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LUNES – FIESTA DE SAN MATÍAS, APÓSTOL

(Hch 1, 15-17. 20-26 / Sal 112 / Jn 15, 9-17)

El Señor siempre está a atento a nuestras necesidades, siempre al pendiente de cada uno de nosotros. También es cierto que él nos ha capacitado con la fuerza del Espíritu Santo y con su gracia para que no temamos obedecerle aun cuando lo que nos pida sea algo completamente nuevo.

Hoy celebramos a san Matías, un apóstol que fue asociado al grupo de los doce como testigo de la resurrección de Jesús, como escuchamos en la primera lectura, fue de los que los acompañaron mientras convivió con ellos el Señor Jesús, desde que Juan bautizaba hasta el día de la ascensión. Matías era fiel en el seguimiento de Jesús sin puesto protagónico y por su fidelidad “lo puso el Señor entre los jefes de su pueblo”.

“Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecen en mi amor… Les he dicho esto para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea plena.
Este es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado.” Eso únicamente se nos pide, permanecer en el amor y amar, así estaremos siempre dispuestos a encontrar nuevos lugares donde amar.

Si tu vida se ha vuelto monótona pídele al Señor que te renueve, solamente él que conoce los corazones de todos nos puede indicar por el mejor camino con la fuerza de su gracia, no temamos lo nuevo, Cristo nos ha elegido a cada uno de nosotros, para que siendo fieles en lo poco, demos fruto y que este fruto permanezca.

(P. JLSS)

Meditación del Evangelio, lunes 25 enero. CONVERSIÓN DE SAN PABLO, APÓSTOL

(Hch 9, 1-22 / Sal 116, 1.2. / Mc 16, 15-18)

Celebramos este día la conversión del apóstol San Pablo, él era un hombre que amaba la verdad. Como judío, de su época, convencido perseguía aquello que creía contrario a la verdad: el cristianismo.

Es hasta el momento en que Aquel que es la Verdad le confronta diciéndole: “¿Por qué me persigues?” cuando san Pablo se cuestiona sobre su forma de actuar, se da cuenta que estaba ciego.

Otra figura interesante este día es la de Ananías, al cual se le encarga el bautismo de san Pablo, él pensando con lógica humana cuestiona a Dios sobre el bautismo que le encarga ya que conocía la fama de Pablo, y el Señor le reprende y lo vuelve a enviar.

¿Tenemos la docilidad de San Pablo y la de Ananías? Al encontrarnos con la verdad: ¿somos capaces de dar un giro nuevo en nuestra forma de pensar y abandonarnos a la certeza de que el Señor en su Voluntad permite las cosas siempre por algo?

Dios nos conceda tener docilidad, igual que San Pablo, para abandonarnos a la verdad de que el amor de Dios es grande y su fidelidad eterna para que, impulsados por este amor vayamos por el mundo dando fruto.

Y si el amor de Cristo es lo que está sembrado en nuestros corazones, el fruto que salga de nuestras obras siempre será de amor, y éste fruto permanecerá.

(JLSS)

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