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Virgen de Guadalupe: Su amor vence el odio, el egoísmo y la división, dice Cardenal Rivera

MÉXICO D.F., 13 Dic. 13 / 11:43 am (ACI).- Al celebrar la Misa por los 482 años de la Virgen de Guadalupe que se apareció en el Cerro del Tepeyac, el Arzobispo Primado de México, Cardenal Norberto Rivera, señaló que el amor de la Madre de Dios vence el odio, el egoísmo y la división.

En su homilía, el Cardenal recordó que “hoy celebramos que Ella realizara, en aquel frío invierno de 1531, una verdadera y profunda inculturación del Evangelio que continúa moviendo los corazones más allá de espacios y tiempos”.

“Esta inculturación la realiza en el ser humano, tomando en cuenta todo lo que le integran. Ella armoniza la fe y la razón. En el Acontecimiento Guadalupano se da la perfecta inculturación en la armonía de la fe y la razón”.

El Cardenal Rivera dijo luego que el 12 de diciembre “celebramos que Dios se ha apiadado de nosotros y ha manifestado su amor misericordioso por medio de la mirada compasiva de su propia Madre y, así, el Dueño del cielo y de la tierra ha venido a nuestro encuentro para darnos la gracia de la salvación”.

“El humilde macehual fue elegido como su mensajero digno y amado, lleno de toda su confianza, para pedir al obispo la construcción de este hogar, de esta ‘casita sagrada’, ‘hogar del Dios omnipotente’ en donde ahora nos encontramos todos, disponiendo nuestros corazones para construir juntos la Civilización del Amor de Dios, centrada en la Eucaristía”.

Por eso, señaló el Arzobispo, “Ella es la fuente y causa de nuestra alegría, Ella es la Madre del Amor. Ella que se ha hecho de nuestra sangre y de nuestro color. Ella que ha tomado nuestra identidad y nuestra raíz, nos confirma que nuestra dignidad radica en haber sido creados a imagen y semejanza de Dios, el Dueño de la vida“.

“Este es el fundamento de nuestra felicidad: somos hijos de Dios, simplemente porque nos ama. Este amor todo lo puede, es un amor que vence al odio y al egoísmo, un amor que derrumba todo muro de división y nos da la fuerza de construir juntos el hogar de Dios en cada corazón”.

Tras señalar que todos debemos velar por los más necesitados e indefensos, el Purpurado recordó que “en nuestro Continente y, de manera especial, en nuestro país, en nuestro pueblo, estamos ante tremendos retos que nos deben de inspirar y motivar, e impulsar para poner todo lo que esté de nuestra parte, para hacer una realidad este encuentro pleno del amor de Dios”.

“Este es el momento de las grandes oportunidades para demostrar nuestra fe, para disponer un corazón humilde y, así, la fuerza del amor de Dios se manifieste. Por ello recordamos las palabras de nuestra Madre: ‘No tengas miedo, ¿Acaso no estoy yo aquí que tengo el honor y la dicha de ser tu madre?’”.

El Cardenal afirmó además: “Madre nuestra, estamos de fiesta, hoy te celebramos morenita nuestra, niña nuestra, la más consentida y amada. Hoy nos hemos vestido de fiesta con tus estrellas, pues tú eres nuestra guía por el camino de la vida. Hoy estamos de fiesta pues tú eres nuestra protección y resguardo. Hoy estamos de fiesta pues tú eres la fuente de nuestra alegría”.

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