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NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA

(Is 49, 1-6 / Sal 138 / Hch 13, 22-26 / Lc 1, 57-66. 80)

Este día se nos invita a reflexionar acerca de cuánto anuncio la llegada de Jesús, qué tanto hago posible que él se haga presente en mi derredor. ¿Qué tanto soy precursor de mi Señor Jesucristo con aquellos con los que convivo diario?

Por lo general en la Iglesia se celebra normalmente la fiesta de los santos el día de su nacimiento a la vida eterna, es decir, el día de su muerte. Pero en el caso de San Juan Bautista, se hace una excepción y se celebra el día de su nacimiento seis meses antes del nacimiento de Cristo (Cf. Lc 1, 36).

Ya que san Juan el Bautista anunció con valentía a Jesús siempre, desde el vientre de su madre inclusive, basta recordar cuando la Virgen María, ya embarazada de Jesús, visita a su prima Isabel y ante su llegada salta de gozo anunciándole a su propia madre la llegada del Mesías.

Juan también nos enseña a no creernos mesías, de absolutamente nadie, el reconoce ser sólo el que anunciaba la llegada de quien es el realmente importante; es fiel a su misión hasta la muerte.

Se vienen a mi memoria unos versos de Monseñor Romero, para reforzar nuestra perseverancia en el anuncio Cristiano: “Quizá nunca veremos los resultados finales. Pero ahí está la diferencia entre el maestro de obras y el albañil. Somos albañiles, no maestros de obra, ministros, pero no Mesías. Somos los profetas de un futuro que no es el nuestro.” Dios nos conceda a todos nosotros ser valientes para anunciar a Jesús siempre.

(P. JLSS)

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