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SÁBADO DE LA SEMANA I DE ADVIENTO

(Is 30, 19-21. 23-26 / Sal 146 / Mt 9, 35 – 10, 1. 6-8)

En el tiempo de Adviento la Iglesia nos invita a recordar que «la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros (Jn 1,14)», demostrando así que nuestro Señor es Juez (él sólo debe juzgar), legislador (de él emanan las normas) y rey (nos debe cuida, defiende y protege) ¿Qué tanto soy consciente de estas características de mi Señor?

A los apóstoles cuando los Jesús los envía a Evangelizar les habla de la pobreza que deben tener como muestra de la confianza en la providencia de Dios, “Gratuitamente han recibido este poder; ejérzanlo, pues, gratuitamente”, pero también a nosotros, este día nos invita a romper con nuestros miedos y a confiar completamente en su providencia.

Sólo nos pide, como escuchamos en la primera lectura, que sigamos su camino sin desviarnos, ni a la derecha, ni a la izquierda; él con su encarnación y redención ya nos ha demostrado como es su amor y como es su cuidado, únicamente necesitamos confiar más y no temer

Sólo abandonándonos al influjo del Espíritu Santo, es que seremos conscientes que aun cuando la vida trajera “el pan de las adversidades y el agua de la congoja”, sabemos que Dios quien nos instruye no se apartará y nuestros ojos lo verán, que lo único que nos de temor sea poner nuestra confianza en otras cosas más que en Dios.

(P. JLSS)

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