros días. Hasta ahora, el archivo audio de la Radio del Papa ha documentado más de 23.000 eventos. Esta documentación se archivaba en más 8.000 cintas antiguas que ya fueron transformadas al formato digital, formando un archivo de más de 37.000 documentos.

Los archivos de Radio Vaticana están abiertos al público de manera limitada. Se puede acceder a éstos certificando su uso para publicaciones históricas o como objeto de estudio. No se descarta que en el futuro, parte del archivo sea publicado a través de Internet.

 

 

Anunciar el Evangelio pese a la persecución y las calumnias, exhorta el Papa Francisco

VATICANO, 04 Abr. 14 / 11:28 am (ACI/EWTN Noticias).- En su habitual homilía de la Misa que presidió este viernes en la capilla de la Casa Santa Marta, el Papa Francisco señaló que cuando una persona decide seguir a Jesús y anunciar el Evangelio, “podemos ser perseguidos”.

Según señala Radio Vaticano, el Papa desarrolló su homilía, empezando por el pasaje del Libro de la Sabiduría, en la primera lectura. Y observó que los enemigos de Jesús tienden trampas, traman “calumnias, le quitan la fama”.

Es “como si prepararan un caldo para destruir al Justo”. Y esto porque se opone a sus acciones, “reprocha los pecados contra la ley”, les echa en cara “la transgresión contra la educación recibida”. A lo largo de la historia de la salvación, observó el Santo Padre, “los profetas fueron perseguidos “, y el mismo Jesús lo dice a los fariseos.

Siempre “en la historia de la salvación, en el tiempo de Israel, incluso en laIglesia -dijo- los profetas fueron perseguidos”. Perseguidos porque los profetas dicen: “¡Ustedes equivocaron el camino! Vuelvan al camino de Dios”. Y esto, observó, “para las personas que tienen el poder de aquel mal camino, no le gusta”.

“El evangelio de hoy es claro, ¿no? Jesús se escondía, en estos últimos días, porque todavía no había llegado su hora; pero Él sabía cual habría sido su fin, cómo sería su fin. Y Jesús es perseguido desde el principio: recordemos cuando al inicio de su predicación regresa a su pueblo, va a la sinagoga y predica; inmediatamente después de una gran admiración inicial, empiezan: ‘¿Pero éste, sabemos de dónde es? ¿Este es uno de los nuestros? ¿Pero con qué autoridad viene a enseñarnos? ¿Dónde estudió?’. ¡Lo descalifican! Es el mismo discurso, ¿no? “¡Pero éste sabemos de dónde es! Cristo, en cambio, cuando vendrá nadie sabrá de dónde es!’ ¡Descalificar al Señor, descalificar al profeta para quitarle la autoridad!”

Lo descalifican, dijo el Papa Francisco, “porque Jesús salía y hacía salir de aquel ambiente religioso cerrado, de aquella jaula”. El profeta, reiteró el Papa, “lucha contra las personas que enjaulan el Espíritu Santo. ¡Y por eso es perseguido: siempre!”. Los profetas “siempre son perseguidos o incomprendidos -afirmó el Pontífice-, abandonados a un lado. ¡No les hacen lugar!”. ¡Esta situación, no acabó con la muerte y resurrección de Jesús, continúa en la Iglesia! “Hostigamiento desde fuera y persecución desde dentro”. Cuando leemos las vidas de los santos, dijo el Santo Padre Francisco: “cuántas incomprensiones, cuántas persecuciones han sufrido los Santos”, “porque eran profetas”.

“También tantos pensadores de la Iglesia fueron perseguidos. Pienso en uno, ahora, en este momento, no lejos de nosotros, un hombre de buena voluntad, un profeta de verdad, que con sus libros reprochaba a la Iglesia de alejarse del camino del Señor. Pronto fue llamado al orden, sus libros puestos en el índice, le quitaron la cátedra y así para este hombre terminó su vida: no hace mucho de esto. ¡Pasó el tiempo y hoy es beato! ¿Pero cómo es que ayer era un hereje y hoy es beato? Porque ‘ayer los que tenían el poder querían silenciarlo, ya que no les gustaba lo que decía. Hoy la Iglesia, que gracias a Dios sabe arrepentirse, dice: ‘¡No, este hombre es bueno!’. Es más, está en el camino de la santidad: es un beato”.

“Todas las personas que el Espíritu Santo escoge para decir la verdad al pueblo de Dios –añadió el Santo Padre– sufren persecución.” Y Jesús “es el modelo, la imagen”. El Señor tomó sobre Él “todas las persecuciones de su pueblo”. Y aún hoy, observó con amargura Francisco, “los cristianos son perseguidos”. “Me atrevo a decir -añadió- que tal vez haya tantos o más mártires ahora que en los orígenes”, “porque a esta sociedad mundana, a esta sociedad demasiado tranquila, que no quiere problemas, le dicen la verdad, le anuncian a Jesucristo”.

“Pero existe la pena de muerte o el encarcelamiento por tener el Evangelio en casa, por enseñar el catecismo, hoy en alguna parte. Me decía un católico de estos países en los que no se puede orar juntos. ¡Está prohibido! Sólo se puede rezar solos o escondidos. Pero ellos quieren celebrar la Eucaristía y ¿cómo pueden hacerlo? Hacen una fiesta de cumpleaños, fingen celebrar el cumpleaños y allí celebran la Eucaristía, antes de la fiesta. ¡Y esto ha sucedido! Cuando ven que llega la policía, rápidamente ocultan todo y ‘Felicidad, felicidad. ¡Feliz cumpleaños! ‘Y prosigue con la fiesta. Luego, cuando se van, terminan la Eucaristía. Así tienen que hacer, ya que está prohibido rezar juntos. ¡Hoy en día!”

Esta historia de persecución, remarca “el camino del Señor, es el camino de los que siguen al Señor. “Pero, al final, termina siempre de nuevo, como el Señor: con una Resurrección, pero ¡pasando por la Cruz!”. Francisco dirigió su pensamiento al jesuita evangelizador de China, el Padre Matteo Ricci, que “no fue comprendido, que no fue entendido. ¡Pero él obedeció como Jesús!” Siempre “¡habrán persecuciones, incomprensiones! Pero Jesús es el Señor, y ese es el desafío y la Cruz de nuestra fe”. Que el Señor, concluyó el Papa, “nos dé la gracia para seguir su camino y, si ocurre, incluso con la cruz de la persecución”.

 

Translate »