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MIÉRCOLES DE LA SEMANA XII DEL TIEMPO ORDINARIO

(2 R 22, 8-13; 23,1-3 / Sal 118 / Mt 7, 15-20)

Jilquías, fue un Sumo Sacerdote encargado de la purificación del templo de Israel, durante la reforma religiosa y política que promueve el rey Josías, y mientras realizan las obras de renovación del templo es cuando descubre el manuscrito perdido (el libro de la Ley).

Es hasta que el rey escucha lo que dice la Palabra de Dios sobre él y su futuro que reconocer que no ha sido fiel a la Palabra y que esta infidelidad traerá consecuencias. Se arrepiente y renueva la alianza con Dios “comprometiéndose a seguir al Señor y a cumplir sus preceptos, normas y mandatos, con todo el corazón y toda el alma, y a poner en vigor las palabras de esta alianza”.

¿Qué tan comprometidos estamos con la Alianza que Dios ha hecho con nosotros de amarnos siempre? ¿Le somos correspondientes? Pidámosle a Dios que sea él quien nos guíe hacia sí y no permita que nos distraigamos en las cuestiones secundarias.

Es hora de renovar nosotros también la Alianza de permanecer siempre en él, en su amor. Porque si dejamos que sea su amor lo que fecunde nuestro corazón, eso será lo que repartiremos a quien nos rodea, pues será el amor de Dios quien produzca nuestros frutos.

¿Reconocen por tus frutos a una persona que se sabe amada por Dios?

(P. JLSS)

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