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DOMINGO – SOLEMNIDAD DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO

(2S 5, 1-3 / Sal 121 / Col 1,12-20 / Lc 23, 35-43)

Este día celebramos a Jesucristo, Rey del Universo, cuando hablamos de algo como universal significa que comprende a todos sin excepción alguna ¿no es cierto? De allí que fácilmente podamos comprender la alegría inmensa que debe haber en nosotros al recordar que en esa universalidad no hay excepción alguna.

Como escuchamos en la Segunda Lectura debemos dar gracias siempre al Padre, pues ha sido él quién nos ha hecho capaces de participar en la herencia de Su Pueblo Santo, en el Reino de la Luz… “Dios quiso que en Cristo habitara toda plenitud y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas, del cielo y de la tierra, y darles la paz por medio de su sangre, derramada en la cruz”.

Cuando a David es proclamado Rey ya había recibido dos unciones previamente: La religiosa, efectuada por Samuel obedeciendo la orden de Dios (1Sam 16, 13); la otra popular por parte de Judá (2Sam 2, 4); por último el pasaje de hoy donde se acercan a él todas las tribus de Israel y le reconocen, y ellos se reconocen también de su misma sangre.

Con esta escena podemos hacer una analogía con la Realeza de Jesús: él es ungido en Privado el día del Espíritu Santo después, también es proclamado por un pequeño grupo y hoy se nos presenta como Rey universal desde su Cruz ¿Qué tan dispuesto estás para reconocerle como tu rey?

Esto se te hará más fácil si recuerdas que en la Cruz ni las autoridades, ni los soldados, ni un ladrón todos le decían que se salvara para creerle, sólo es uno el que lo hizo, un ladrón dócil a la gracia que fue capaz de reconocer a Dios en su semejante. ¿Qué tanto reconoces a Jesús como alguien cercano a ti? No temas a la jamás a la gracia y cercanía de Cristo.

(P. JLSS)

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